
Profesionales de la ingeniería, docentes y estudiantes de la Universidad Nacional de La Plata diseñaron y construyeron un nanosatélite que ya se encuentra en España y será trasladado a EEUU para ser lanzado al espacio próximamente a bordo del cohete “Space X”. RADIO UNNE dialogó con Sonia Botta, integrante del Centro Tecnológico Aeroespacial (CTA) de la UNLP, que coordinó el trabajo. “Nuestro desarrollo pone en evidencia la capacidad tecnológica existente en las universidades públicas argentinas”, dijo la ingeniera.
El desarrollo científico de la universidad pública argentina está a punto de alcanzar un nuevo éxito. La tecnología conocida como USAT 1, primer “CubeSat” universitario de formato 3U argentino, diseñado por un grupo de docentes, ingenieros y becarios de la Universidad de La Plata (UNLP), ya se encuentra en España, desde donde partirá hacia Estados Unidos para ser lanzado al espacio en octubre desde el Cohete de Space X, empresa estadounidense de fabricación aeroespacial y servicios de transporte espacial fundada por Elon Musk.
Con apenas 10x10x34 cm y un peso aproximado de 3 kilos y como antecedente del proyecto Atenea, el satélite argentino que participó de la misión Artemis I de la NASA, su misión es validar tecnología desarrollada en la UNLP y procesar señales de navegación satelital para obtener información de la atmósfera y de la superficie terrestre.

La ingeniera Sonia Botta, coordinadora del proyecto explicó a Radio UNNE que el objetivo del satélite es “demostrar tecnología, y según el resultado, nos va a permitir aprender”. Teniendo en cuenta que “el aparato está desarrollado casi un 100% por la Universidad de La Plata. Entonces, ya de por sí el hecho de que este satélite funcione, nos va a dar información valiosísima acerca de los sistemas que diseñamos. Entre ellas: la comunicación, la computadora a bordo, potencia, entre otros”.
Según mencionó la especialista, el traslado del nanosatélite hacia el continente europeo (España) estuvo a cargo del secretario de Vinculación con el Medio de la Universidad , Nicolás Bardella, quien llevó el satélite de forma segura como equipaje de mano cumpliendo con las estrictas regulaciones aeronáuticas para baterías de litio. Desde allí será trasladado a Estados Unidos para participar de la misión Transporter 18, de la empresa SpaceX.
Una misión para navegar, estudiar la atmósfera y observar la Tierra
Además de poner a prueba tecnología nacional, el USAT-1 tendrá una misión científica vinculada al procesamiento de señales GPS, las mismas que se utilizan cotidianamente en teléfonos celulares y sistemas de navegación.
La misión científica utilizará señales GNSS (Sistemas globales de navegación por satélite), similares a las empleadas por teléfonos celulares y aplicaciones de navegación, aunque con objetivos diferentes.
“En este caso la misión del satélite es procesar señales de GPS, que son las mismas señales que usan en el teléfono para navegar para distintos objetivos. En este caso, como primera instancia, vamos a usar para la navegación en el espacio que nos va a decir dónde estamos y a qué velocidad vamos. Y también para la radio ocultación, que es una técnica que se utiliza para medir las propiedades de la atmósfera, a través de la reflectometría, donde se estudian las propiedades del suelo, como la humedad y la vegetación”, destacó Botta.
De esta manera, el nanosatélite combinará objetivos tecnológicos y científicos, generando información que podrá ser utilizada en futuras investigaciones vinculadas con el ambiente, el territorio y las ciencias espaciales. El dispositivo ya se encuentra en España, donde fue integrado a un sistema especial que permitirá su despliegue en el espacio.
Un antecedente clave para la misión Atenea
El USAT-1 también tuvo un papel fundamental en el desarrollo de Atenea, el satélite argentino que participó de la misión Artemis I de la NASA, y que está próximo a desarrollar su segunda etapa.
“Creo que USAT-1 cumplió su misión incluso antes de ser lanzado al espacio. Todo lo que nos dejó de enseñanza nos permitió hacer Atenea en un tiempo récord. Los tiempos de Atenea eran imposibles si no hubiésemos tenido nada desarrollado de antemano”, afirmó la ingeniera. En este caso, los avances logrados en comunicaciones, computadoras de a bordo, estructuras y otros sistemas fueron aprovechados para el desarrollo del nuevo proyecto.
“Creo que USAT-1 cumplió su misión incluso antes de ser lanzado al espacio. Todo lo que nos dejó de enseñanza nos permitió hacer Atenea en un tiempo récord. Los tiempos de Atenea eran imposibles si no hubiésemos tenido nada desarrollado de antemano”.
Desde este lugar, la especialista menciona que la experiencia con anteriores proyectos demuestra que la construcción de tecnología espacial no termina cuando se inicia y ejecuta un plan, sino que “cada misión genera conocimientos, capacidades y equipos que se convierten en la base de futuros desarrollos”, remarcó.
Más de 30 años de trayectoria espacial
Consultada sobre la experiencia desarrollada durante todos estos años, para la Universidad Nacional de la Plata, el USAT-1, representa un paso histórico en las últimas tres décadas dedicadas al estudio del área especial.
Según mencionó la especialista, la Universidad participó desde la década de 1990 en proyectos vinculados con la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) y posteriormente trabajó junto a instituciones y empresas estratégicas como ARSAT e INVAP.
Sin embargo, el USAT-1 marca un cambio significativo dado que “es nuestro nuestro primer satélite propio. Anteriormente habíamos trabajado con CONAE, ARSAT, INVAP y todas estas empresas e instituciones gigantescas que tenemos en la Argentina. Y ahora podemos decir que hicimos algo propio. Esto ya es un paso más allá de lo que veníamos haciendo”, dijo.
“En la Universidad de La Plata se realizan estudios espaciales y se construyen satélites desde hace más de 30 años”, destacó.
Contar con una plataforma satelital propia permitirá que distintas facultades y áreas académicas puedan desarrollar investigaciones desde el espacio con mayor autonomía. Entre las posibles aplicaciones se encuentran: estudios de astronomía, agrimensura, urbanismo y otras disciplinas que requieran información obtenida mediante observación satelital.
Además, mencionó la especialista que este tipo de desarrollo es sumamente importante poder estudiarlo y llevarlo a cabo debido al contexto nacional de desfinanciamiento científico y universitario. “Nuestro desarrollo pone en evidencia la capacidad tecnológica existente en las universidades públicas argentinas. Además de las capacidades y la tecnología existente que prevalece en las universidades públicas. Esto refleja lo que se puede hacer si los recursos están, además de la autonomía en el campo de estudio que se nos otorga”, expresó.
“Nuestro desarrollo pone en evidencia la capacidad tecnológica existente en las universidades públicas argentinas….Esto refleja lo que se puede hacer si los recursos están».
Abaratamiento de los costos y equipo de trabajo
Uno de los aspectos más destacados del USAT-1 es su costo de desarrollo. El proyecto requirió una inversión aproximada de 70 mil dólares destinados principalmente a materiales y becas.
La cifra se encuentra por debajo de los valores habituales del mercado internacional para satélites de características similares. “Realmente es un proyecto que se hizo a bajísimos costos en lo que tiene que ver con satélites”, afirmó Botta.
La ingeniera aclaró que los valores internacionales pueden superar ampliamente los 200 mil dólares y que un dispositivo de este tipo podría costar dos, tres o incluso varias veces más.
Sin embargo, destacó que el principal resultado del proyecto no puede medirse únicamente en términos económicos. “Desarrollar equipos de trabajo no tiene precio, no tiene un valor calculable. En este sentido, la experiencia permitió formar ingenieros, estudiantes, becarios y especialistas capaces de continuar desarrollando nuevas tecnologías espaciales”, señaló.
“Desarrollar equipos de trabajo no tiene precio, no tiene un valor calculable. En este sentido, la experiencia permitió formar ingenieros, estudiantes, becarios y especialistas capaces de continuar desarrollando nuevas tecnologías espaciales”.
Consolidando el liderazgo de la UNLP en el sector aeroespacial, el CTA ya puso en marcha la 2da Convocatoria Abierta del Programa Satélite Universitario. La Facultad de Ingeniería se encuentra convocando a grupos de investigación de la propia universidad y de otras instituciones científicas, hasta el 14 de agosto, interesados en presentar propuestas de carga útil destinadas al futuro USAT 2, el próximo CubeSat que continuará impulsando el desarrollo soberano de la ciencia espacial argentina.
“Lo que estamos recibiendo son propuestas de misión para poder hacer otros satélites”, explicó.
La soberanía argentina rumbo al espacio
El USAT-1 mide aproximadamente 10 x 10 x 34 centímetros y pesa 2 kilos con 950 gramos. Por su tamaño, el traslado también tuvo características particulares. El nanosatélite viajó a España como equipaje de mano, dentro de una valija reforzada similar a las utilizadas para transportar equipos profesionales de audio y video.
“Es muy divertido todo esto de los pequeños satélites porque viajó como equipaje de mano”, relató Botta. Una vez en España, el dispositivo fue integrado a un dispensador, una estructura que funciona como un contenedor durante el lanzamiento.
El nanosatélite no se encuentra sujeto directamente al cohete. Al llegar al espacio, el sistema abrirá una compuerta y liberará el dispositivo para que comience su misión orbital. “Nosotros decimos que es un contenedor. Cuando llega al espacio abre una tapa y el satélite sale despedido”, explicó.
“Pesa 2 kilos 950; es un bebé, básicamente”, graficó la ingeniera, la dimensión de este pequeño dispositivo construido en la universidad pública argentina que en octubre comenzará una misión que busca generar conocimientos, validar tecnología y abrir nuevas oportunidades para la investigación espacial.
El equipo de profesionales y becarios de la UNLP que hizo posible el desarrollo del USAT 1 está integrado de parte del CTA por Sonia Botta, Marcos Actis, David William Rogers, Frida Alfaro Rodríguez, Guillermo Garaventta, Aldana Guilera, Adriana Barba, Guillermina Humbert, Mateo Salvo, Joaquín Brohme, Erick Molina Roche, Celeste Saade Arévalo, Daniel Hamann, Gaspar Ramírez y Julián Crosta.
Asimismo participaron Santiago Rodríguez, Ramón López La Valle, Elián Hanisch, Gabriel Vega Leañez, Ernesto López, Agustín Catellani, Santiago Ozafrain, Ezequiel Marranghelli, Simón Lombardozzo, Francisco Núñez, Germán Scillone, Florencia Ossola, Ignacio Brittez y Julián Encinas.
El lanzamiento del USAT-1 será, al mismo tiempo, la culminación de años de trabajo y el punto de partida para futuras misiones. Su recorrido sintetiza una apuesta de largo plazo: transformar el conocimiento universitario en tecnología, formar equipos especializados y demostrar que la ciencia desarrollada en las universidades argentinas también puede alcanzar el espacio.

















