Luego de la final de la Copa Mundial de fútbol que se disputó entre Argentina y España, surgieron en las redes sociales un sinnúmero de publicaciones y críticas contra la Selección Argentina. Desde artistas destacados de la cultura y del espectáculo, influencers, y representantes políticos se pronunciaron contra la identidad, el racismo y la cultura del país. Al respecto, el consultor en Asuntos Públicos Digitales, Lucas Malaspina dialogó con Radio UNNE y analizó cómo los discursos se amplifican, retroalimentan y terminan construyendo una percepción ofensiva contra el país.
La final del campeonato mundial de fútbol disputada el 19 de julio de 2026 en la que se enfrentaron Argentina y España, dejó más que un resultado deportivo. Días posteriores a la final, proliferaron una serie de críticas en las redes sociales contra el conjunto deportivo argentino, a un nivel que disparó el odio y la agresión hacia el país. A las publicaciones de destacadas personalidades del ámbito cultural y del espectáculo, como la cantante española “La Rosalía”, el actor Samuel L. Jackson y figuras como Mia Khalifa y Patti Smith, se sumaron columnas de opinión de medios tradicionales como “The New York Times” y “The New Yorker”, instalándose cuestiones vinculadas a la identidad, el racismo y el posicionamiento político del país.
Ante este escenario, Radio UNNE dialogó con Lucas Malaspina, consultor en Asuntos Públicos Digitales, para analizar la creciente repercusión de la supuesta “campaña antiargentina”, una narrativa que se viralizó rápidamente en las redes sociales y abrió un amplio debate sobre la imagen, la identidad y la cultura del país.

Según el especialista, la sensación de que distintos actores actúan de manera coordinada contra Argentina puede estar extendida en la sociedad, pero no existen elementos que permitan afirmar que hay una estrategia común. “Explícitamente no existe una campaña antiargentina. Es decir, desde el sentido de que no estamos delante de actores que se pusieron de acuerdo para atacar al país”, expresó. Desde este lugar, explicó que el fenómeno más bien surge de la “convergencia de diferentes discursos, intereses y reacciones que encuentra en las plataformas digitales su espacio de expansión inmediata”.
En este sentido Malaspina puntualizó que el fenómeno, “se trata de una confluencia de narrativas posibilitada por la rapidez de las redes sociales, que son retroalimentadas por quienes tenían ganas de que la Selección pierda”.
“Explícitamente no existe una campaña antiargentina. Es decir, desde el sentido de que no estamos delante de actores que se pusieron de acuerdo para atacar al país”.
Además, según el consultor, la centralidad que alcanzó Argentina en el fútbol mundial también modificó la manera en que es percibida. “La Selección pasó de ocupar el lugar de un equipo que despertaba simpatía por la búsqueda del título de Lionel Messi en el 2022, con toda la humildad a su nombre, a convertirse en una potencia deportiva con aspiraciones de seguir acumulando campeonatos durante este 2026. Este cambio de perspectiva, generó nuevas rivalidades y alimentó el deseo que el equipo argentino pierda, llenándolos de atributos descalificativos”, agregó.
“se trata de una confluencia de narrativas posibilitada por la rapidez de las redes sociales, que son retroalimentadas por quienes tenían ganas de que la Selección pierda”.
La Selección Argentina pasó de ser héroes a villanos en la nueva historia
El deseo de alcanzar una consagración histórica, que acompañó a la Selección Argentina en su camino hacia el título mundial de 2022, dio paso a la imagen de un equipo consolidado, potente y con capacidad para imponerse incluso en los momentos más adversos. Esa fortaleza deportiva le otorgó una mayor visibilidad internacional y despertó adhesiones, pero también rechazos y rivalidades.
Para Malaspina, esa exposición favoreció la aparición de múltiples actores que buscaron intervenir en la arena pública. Aunque aclaró que no existió una campaña organizada y sistematizada. Sin embargo, “si convirtió a la Argentina en un tema atractivo para el debate deportivo, político y mediático, más aún, entendiendo lo que vale uno de los jugadores: Messi con sus altos porcentajes de publicidad”, agregó.
Asimismo, el consultor remarcó que muchas de las ideas negativas que hoy circulan sobre los argentinos no son nuevas. Los prejuicios relacionados con la soberbia, la conducta deportiva o determinadas características culturales sobre el país ya estaban presentes antes de la expansión de las plataformas digitales. “Las narrativas antiargentina ya existían antes de las redes, pero hoy se rearticulan con cuestiones políticas”, enfatizó.
Desde esta perspectiva, “las redes no crean necesariamente los prejuicios, sino que aceleran su circulación, los conectan con nuevos acontecimientos y les permiten alcanzar audiencias globales en pocos minutos”, indicó Malaspina.
De esta manera, las críticas deportivas se mezclan con debates políticos, posicionamientos ideológicos y lecturas internacionales sobre el país. “La Selección deja de ser observada únicamente por lo que ocurre dentro de la cancha y comienza ser interpretada desde factores políticos, étnicos, identitarios hasta raciales”, agregó.
Cuando en el fútbol se mezcla la política
Malaspina explicó que la imagen internacional de Argentina también está atravesada por el posicionamiento político y diplomático del país. En ese contexto, determinados sectores pueden asociar a la Selección con decisiones gubernamentales o con figuras políticas, aun cuando se trate de ámbitos diferentes.
La circulación de imágenes, declaraciones y publicaciones permite que hechos aislados sean interpretados como parte de una misma posición política. “Un ejemplo de ello tiene que ver con el saludo estrechando manos entre Messi y Trump y la serie de interpretaciones políticas que se hicieron después. Así es que el deporte se convierte en un espacio donde también se proyectan conflictos ideológicos y geopolíticos, y las redes sociales facilitan esa asociación y permite que una misma narrativa reúna lo deportivo, político y cultural. Es válido además tener en cuenta que Messi genera el 25% de las ganancias de lo que tiene que ver con la Copa Mundial. Entonces, también hay un interés económico de atacarlo o defenderlo”, señaló.
«El deporte se convierte en un espacio donde también se proyectan conflictos ideológicos y geopolíticos, y las redes sociales facilitan esa asociación y permite que una misma narrativa reúna lo deportivo, político y cultural».
“Al final termina todo eso mezclándose con el viejo prejuicio de que los nazis se refugiaron en la Argentina y que en realidad nosotros seríamos como una especie de Israel de América Latina, una mezcla de colonia nazi israelí. Hay mucha perspectiva eurocéntrica digamos en relación a nuestro país cuando en realidad no conocen su historia, teniendo en cuenta de que Argentina siempre le dio la oportunidad a los extranjeros”.
A su vez, agregó el consultor que “los norteamericanos no se caracterizan por saber de fútbol porque no les interesa el fútbol. Se han visto obligados a opinar de fútbol porque se transformó en el evento más visto del mundo y Trump lo ha transformado en un objeto de propaganda. Entonces, para salir a polemizar contra una selección que de alguna manera tenía la simpatía de Trump, hay que observar, por ejemplo, por qué mientras el presidente Milei se sintió incómodo ante la bandera de Malvinas que pusieron los jugadores, Trump llegó a decir que no había ningún problema porque en Estados Unidos hay libertad de expresión con la bandera de las Malvinas. O sea, el presidente Trump tuvo una cercanía tal hacia la selección argentina que no le molestó ni siquiera la bandera de las Malvinas que infringió una de las reglas puestas por la FIFA. Y esto es un hecho que pone los pelos de puntas a los opositores”, puntualizó.
El “loop” de las redes y la confirmación de prejuicios
Uno de los aspectos centrales de la mesa de diálogo fue el funcionamiento de los algoritmos y la forma en que las plataformas pueden reforzar determinadas creencias. “Hoy las redes sociales posibilitan que la gente ingrese en un loop de viralización de contenido, accediendo y confirmando en todo momento lo mismo”, argumentó el especialista.
Según explicó, los usuarios pueden quedar expuestos de manera repetida a contenidos que refuerzan una percepción previa. Videos recortados, publicaciones virales, comentarios de figuras públicas y reacciones de otros usuarios terminan construyendo un entorno en el que una misma idea aparece una y otra vez.
En este sentido, Malaspina resaltó que “la repetición puede generar la sensación de que existe un consenso generalizado o una acción coordinada, aunque los mensajes provengan de actores diferentes y respondan a intereses distintos”.
Racismo en la Argentina desde la mirada eurocéntrica
El debate internacional en redes sociales también incluyó acusaciones de racismo hacia Argentina. Sobre este punto, Malaspina diferenció la historia del país de los procesos de segregación racial y violencia sistemática registrados en Estados Unidos: “Ciertamente, en Argentina no hay el racismo de ejecutar o matar al otro por su etnia como lo hay en Estados Unidos”. No obstante, advirtió que esa diferencia histórica no implica que en Argentina no existan expresiones discriminatorias o desigualdades vinculadas con el origen étnico y social.
“No hay una historia de segregación, pero aún se conservan condiciones diferentes para una persona de familia blanca y para quien provenga de una familia indígena”, agregó.
“No hay una historia de segregación, pero aún se conservan condiciones diferentes para una persona de familia blanca y para quien provenga de una familia indígena”.
El especialista planteó así la necesidad de evitar miradas extremas. Es decir, no presentar a Argentina como un país con la misma historia de segregación racial que Estados Unidos, ni tampoco negar la persistencia de desigualdades y prácticas discriminatorias.
Una discusión que supera al fútbol
Para Malaspina, el fenómeno no puede explicarse únicamente desde el deporte. Las críticas a la Selección se insertan en una conversación más amplia, atravesada por prejuicios históricos, disputas políticas, intereses económicos, rivalidades deportivas y dinámicas propias de las plataformas digitales.
Además, el consultor mencionó que nuestra selección también tiene amplia repercusión, porque también “tenemos que reconocer, nos guste o no, que tenemos el Presidente más conocido de la historia, incluso más que Perón en el exterior”.
De esta manera, la discusión sobre una supuesta campaña antiargentina revela, en ese sentido, cómo las redes pueden conectar discursos dispersos y convertirlos en una narrativa de gran alcance.
Más que una operación organizada, el especialista identifica una confluencia de actores y mensajes que se potencian entre sí. En un entorno digital marcado por la velocidad, la repetición y la polarización, una suma de críticas individuales puede terminar siendo percibida como una ofensiva coordinada contra todo un país.



















