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Sábado, 23 Mayo 2020 16:50

El lado B de las capacitaciones: la importancia de adoptar metodologías que contemplen los intereses de los cursantes

En tiempos en los que las capacitaciones presenciales mutaron 100% a plataformas virtuales, es fundamental conocer cómo aprendemos, qué factores intervienen cuando nos capacitamos, qué nos motiva –y también qué no- para seguir aprendiendo. Ante estos cambios y cuestionamientos, la docente de la Carrera en Relaciones Laborales de la UNNE, Rosa Quintana sostiene que resulta necesario atender –desde la docencia- no sólo los contenidos teóricos, sino también los sentimientos y las sensaciones de los cursantes para diseñar una metodología exitosa.

Con los repentinos cambios que devinieron de la mano de la pandemia por el Coronavirus, la licenciada en Relaciones Laborales de la UNNE, Rosa Quintana, se vio junto a sus colegas de la cátedra “Capacitación y Desarrollo de Recursos Humanos”, ante la necesidad de repensar no sólo su cátedra universitaria sino también sus clases presenciales, y a su vez, encontrar la forma más atractiva de adaptarlas al modo online.
Ésta situación planteó para la docente la disyuntiva de cómo hacer para no replicar el “formato presencial” en el formato virtual y a su vez, el poder utilizar este tema como un disparador más para profundizar en el análisis de lo efectivas –o no- que resultan las metodologías utilizadas por los docentes en los cursos que se dictan en la actualidad.
“Mi planteo apuntó a analizar por qué, algunas de las capacitaciones que se dictan hoy en día resultan obsoletas, no adecuadas al contexto actual de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación), aburridas y hasta inútiles”, explica Quintana. Es que más allá de adquirir conocimientos nuevos, actualizarse y capacitarse para mejorar o posicionarse mejor en los espacios laborales, debemos – los docentes- tomar en cuenta qué es lo que siente y necesita incorporar la persona que busca capacitarse, y no centrarnos solamente en lo que recibe en cuanto a contenidos”, destacó la relacionista laboral.
Desde su formación, la docente universitaria pone como centro de escena a las necesidades y sentimientos de los cursantes de las capacitaciones y cursos, donde los temas a desarrollar y la teoría son parte fundamental de la planificación metodológica “pero también se debe tener muy presente a la hora de planificar y elaborar una capacitación, al otro –el que se capacita- como sujeto”.

Miniencuesta
Desde su cátedra “Capacitación y Desarrollo de Recursos Humanos” del 2do año de la licenciatura en Relaciones Laborales de la UNNE, Quintana – que es Auxiliar 1ra. de esa materia- mantiene siempre activa su pasión por el estudio del vínculo que une a las personas con el trabajo. La docente en su inquietud, decidió entonces profundizar el estudio de su último tema de interés y lo hizo relevando información a través de una “mini” encuesta abierta realizada a sus contactos profesionales de diferentes disciplinas, docentes y no docentes universitarios. “Particularmente me saco las ganas de investigar preparando pequeñas preguntas que comparto con mis contactos a los que estimo y les pueda interesar la temática; les pido que me respondan y argumenten y luego me valgo de sus discursos utilizándolos en mis posteos como devolución”, explicó Quintana.
Su curiosidad por indagar cuál era el punto que llevaba a una persona a realizar un curso y qué lo mantenía atraído para continuar haciéndolo, llevó a la profesional a plantear 3 preguntas básicas para elaborar su análisis posterior:
-¿Recuerdan alguna capacitación que les haya impactado favorablemente y por qué?
-¿Qué es lo que esperan cada vez que realizan una capacitación?
-¿Alguna metodología novedosa en algún curso que hayan tomado?

El lado A y el lado B de las capacitaciones
La docente universitaria explica que siempre hay un lado A y un lado B en el dictado de un curso online. “El lado A hace referencia a la preparación de un proyecto de capacitación y todo lo que esto involucra; por ejemplo, la redacción del objetivo, cuál es la necesidad educativa concreta por cubrir, quiénes van a dictar y asistir a esa capacitación, el fin instrumental –la utilidad- del mismo, las evaluaciones y sus formas, la metodología (donde se incluye las TIC a utilizar y la pedagogía) … todo esto se incluye en el lado A, sin olvidar, por supuesto, la forma de reunir recursos, la definición de horarios y la asignación de presupuesto”.
“Sin este lado A ordenado –sostiene la licenciada Quintana- no se puede encarar ninguna capacitación”.
Sin embargo, también existe un lado B en las capacitaciones y es aquel que vincula al docente con el asistente al curso “y este no es un tema menor” subraya Rosa Quintana.
“Cuando capacitamos, debemos tener muy presente a la hora de planificar este lado B, es decir, es necesario preguntarse no solamente qué brindamos en cuanto a contenidos, sino también qué siente y necesita la persona que se está capacitando; debemos –los docentes- involucrarnos con ellos, conocer y tener en cuenta sus necesidades fisiológicas (horarios de alimentación y descanso, entre otras) y emotivas (conocer su realidad y la forma en que utilizará lo aprendido a su trabajo, profesión, cotidianeidad, etc.)


“Es que a la capacitación no va solo mi cerebro sino que va todo mi ser: cuerpo, mente y psiquis, y son tan exigentes, que si primero
no los complazco,
mi aprendizaje -y por ende el aprovechamiento- va a ser mediocre o nulo, es decir: no termino el curso”


Cambiar la concepción de los “cursos útiles”
A la pregunta ¿qué motiva o atrae a la gente para continuar capacitándose en un curso? la licenciada Quintana concluyó -tras analizar las respuestas obtenidas en su “mini” encuesta abierta- que las personas se sienten atraídas por cuestiones vinculadas al feed-back con el docente en clases; con poder recrear lo que se aprende durante el dictado y con que los nuevos conocimientos adquiridos sirvan para la vida personal y profesional a la vez.
“Tiene que cambiar la concepción de lo que son los cursos útiles –enfatiza la docente universitaria- con esto quiero decir que, si no amerita y no es necesario, las capacitaciones no tienen que ser eternas o de muchas horas o contenidos extensos. Se acostumbra a pensar que los cursos que tienen un fuerte contenido teórico y abundante lectura complementaria son los mejores; pero si realmente nos ponemos a pensar qué van a hacer las personas con todo lo que les estoy brindando, concluiríamos que sólo van a ocupar un 25%... entonces, démosle ese 25% útil!!"

En el cierre del intercambio con UNNEMedios, la licenciada Rosa Quintana dijo “creo que a muchos nos sucede que al invertir tiempo o dinero (o ambos) en una capacitación, esperamos que valga la pena. Pero es necesario comprender que ese “valga la pena” deber estar orientado a un fin instrumental, es decir, que me sirva, que sea útil para aplicarlo en mi trabajo o negocio. Pues bien, para que esto suceda, creo muy necesario considerar el lado B en las planificaciones; de este modo, el cursado –como lo destacaron en sus respuestas los que integraron mi universo de encuestados- no sólo captará y mantendrá la atención activa de los asistentes de principio a fin, sino que además, les facilitaremos herramientas para ser autosuficientes y utilizar lo aprendido en el trabajo y en su vida diaria, y lo más importante, despertarles el interés a ir por más”.


*Rosa Elizabeth Quintana, es licenciada en Relaciones Laborales de la UNNE. Trabaja en forma independiente realizando gestión de dos redes de trabajo llamadas Trabajo en el NEA y TNOA (ésta última inaugurada hace poco) ambas, son plataformas en forma de red social creadas para la búsqueda de trabajo que aglutina personas y empresas.