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SALUD MENTAL, CRIANZA Y EDUCACIÓN
«La palabra clave de esta época es acompañar porque hay mucha soledad en niños frente a las pantallas»

 

La psicopedagoga y psicoanalista, Marcela Altschul dialogó con Radio UNNE e invitó a repensar y reflexionar sobre los modelos actuales de crianza, así como el impacto de las pantallas en los más pequeños. Desde una perspectiva psicoanalítica, propuso acompañar el desarrollo de los niños favoreciendo la construcción de su autonomía, en lugar de recurrir a recetas conductuales que, con frecuencia, se presentan a las familias como un libreto único de respuestas frente a los desafíos de la vida.

En una etapa marcada por la inmediatez y la búsqueda de respuestas rápidas, la crianza de los niños suele verse atravesada por la expectativa de muchos padres de encontrar recetas mágicas que, muchas veces no se corresponden con los desafíos de la vida cotidiana. Frente a este escenario, la psicoanalista Marcela Altschul invitó a invertir esa lógica y poner al niño como sujeto envuelto en una historia familiar, cultural y social que determina su existencia.

Ante la creciente circulación de fórmulas que prometen respuestas universales para la crianza, la especialista destacó la importancia de respetar la singularidad que cada niña y niño tiene en función de su propia experiencia de vida. En lugar de recurrir a soluciones “a modo libreto”, destacó que el verdadero desafío para madres y padres está en favorecer su autonomía y brindarles los recursos necesarios para que ellos mismos puedan enfrentar situaciones que atravesarán a lo largo de su desarrollo.

Marcela Altschul, psicóloga y psicopedagoga (Foto: Página 12)
Marcela Altschul, psicóloga y psicopedagoga (Foto: Página 12)

«Si no le enseñamos al niño que tiene recursos propios y, en cambio, le mostramos un libreto que debe seguir, el verdadero problema aparecerá cuando tenga que enfrentarse a un desafío diferente y no sepa cómo resolverlo. Por el contrario, dependerá de ese libreto o de que alguien le diga cómo actuar frente a esa realidad. La idea es fortalecer su autonomía. Es un camino más trabajoso, pero les permite desarrollar recursos propios para afrontar la realidad sin necesitar permanentemente de otro», sostuvo.

En este marco, la especialista planteó que muchas propuestas actuales trabajan sobre una lógica de estímulo-respuesta, ofreciendo soluciones externas para resolver conductas determinadas, como si fuera un esquema en donde ya estaría contando el inicio, el desarrollo y la conclusión; y cuando los padres, salen de este camino sin éxito, deviene la frustración. Por ello, la profesional explicó que el gran desafío no es ofrecerle una receta mágica sino acompañar en la construcción de recursos internos que le permita al niño afrontar situaciones futuras.

«La idea es fortalecer su autonomía. Es un camino más trabajoso, pero les permite desarrollar recursos propios para afrontar la realidad sin necesitar permanentemente de otro».

Además, vinculó esta tendencia de estímulo-respuesta con una época que privilegia la rapidez y la eficiencia. «Hay que remarcar también que vivimos en un mundo donde el saber es algo muy valorado, donde hay satisfacción y tranquilidad cuando se sabe lo que uno tiene que hacer o qué camino tomar. Es decir que, si la respuesta A no es la adecuada, siempre tengo un plan B», expresó.

Desde este lugar, la especialista sostuvo que las transformaciones culturales de las últimas décadas obligan a volver a preguntarse ¿qué significa hoy acompañar el crecimiento de un hijo y cuál es el lugar que ocupan las familias frente a nuevos escenarios atravesados por la tecnología, la aceleración de los tiempos y los cambios en las formas de vincularnos?

Construir autonomía más allá de las respuestas estandarizadas

Uno de los ejes centrales de la conversación fue la necesidad de preservar la singularidad de cada niño/a frente a modelos que buscan respuestas homogéneas. Altschul explicó que actualmente predominan dos grandes perspectivas terapéuticas para el abordaje de niñas, niños y adolescentes: el psicoanálisis y el enfoque cognitivo-conductual. En ese sentido, describió las diferencias conceptuales entre ambos modelos y fundamentó por qué, desde su posición profesional, considera indispensable comprender el contexto familiar y sistémico que rodea a cada paciente.

Según la psicóloga, desde la perspectiva del psicoanálisis, un síntoma constituye una señal de alerta que requiere atención: es un pedido de ayuda que expresa «no estoy pudiendo solo con esto». A partir de esta concepción, explicó que el síntoma solo adquiere sentido cuando se lo comprende en el marco de la historia personal, familiar, social y cultural de quien lo presenta.

«Un síntoma por sí solo no dice nada. Necesitamos entender el sentido puntual de ese síntoma en ese niño que vive en un contexto particular, con la trayectoria de una historia única, heredada, atravesada por situaciones que se ponen en jaque en una situación sociocultural determinada», subrayó. Desde su perspectiva, esta apreciación no es menor porque configura la manera de comprender porque un niño puede atravesar un trauma o diagnóstico en particular.

Durante la entrevista, la especialista insistió en que la salud mental de las infancias no puede pensarse de manera aislada del entorno donde se desarrolla el niño. Es por ello que el trabajo terapéutico psicoanalítico involucra a las figuras de crianza, ya que las dinámicas familiares forman parte de los procesos de cambio.

«Desde el psicoanálisis no se mira solamente al niño. Se mira a la familia completa para entender el sentido que tuvo el pedido de ayuda del menor«, aseguró Y para explicar esta idea recurrió a una metáfora sencilla: “si pensamos la familia como un engranaje, cuando uno de sus miembros cambia y el resto permanece igual, empiezan a aparecer fricciones”.

Pantallas: acompañar antes que prohibir

Otro de los temas abordados fue el vínculo entre las infancias y los entornos digitales. Más que prohibir, Altschul propuso recuperar el rol activo de los adultos como acompañantes en el proceso de aprendizaje de los niños.

«La palabra clave en esta época es acompañar. Estamos viendo a niños, niñas y adolescentes atravesar situaciones de mucha soledad frente a las pantallas», destacó. Si bien los niños nacieron en la era digital, no implica que puedan desenvolverse sin la guía de los adultos. Advirtió que el entorno digital también presenta riesgos que muchas veces escapan al control de las familias, ya que resulta imposible supervisar por completo todo lo que los chicos ven, escuchan o consumen en las redes y otras plataformas.

Bajo esa mirada, reflexionó: «Los adultos nos vimos seducidos por el discurso de que los chicos son nativos digitales y saben mucho más que nosotros. Y, con gran descuido, nos fuimos corriendo del mapa, dejando a los chicos solos scrolleando las pantallas».

«Los adultos nos vimos seducidos por el discurso de que los chicos son nativos digitales y saben mucho más que nosotros. Y, con gran descuido, nos fuimos corriendo del mapa, dejando a los chicos solos scrolleando las pantallas».

Asimismo, agregó e invitó a prestar especial atención de que, «el hecho de que los niños tengan la motricidad para mover el dedo sobre una pantalla no significa que tengan los recursos para decidir qué es conveniente para su desarrollo. No saben elegir lo que es bueno de lo que no. Y es ahí donde debemos intervenir nosotros, para eso estamos los adultos

Lejos de asociar el acompañamiento con el control permanente, Altschul propuso pensar la presencia adulta como una condición para que niñas, niños y adolescentes desarrollen autonomía. «Los chicos tienen que ir formándose como ciudadanos responsables y como personas autónomas. Y estar al lado de ellos físicamente, no es lo mismo que simplemente compartir un mismo espacio. Hay que enseñarle a ser libres en compañía. Que sepan que estamos y que pueden acudir a nosotros realizando sus tareas con total libertad y confianza”, recalcó.

«el hecho de que los niños tengan la motricidad para mover el dedo sobre una pantalla no significa que tengan los recursos para decidir qué es conveniente para su desarrollo. No saben elegir lo que es bueno de lo que no. Y es ahí donde debemos intervenir nosotros».

A su vez, remarcó que los padres debemos predicar con el ejemplo y buscar espacio para dialogar con ellos, darnos el tiempo, dado que después puede ser muy tarde. «Podemos dejar media hora el celular, comer en familia y conversar cómo le fue en el día. La conversación que se construye durante la niñez va a ser esencial durante la adolescencia. Para que ellos sepan que tienen un espacio, un refugio a dónde acudir. Que sepan que tenemos tiempo pero sobre todo que pueden confiar en nosotros. Pero este espacio hay que ir creándolo«, subrayó.

«Podemos dejar media hora el celular, comer en familia y conversar cómo le fue en el día. La conversación que se construye durante la niñez va a ser esencial durante la adolescencia. Para que ellos sepan que tienen un espacio, un refugio a dónde acudir. Que sepan que tenemos tiempo pero sobre todo que pueden confiar en nosotros. Pero este espacio hay que ir creándolo».

El valor de los límites

Para la especialista, poner límites no significa prohibir el uso de los dispositivos digitales, sino actuar con un propósito claro. Por eso, planteó que antes de tomar una decisión, los adultos deberían preguntarse cuál es el objetivo de ese límite y qué aprendizaje busca promover en el niño.

Desde esta mirada, sostuvo: «Siempre que ponemos un límite, el interrogante debería ser: ¿Para qué le estoy poniendo este límite al niño y hacia qué camino lo va a llevar esta decisión que estoy tomando

En esa línea, sostuvo que los límites también constituyen una forma de cuidado. «Los chicos necesitan que estemos cerca, aunque sea para enojarse con nosotros. No hay nada mejor para un adolescente que tener con quién enojarse, que tengan con quien hablar, despejar todas sus dudas, y gritar si hace falta. Es el refugio más valioso que como familia le podemos dar«, sostuvo.

Al final de la entrevista, Altschul recordó que las conductas adultas educan tanto como las palabras. «Si ellos ven que nosotros no podemos despegarnos del celular, ¿cómo le vamos a pedir que ellos se manejen de una forma diferente?«, preguntó.

La especialista concluyó que el principal desafío de la crianza contemporánea no pasa por encontrar fórmulas universales, sino por recuperar la presencia, la escucha y el tiempo compartido como condiciones para que niñas, niños y adolescentes construyan herramientas propias frente a un mundo cada vez más complejo.

«Si ellos ven que nosotros no podemos despegarnos del celular, ¿cómo le vamos a pedir que ellos se manejen de una forma diferente?».