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Lunes, 18 Mayo 2020 09:44

El Museo Antropológico escondido en el corazón de la Facultad Humanidades

Institucionalmente el Museo Regional de Antropología es una sección del Instituto de Historia de la Facultad de Humanidades y está vinculado a la Cátedra de Antropología de esa unidad académica. Actualmente la profesora Graciela Guarino es su directora.

Tomando hacia la derecha a pocos metros de atravesar el ingreso de la Facultad de Humanidades de la UNNE, tras una puerta como tantas otras hay en ese pasillo interminable, se abre un espacio que desde 1979 cobija piezas y colecciones de gran importancia histórica y cultural de la región.
Con muy poca señalética identificatoria, que lo hace pasar desapercibido, allí funciona el Museo Regional de Antropología “Juan Alfredo Martinet”. Sus vitrinas y anaqueles dejan a la vista de sus visitantes unas 300 piezas y colecciones recuperadas en las campañas que los investigadores de la institución realizaron al sitio del km 75, donde se erigió la primer y única ciudad colonial en la región del Chaco a fines del siglo XVI, conocida como Concepción del Bermejo.
Institucionalmente el Museo Regional de Antropología es una sección del Instituto de Historia de la Facultad de Humanidades y está vinculado a la Cátedra de Antropología de esa unidad académica. Actualmente la profesora Graciela Guarino es su directora.
El museo continúa enriqueciéndose con las piezas extraídas en los trabajos de campo al sitio del Km75. Los últimas se realizaron entre el 2005 y el 2008, y los fragmentos de vasijas recuperados en esas campañas conforman un conjunto interesante de cerámica indígena exhibida en la sala del Museo.
Los materiales recogidos son sometidos –previa a su exposición- a un protocolo que es cumplido a pesar de no contar con suficiente personal. El proceso es el siguiente: luego de ser depositados en el Instituto de Historia, se los limpia, clasifica, se los registra para finalmente ser expuestos o guardados en el depósito del Museo.
“Solo las piezas más representativas son exhibidas, el resto guarda y están allí para consultas de investigadores, docentes y alumnos”, explicó la profesora Guarino.
El objeto de mayor valor antropológico que hoy posee el museo es una vasija o cántaro que perteneció a la colección Martinet, y fue encontrada en el sitio colonial de Concepción del Bermejo cuando se estaba trazando la Ruta 9. Es la única pieza entera y en muy buen estado que se extrajo del yacimiento, cuya forma y decoración la convierte en un claro exponente del contacto cultural hispano-indígena. Presenta una simbología, con pintura bicolor blanca sobre fondo rojo, de motivos naturalistas. Corazones con adornos florales, o atravesados por flechas y puñales, acompañan escenas de caza de ciervos.
Otros materiales arqueológicos están constituidos por la denominada cerámica local, aquella confeccionada por los indígenas, de uso utilitario, doméstico, como recipientes, ollas, contenedores para el agua, pipas para fumar tabaco modeladas en arcilla.

Valor patrimonial. Este centro antropológico de características particulares es poco conocido más allá de los actores académicos que lo utilizan cotidianamente.
A pesar de esta baja visibilidad, la función de extensión que lleva adelante el Museo se cumple de manera prolífica. Con la ayuda de becarios, se realizan visitas guiadas a alumnos de colegios secundarios e inclusive de jardín de infantes. Estos recorridos son pautados con anticipación.
Hay además expectativa en un proyecto que está siendo llevado adelante por un equipo de profesionales del área de educación inicial, quienes se encuentran trabajando con madres cuidadoras de la comunidad Qom. Para su cometido, el Museo puso a disposición todo el material del que dispone.
Junto al aporte bibliográfico que brinda la biblioteca del Instituto de Historia, el Museo “Juan Alfredo Martinet” es un centro académico de características particulares: es universitario, porque nace en el seno de una institución de educación superior, en base a colecciones que se logran por investigaciones que organiza y ejecuta la UNNE. Es regional, porque abarca la región del Gran Chaco, entendido no sólo como espacio geográfico sino también como espacio sociohistórico. Es antropológico, por especificación del área de estudio e incumbencia.
En este sentido, la región del Chaco traspasa las fronteras de la nación y va más allá de los límites jurídicos establecidos. La perspectiva regional favorece la idea de trabajar sobre la historicidad de un espacio, los diferentes procesos que le dieron origen, cuáles fueron las claves de su desarrollo y sus transformaciones.

Datos fundacionales. Como resultado de las investigaciones arqueológicas realizadas en el sitio del Km 75 en la provincia del Chaco, los materiales recolectados eran depositados en el Instituto de Historia, para su estudio, preservación y posterior exhibición.
Con el tiempo, estos materiales fueron ocupando un espacio significativo, que derivó en la creación del Museo.
Al crearse el Instituto de Historia en el año 1969, pasó a depender del mismo. Una vez organizado en secciones, con sus objetivos, funciones, personal y actividades diseñadas, el museo se creó oficialmente en septiembre de 1979 con el nombre de Juan Alfredo Martinet, en reconocimiento al pionero de la arqueología del Chaco y descubridor de las “ruinas” de la ciudad colonial de Concepción del Bermejo (1585-1632) identificada con el sitio del Km.75.
Está organizado en dos secciones: Arqueología Histórica, que reúne los vestigios extraídos del yacimiento y la sección de Etnografía que posee, agrupa y expone los objetos de la vida cotidiana utilizados por las comunidades que habitan la región del Gran Chaco, los Toba-Qom, Moqoit, Mataco-Wichi, y los Chiriguanó Chané (como representantes afiliados lingüísticamente a los guaraníes). De esta forma se pueden encontrar bolsas tejidas en fibra de chaguar de diferente tamaño y función utilizadas por las mujeres para la recolección de los frutos del monte. cestería de las comunidades. Los Toba-qom, fueron los típicos cesteros, y los objetos representativos son la clásica estera; el abanico para apantallar el fuego; pequeños juguetes. La materia prima utilizada suele ser la hoja de palma y la totora.