El Observatorio de Femicidios “Adriana Marisel Zambrano” de La Casa del Encuentro registró 142 víctimas fatales de violencia de género entre enero y julio de 2026, además de 300 intentos de femicidio. En diálogo con Radio UNNE, Alejandra Benaglia, responsable de Comunicación de la organización, advirtió sobre la falta de denuncias y las falencias en la respuesta estatal.
Entre el 1° de enero y el 31 de julio de 2026, 142 personas fueron víctimas fatales de violencia de género en Argentina, se registraron 123 femicidios vinculados a mujeres y niñas, 5 transfemicidios y 14 femicidios vinculados a varones adultos y niños. A esto se suman 300 intentos de femicidio relevados durante el mismo período.
Los datos surgen del último informe del Observatorio de Femicidios en Argentina “Adriana Marisel Zambrano”, coordinado por la Asociación Civil La Casa del Encuentro, y vuelven a poner en evidencia la magnitud de una problemática que persiste en todo el país, en un contexto marcado por el desfinanciamiento de las políticas de género y la insuficiencia de recursos humanos y materiales para prevenir, asistir y dar respuesta a las situaciones de violencia.
Ante este contexto alarmante, desde la 99.7 se consultó con Alejandra Benaglia, responsable de Comunicación de la Casa del Encuentro, quien destacó que estos números no pueden ser analizados sin la falta de acompañamiento del Estado y de las políticas públicas. “Estamos atravesando lamentablemente un escenario donde el Estado niega la existencia de la violencia de género. Esto es el síntoma de que la situación de las violencias aumentó, porque aquellas víctimas que están pasando por algún tipo de violencia de género no tienen la correcta atención”, destacó.

A esto se suma el temor de muchas mujeres al momento de denunciar. “Lo que más preocupa es que las mujeres no van a denunciar porque no se sienten acompañadas, porque creen que no las van a poder ayudar, y porque atraviesan detrás otras realidades: no tienen trabajo, no tienen a dónde ir, si echan a la pareja del hogar, no tienen cómo alimentar a sus hijos, etc. Ninguna mujer se queda porque le gusta vivir una situación de violencia de género, sino porque hay una realidad atrás que les atraviesa. A veces, no pueden porque tampoco hay un cumplimiento de leyes que le ayuden a que ellas denuncien, como es la ley de patrocinio gratuito que tampoco se cumple. Entonces si no tengo dinero para darle de comer a mis hijos, menos voy a tener para pagar un abogado que me acompañe”, agregó la especialista.
“Estamos atravesando lamentablemente un escenario donde el Estado niega la existencia de la violencia de género. Esto es el síntoma de que la situación de las violencias aumentó, porque aquellas víctimas que están pasando por algún tipo de violencia de género no tienen la correcta atención”.
Uno de los datos más preocupantes del informe es que solo 17 de las víctimas habían realizado una denuncia previa. Pero incluso cuando las mujeres logran recurrir a la Justicia y obtener medidas de protección, los femicidas vuelven a irrumpir su paz. Según el informe, nueve de los femicidas tenían dictadas medidas cautelares de prevención al momento del crimen. El dato vuelve a poner el foco en la necesidad de garantizar no solo el acceso a la denuncia, sino también el seguimiento, acompañamiento y cumplimiento efectivo de las medidas de protección. En este marco, Benaglia remarcó que la problemática no se limita sólo al momento en que la mujer haga o no la denuncia, sino también al momento posterior. Es decir, a qué ocurre después de que una mujer recurre al Estado y la Justicia.
“Hay una falta de accionar y monitoreo de las protecciones cuando se dictan. Si el varón violento tiene una tobillera puesta, tiene que haber una persona que esté alerta a que este varón no viole la perimetral de acercamiento o estar atento al botón antipánico de la mujer, sino ¿cómo garantizamos la protección y la vida de la víctima?”, enfatizó.
Además, “hay que tener en cuenta que, cuando una mujer denuncia una situación de violencia de género, el Estado ya tiene pleno conocimiento del riesgo que podría atravesar en el futuro. Entonces, algo falla cuando existe una restricción perimetral o una medida cautelar y, aun así, el agresor logra cometer el femicidio, pese a que el Estado ya había tomado conocimiento del caso”, advirtió.
«Cuando una mujer denuncia… el Estado ya tiene pleno conocimiento del riesgo que podría atravesar en el futuro. Entonces, algo falla cuando existe una restricción perimetral o una medida cautelar y, aun así, el agresor logra cometer el femicidio».
“Hay una mujer que se acerca al Estado y le dice: ‘Estoy atravesando una situación de violencia’. El Estado toma conocimiento y, a partir de ese momento, tiene que protegerla. Sin embargo, ese violento puede incumplir las medidas dispuestas y, en el caso más extremo, cometer un femicidio”, sostuvo.
El hogar sigue siendo el lugar más violento para la víctima
Los datos vuelven a poner como espacio alarmante, las viviendas, dado que es el lugar donde ocurren principalmente los femicidios. Del total relevado, 46 víctimas fueron asesinadas en su propia vivienda y otras 42 en una vivienda compartida. Es decir, 88 casos ocurrieron en un hogar. Además, el 55% de los agresores eran parejas o exparejas: 51 eran parejas y 19 exparejas.
Benaglia mencionó que La Casa del Encuentro elabora estos informes desde 2008 y advirtió que, históricamente, más de la mitad de los casos se producen en viviendas de las víctimas o compartidas con parejas, exparejas o familiares. “Los datos demuestran una sensación en las víctimas que el lugar donde tendrían que estar protegidas, es donde más están en peligro”, sostuvo.
“Los datos demuestran una sensación en las víctimas que el lugar donde tendrían que estar protegidas, es donde más están en peligro”.
“Por eso, desde la Educación Sexual Integral (ESI) siempre alertamos sobre la importancia de trabajar, desde el inicio de la adolescencia y cuando comienzan las primeras relaciones, en la prevención de los noviazgos violentos y en cuestionar el mito del amor romántico. Es necesario empezar a desarmar esas construcciones culturales que se nos han instalado a lo largo de los años y que, muchas veces, colocan sobre las mujeres la responsabilidad de sostener el hogar a cualquier costo, incluso por el bienestar de sus hijos o para garantizarles una figura paterna”, agregó.
En este sentido remarcó: “es importante comprender que la violencia tiene un ciclo y que no necesariamente comienza con una agresión física. Son muchos los motivos por los cuales una mujer en situación de violencia puede permanecer en esa relación, más allá de las dificultades económicas o la falta de recursos para alejarse. Y que violencia no necesariamente comienza con una agresión física, puede iniciarse con violencia psicológica y avanzar hacia otras formas de violencia que se van reproduciendo y profundizando con el tiempo”, añadió.
La referente también puso el foco en las formas y actitudes menos visibles de violencia que anteceden a un femicidio: el aislamiento, los celos, el control sobre la vestimenta, los vínculos y las actividades cotidianas. “Todo eso va creando como esa base de violencia, que a veces es imperceptible, que a veces está naturalizada y es donde las familias, amigos, entorno debemos atender”, remarcó.

“Esa violencia psicológica, esa destrucción de la autoestima de la mujer, comienza muchas veces con frases como ‘no sabés para nada’, ‘quedate acá’ o ‘¿para qué vas a salir?’. Después aparece el aislamiento: separarla de sus vínculos familiares, de sus amigas y amigos. También el control: con quién hablás, qué te ponés, adónde vas. Todo eso va construyendo una base de violencia que, a veces, es imperceptible y está naturalizada. ‘Siempre fue así’, ‘me cela porque me quiere’. Entonces, las mujeres van tolerando e incorporando esas conductas como parte de una dinámica familiar que parece normal, pero que en realidad no lo es. Porque quien te quiere no te hace daño. El amor no duele”.
Por eso remarcó la referente lo importante que es el rol del entorno. “Muchas veces empiezan a observarse situaciones de aislamiento: ‘No voy a tal lugar’, ‘no puedo ir’, ‘se va a enojar, mejor me quedo’. Son situaciones que forman parte de lo cotidiano y que, lamentablemente, vemos cada vez con mayor frecuencia”.
“Por un lado, muchas mujeres terminan creyendo en la promesa de que el agresor va a cambiar: ‘No te voy a pegar más’, ‘vamos a recomponer la familia’. Pero eso muchas veces no sucede. Y, por otro lado, aparece otra situación muy preocupante: el descarte de la mujer como objeto. Porque las situaciones de violencia tienen que ver más que nada con relaciones de poder. O sea, yo hago con vos lo que quiero porque tengo el poder. Te cito para ofrecerte un trabajo y te mato con saña, además, ¿no?. Esto es también lo que estamos viendo, como una mayor crueldad, como dice Rita Segato: esta necesidad del varón violento que comete el asesinato, de además hacerlo con saña para mostrarle a los demás varones, mirá de lo que soy capaz de hacer. Y en el peor de los casos, el poder ejercido sobre las familias, entonces matan a los hijos”, explicó minuciosamente la referente.
300 intentos de femicidio en siete meses
El informe también contabilizó 300 intentos de femicidio: 294 contra mujeres y adolescentes y seis casos vinculados. Además, advierte que, frente a este escenario de violencia, 90 niñas, niños y adolescentes estaban presentes en el lugar del ataque, quedando expuestos tanto a las agresiones como al impacto psicológico de la violencia.
Las parejas y exparejas concentran nuevamente la mayor cantidad de casos: 145 agresores eran parejas y 144 exparejas. Entre las modalidades registradas aparecen: 151 ataques con lesiones por golpes, 77 amenazas de muerte, 36 apuñalamientos, 16 intentos de quemar viva a la víctima, 10 intentos de asfixia y siete ataques con armas de fuego.
“Es muchísimo porque estamos hablando de casi 300 intentos de muerte, donde en algunos casos, las víctimas lograron sobrevivir gracias a que intervinieron personas de su entorno”, dijo Benaglia
Por otra parte, la entrevista hizo especial hincapié en la importancia y el rol que muchas veces tienen los vecinos y personas del entorno frente a situaciones de violencia. “La violencia no es privada cuando está en riesgo la vida de una persona. Cuando escuchamos gritos, cuando vemos unos niños que se meten para adentro y no hablan, que hay una situación familiar, hay que hablar, hay que acercarse. No podemos hacer la vista gorda, porque está la vida de una persona -mujer, niño, adolescente- en riesgo”, señaló.
“La violencia no es privada cuando está en riesgo la vida de una persona».
Además, remarcó que “las comisarías tienen la obligación de tomar las denuncias cuando se hacen, ya sea por violencia de género o ya sea por desaparición de persona. Cuando las chicas no aparecen, no tenés que esperar 48 horas”, destacó.
Según el informe, la provincia que más registra casos es Buenos Aires, con 41 casos de femicidios seguida por Santa Fe con 19, y Córdoba con ocho. En el Nordeste, el informe contabilizó cuatro femicidios en Corrientes, cuatro en Chaco y cinco en Misiones. También se registraron tres casos en Formosa dentro de los intentos de femicidio, mientras que Corrientes contabilizó tres intentos.
155 hijos e hijas quedaron sin madre
La violencia femicida también deja víctimas colaterales. En los primeros siete meses del año, 155 hijas e hijos quedaron sin madre, 92 eran menores de edad, 53 adultos y en 10 casos no se informó la edad.
El informe también identificó otras situaciones de especial vulnerabilidad: tres víctimas estaban embarazadas, cinco eran migrantes, una pertenecía a pueblos originarios, 10 presentaban indicios de abuso sexual y 11 fueron asesinadas en contextos de narcocriminalidad. Además, 21 femicidas se suicidaron después de cometer los crímenes.
“Las mujeres necesitan saber que no están solas, que hay alguien que puede escucharlas. Porque además la violencia genera mucha vergüenza y culpa: son dos factores que entrelazados hacen que cada vez haya más mujeres que no denuncien y decidan volver a sus casas, solo para proteger a sus hijos y a los demás. Hay que trabajar mucho la vergüenza, decirle que ellas no tienen la culpa de lo que les pasa”, mencionó la referente.
“La denuncia te puede salvar la vida”
Frente a las dificultades que atraviesan muchas mujeres para denunciar, desde La Casa del Encuentro remarcan que la violencia económica y la falta de redes de contención pueden convertirse en obstáculos concretos.
“No es que las mujeres se queden porque les gusta que les peguen, sino que muchas veces existen dificultades económicas, falta de vivienda, imposibilidad de sostener los hijos o ausencia de recursos que condiciona la posibilidad de acceder a un abogado”, afirmó Benaglia.
La entrevistada instó que las comisarías tienen la obligación de recibir las denuncias y cuestionó mitos instalados, como la necesidad de esperar 48 horas ante una desaparición.
“No hay que esperar nada. Las denuncias tienen que ser tomadas en forma instantánea”, afirmó. Y agregó que “la denuncia, más allá de las falencias que pueda tener, le puede salvar la vida a alguien”.
“No hay que esperar nada. Las denuncias tienen que ser tomadas en forma instantánea. más allá de las falencias que pueda tener, le puede salvar la vida a alguien”.
En este marco, volvió a dirigirsea todas las mujeres que puedan estar pasando alguna situación de violencia de género, que traten de buscar redes de apoyo: “no se queden solas, no permanezcan aisladas, rodéense de gente que les contenga”, destacó.
También cuestionó la revictimización que muchas veces atraviesan quienes recurren al sistema de justicia. Desde este aspecto señaló que, “tener que contar otra vez lo que me pasó significa revivir todo el tiempo la situación traumática, entonces, hay que tratar de ser empáticos”, remarcó.
Ante este escenario, el mensaje de La Casa del Encuentro apunta a reforzar las redes de acompañamiento, el acceso a la justicia y la prevención, pero también a exigir que las medidas de protección existentes sean efectivamente implementadas y controladas.
“De la violencia se puede salir”, remarcó Benaglia al finalizar la entrevista.
Los datos del primer semestre extendido de 2026 vuelven a poner en números una problemática que, detrás de cada estadística, deja familias atravesadas por el dolor, niñas y niños que pierden a sus madres y cientos de mujeres sin respuestas o que sobreviven a situaciones de extrema violencia.
142 víctimas fatales en siete meses. 300 intentos de femicidio. 155 hijos e hijas que quedaron sin madre. Detrás de cada cifra hay una historia y un Estado cada vez más ausentes en sus política y la previsión de sus recursos.
“De la violencia se puede salir”.

















