
El proyecto de investigación que se lleva adelante en el Instituto de Ciencias Criminalísticas y Criminología de la UNNE, busca aportar información sobre las sustancias que se agregan al cannabis en la etapa final de su distribución, un tema del que no existen antecedentes en la región. Se compararán los adulterantes detectados según la zona donde se produjo cada secuestro.
Enzo Joaquín Cantero, estudiante avanzado de la Licenciatura en Ciencias Criminalísticas, lleva adelante una investigación sobre las sustancias que se agregan y adulteran al cannabis que las fuerzas de seguridad secuestra en operativos de narcomenudeo en la ciudad de Corrientes.
El trabajo se titula «Uso de la Microscopía Electrónica de Barrido para la determinación de sustancias adulterantes en muestras de Cannabis sativa L. secuestradas del narcomenudeo en la ciudad de Corrientes» y se desarrolla en el Instituto de Ciencias Criminalísticas y Criminología de la Universidad Nacional del Nordeste, bajo la dirección de la magíster Gisela Forlin y la codirección del magíster Sebastián Streuli.
Cuando el cannabis pasa por las distintas etapas de una red de comercialización, quienes lo distribuyen suelen incorporarle otros materiales para aumentar el peso o el volumen del producto y así vender más cantidad. A esa práctica se la llama adulteración, y a los materiales agregados se los conoce como sustancias de corte o adulterantes.
Según detalla el proyecto, que inició este año, esta práctica se concentra sobre todo en la última etapa de la cadena de distribución, es decir, en la venta al menudeo dentro de los barrios. Por ese motivo, las muestras que se secuestran en la ciudad suelen tener más agregados que las que se incautan en otras etapas del circuito del narcotráfico.
Frecuencia y sustancias
El estudio busca conocer con qué frecuencia y con qué materiales se adultera el cannabis que circula en el narcomenudeo de la ciudad de Corrientes, algo que hasta el momento no cuenta con antecedentes en la región. Según releva el proyecto, los trabajos que existen sobre este tema en el país y en el mundo suelen abordarlo desde la botánica o la medicina, y no desde la investigación criminalística y con fines forenses.
Para lograrlo, el trabajo propone usar Microscopía Electrónica de Barrido, conocida por su sigla MEB. A diferencia de un microscopio óptico, que usa luz para ampliar la imagen de una muestra, este equipo usa un haz de electrones, lo que permite observar la superficie de la muestra con un nivel de aumento mayor.

Con esta herramienta, el becario buscará detectar partículas agregadas al cannabis que, por su tamaño, no se distinguen a simple vista ni con los métodos de análisis que se usan habitualmente en los laboratorios.
Catálogo
El proyecto propone tres metas. La primera es determinar, a partir de la forma de las partículas que se observan en cada muestra, si hay sustancias agregadas al cannabis. La segunda es comparar, mediante estadística, los distintos secuestros entre sí, para establecer si la presencia de esas sustancias varía según el operativo del que provienen. La tercera es armar un catálogo con imágenes de las sustancias que se identifiquen en las muestras.
A partir de estos objetivos, el trabajo plantea dos supuestos que buscará confirmar o descartar. El primero sostiene que las muestras secuestradas dentro de la ciudad de Corrientes contienen más sustancias agregadas que las que se secuestran en zonas rurales. La segunda hipótesis que deberá comprobarse sostiene que la Microscopía Electrónica de Barrido sirve como herramienta para detectar esas sustancias en muestras de cannabis.
Actividades del Plan de trabajo
La investigación parte de muestras de cannabis que provienen de secuestros realizados en operativos de narcomenudeo en la ciudad de Corrientes. Cada muestra pasa por un proceso de preparación y montaje según el protocolo que corresponde. Luego se observa primero con microscopio óptico y después con el microscopio electrónico de barrido, y de cada observación se guarda un registro fotográfico.
Con esas imágenes, se analiza la presencia de partículas agregadas en cada muestra y se compara esa información según la zona donde se produjo el secuestro, mediante un análisis estadístico y cualitativo. Como muestra de referencia para las comparaciones, se usará una muestra de cannabis que fue generada y certificada en un trabajo anterior, realizado durante 2025 en el mismo instituto por la becaria de investigación Andrea Reyna. Ese trabajo previo había analizado muestras secuestradas en zonas rurales de la provincia y en la zona del río Paraná, en el límite con Paraguay.
Las tareas de laboratorio se realizan en el Instituto de Ciencias Criminalísticas y Criminología, mientras que la observación de las muestras con el microscopio electrónico se hace en el Servicio de Microscopía Electrónica de Barrido de la Universidad Nacional del Nordeste.

Aportes que el estudio dejará
Según plantea el grupo de investigación, conocer qué sustancias se usan para adulterar el cannabis en Corrientes puede servir a distintos sectores. En el plano judicial y policial, la información puede usarse en investigaciones sobre casos de narcomenudeo y como aporte para peritajes. En el plano de la salud, permite conocer con qué materiales entra en contacto quien consume el producto adulterado, lo que puede orientar campañas de prevención sobre los riesgos del consumo.
Canteros señala además que el método que utiliza no requiere destruir la muestra, por lo que puede aplicarse en casos donde la evidencia debe conservarse para un proceso judicial. Con ese antecedente, la investigación busca dejar una base de información sobre las prácticas de adulteración en la región, dado que hasta el momento no existen registros sobre ese tema a nivel local.
















