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ENTREVISTA EN RADIO UNNE
Fenómeno El Niño: “Estar informados es fundamental para tomar decisiones. Lo importante es que estamos prevenidos”

Para agosto-septiembre-octubre, el pronóstico del SMN indica una mayor probabilidad de precipitaciones dentro de los valores habituales en el centro-oeste del Chaco y una señal de mayores lluvias hacia el norte del Litoral.

 

El investigador del CONICET en el Centro de Ecología Aplicada del Litoral (CECOAL, UNNE-CONICET), Dr. Juan José Neiff habló en la 99.7, sobre la evolución y las proyecciones del fenómeno El Niño para el período 2026-2027. Analizó las variables que permiten monitorear su comportamiento y sus posibles efectos en el Litoral y destacó la importancia de la información, la planificación hídrica y la preparación de las comunidades ante eventuales episodios de precipitaciones intensas.

Ante el seguimiento de la evolución del fenómeno de “El Niño” por parte de distintos organismos internacionales, entre ellos la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y el Observatorio conformado por la UNNE y la Universidade Federal de Santa María, Radio UNNE dialogó con el Dr. Juan José Neiff, investigador del CONICET en el Centro de Ecología Aplicada del Litoral (CECOAL-UNNE-CONICET), reconocido referente nacional e internacional en ecología de humedales y sistemas fluviales. Si bien las proyecciones ubican el período de mayor intensidad durante los próximos meses, sus efectos podrían extenderse hasta 2027, con la posibilidad de registrar precipitaciones y tormentas de elevada intensidad.

En este contexto, Neiff analizó la evolución de las temperaturas del Pacífico ecuatorial, el calor acumulado en el océano y las posibles repercusiones sobre Corrientes, Chaco y la región. El investigador explicó que una de las variables utilizadas para evaluar la intensidad del fenómeno es la temperatura de la superficie del océano en el Pacífico ecuatorial, particularmente en el área próxima a las costas de Perú y Ecuador. Según los datos mencionados durante la entrevista, “en abril esa temperatura se encontraba 1,7 grados por encima de los valores de referencia durante los últimos 40 de años de referencia, y tiempo después los valores acrecentaron a los 4,2 grados. Esto demuestra lo que ha crecido la temperatura en superficie, pero también la cantidad de calor acumulado que es lo que mide desde la superficie hasta 300 metros de profundidad”.

Ese calor acumulado se mide en los primeros cientos de metros del océano y constituye, de acuerdo con su explicación, una variable vinculada con la disponibilidad de energía para la evaporación y la posterior formación de precipitaciones. En este sentido, Neiff comparó los registros actuales con lo ocurrido entre los años 1982-1983 y 1997-1998, refiriéndose a uno de los episodios que marcaron un punto de inflexión, pero que desembocó en amplias investigaciones. Según estimaciones que pudo sacar en relación a la investigación de estos últimos períodos, “el calor acumulado hasta los 300 metros de profundidad sería hoy superior al observado durante aquellos episodios. La cantidad de calor actual acumulado en el Niño, en la zona próxima a Sudamérica, en el Pacífico, es el 99% más de lo que había en el 82-83”, afirmó.

“Cuando lo comparamos con el niño de 1997-98, que fue el otro niño fuerte, en ese momento fue de 1,79, y nosotros hoy tenemos 3,21. Estos datos de alguna manera, vienen respaldando lo que dicen los medios internacionales, que va a ser un niño de características muy fuertes y va a traer bastante agua a nuestra zona”, puntualizó. Y además, agregó que “según los datos la  observamos que a diferencia de los otros fenómenos registrados este niño es bastante mayor a la que se está previendo en los sistemas internacionales y puede impactar fuertemente en febrero, en el verano”.

Asimismo, el investigador señaló que “en nuestra zona, el niño ha pegado diferente en distintas etapas del proceso. Por ejemplo, en el verano ha pegado fuerte en lo que son las lluvias intensas que hemos tenido, precipitaciones que rondan los 100-200 milímetros en un día, pero las grandes inundaciones que hemos tenido, tanto la de 1982-83 como la de 1997-98, ocurrieron en abril a junio”. Desde este lugar, el especialista opina que “con la cantidad de calor acumulado que hay en el océano pacífico en este momento, a 300 metros de profundidad, hay que pensar que -el fenómeno- va a llegar fácilmente hasta el invierno del año que viene”.

Una de las principales consideraciones planteadas durante la entrevista fue la necesidad de diferenciar entre las características del fenómeno en el Pacífico y la manera en que esas condiciones atmosféricas terminan expresándose en Sudamérica. Desde este lugar, Neiff remarcó que “una cosa es la descripción del fenómeno del Niño a través de las temperaturas del mar en la zona del Pacífico Ecuatorial, y otra es cómo se traslada eso aquí”.

En este marco, el investigador recordó que durante el episodio de 2015-2016 los efectos más importantes en sectores de la región se manifestaron con posterioridad. Mencionó, como ejemplo, precipitaciones registradas en localidades de Corrientes que alcanzaron valores elevados durante pocos días. A partir de esta observación agregó que “el comportamiento actual podría prolongarse más allá de las previsiones iniciales”, y planteó como posible escenario la ocurrencia de períodos de precipitaciones intensas.

“El impacto del Niño no es necesariamente negativo”

El investigador consideró que estos indicadores respaldan la caracterización de El Niño como un fenómeno de fuerte intensidad. Sin embargo, remarcó que sus efectos no se manifiestan de manera homogénea y que pueden variar según la región y la etapa de desarrollo del fenómeno. En este sentido, destacó que “no todas sus consecuencias son negativas” y señaló como ejemplo el posible impacto sobre las poblaciones de peces de la región.

“En nuestra zona trae inundaciones y anegamiento de los campos. A veces se conjugan las dos: inundaciones por desbordes de río y anegamiento, fundamentalmente, por lluvias torrenciales. Ahora, no todos los impactos del Niño son negativos”, explicó Neiff.

“En nuestra zona trae inundaciones y anegamiento de los campos. A veces se conjugan las dos: inundaciones por desbordes de río y anegamiento, fundamentalmente, por lluvias torrenciales. Ahora, no todos los impactos del Niño son negativos”.

El investigador vinculó la situación actual de las poblaciones de peces con el período de sequía registrado durante los últimos años. Según explicó, en los concursos de pesca recreativa se observa una menor oferta, tanto en cantidad como en tamaño, de especies como el dorado y el surubí. “Como consecuencia de un período de muchos años de seca que tuvimos, las poblaciones han reducido su tamaño”, señaló.

Frente a un escenario de mayor disponibilidad de agua, Neiff planteó la posibilidad de una recuperación de estas poblaciones. “Con el Niño vamos a tener una recuperación muy grande, muy importante de las poblaciones de peces, porque la superficie del río durante un período del Niño es más bien mayor de la que tenemos en un período de aguas muy bajas, como se vio en el 2019-2022”, sostuvo.

En esa línea, explicó que una mayor superficie de ambientes acuáticos implica también una ampliación del hábitat disponible para las especies. “El hábitat de los peces es mucho más amplio, más grande, y eso es favorable para lo que es la reposición de las poblaciones de peces”, afirmó.

Neiff extendió esta mirada a otros ecosistemas y recordó que durante el episodio de El Niño de 1997-1998 también se había observado un incremento en la producción de determinadas poblaciones de mariscos, particularmente de mejillones.

“Con el Niño vamos a tener una recuperación muy grande, muy importante de las poblaciones de peces».

De este modo, el investigador planteó que el impacto del fenómeno debe analizarse desde una perspectiva integral, diferenciando sus efectos sobre los ecosistemas de aquellos que puede generar sobre las poblaciones humanas. “Los que vamos a sufrir el impacto del Niño son siempre las poblaciones humanas porque no estamos generalmente adaptados a este tipo de eventos, que en realidad no son eventos, son fenómenos extraordinarios de la naturaleza”, enfatizó.

Repercusiones en las localidades por un tiempo más prolongado

Ante la consulta sobre cómo podría manifestarse el fenómeno en la región, si a través de lluvias torrenciales, precipitaciones más frecuentes o una combinación de ambas, Neiff sostuvo que se trata de “un combo”. El especialista explicó que la respuesta de la región no necesariamente coincide temporalmente con el comportamiento observado en el Pacífico ecuatorial y recordó como antecedente el episodio de El Niño 2015-2016, cuyos efectos en esta zona se hicieron sentir posteriormente.

“En el Niño de 2015-2016, nosotros sentimos los impactos de ese Niño recién en marzo y abril de 2017, con lluvias en Verón de Estrada de 560 milímetros en tres días, con lluvias en Goya muy importantes de 300-350 milímetros. O sea, muy tardíamente llegó a nuestra zona”, señaló.

A partir de este antecedente y de la cantidad de calor acumulado actualmente en el océano Pacífico, el investigador consideró que el fenómeno podría extender sus efectos durante un período más prolongado. En ese marco, planteó como uno de los escenarios posibles la ocurrencia de precipitaciones de gran intensidad y concentradas en períodos breves.

“Con semejante cantidad de calor acumulado en el mar, esto viene a durar un tiempo más largo de lo que estamos viviendo”, sostuvo Neiff. Y agregó que entre las características que podrían presentarse se encuentra la posibilidad de que “llueva 300 milímetros en pocas horas y de seguido”, un escenario que, recordó, ya se registró en la región durante episodios anteriores. El impacto final de las lluvias en el Litoral no dependerá únicamente de su intensidad, sino también de su distribución temporal, el drenaje, las condiciones previas del suelo y los niveles de los principales cursos de agua.

Al mismo tiempo, valoró los avances que se vienen realizando en materia de planificación hídrica en Corrientes, Misiones y el sur de Brasil. Mencionó trabajos vinculados con desagües, arroyos, rutas y puentes, así como el desarrollo de herramientas destinadas a identificar niveles de vulnerabilidad. En este sentido, destacó que “estamos más prevenidos. Ahora tengamos en cuenta que nosotros vivimos en una llanura. Acá las pendientes son en orden de un metro en dos kilómetros, un metro en tres kilómetros. Eso significa que no hay capacidad de evacuación. Entonces, una lluvia superior a 70, 80 milímetros, ya nos plantea el agua de cordón a cordón”, advirtió.

En este punto, destacó la importancia de contar con información territorial accesible para la ciudadanía, que permita conocer las condiciones de cada zona y realizar un seguimiento de la evolución de los fenómenos.

Las consecuencias de un sistema de drenaje condicionado

Uno de los aspectos destacados por Neiff fue la interacción entre las precipitaciones locales y los niveles de los ríos Paraná y Uruguay. Cuando los grandes cursos de agua presentan niveles elevados -explicó-, los arroyos regionales pueden encontrar dificultades para evacuar el agua proveniente de las lluvias. En determinadas circunstancias, incluso puede producirse un fenómeno de retroceso del escurrimiento.

“El problema son los finales de estos niños porque los arroyos regionales, los arroyos de Corrientes y del Chaco, encuentran el desagüe taponado porque el río Paraná o el Uruguay están en aguas altas. Entonces, incluso los arroyos, no solamente que no pueden desaguar la cantidad de lluvia que cae en Corrientes y Chaco, sino que incluso corren hacia atrás. Eso lo vimos en el 97, 99”, señaló.

En este sentido, el comportamiento del fenómeno no puede analizarse únicamente a partir de las lluvias que se registren sobre la zona. También resulta necesario considerar las condiciones hidrológicas de las cuencas aguas arriba y el estado de los grandes ríos regionales.

El papel de las represas

Consultado específicamente por el comportamiento de las represas frente a un escenario de crecientes, Neiff explicó que es necesario distinguir entre los distintos tipos de infraestructura y su capacidad de almacenamiento. En relación a Yacyretá señaló: “que no tiene capacidad de acumulación de agua. Lo que entra, sale”. Según detalló, cuando el caudal supera el nivel admitido por la represa, “se abren los vertederos y comienza a escurrir el agua hacia abajo”.

El investigador señaló que las represas cumplen un papel en la regulación de los escurrimientos, aunque consideró que esa función adquiere particular relevancia durante los períodos de aguas bajas. En ese sentido, explicó que las represas del Paraná pueden contribuir a moderar la magnitud de las bajantes.

Como ejemplo, mencionó el comportamiento de Itaipú durante la bajante de 2020-2021, cuando, según relató, se liberó agua para favorecer la navegación y el transporte de cereales y minerales desde Paraguay. Para Neiff, esta capacidad de regulación adquiere mayores limitaciones frente a escenarios de crecientes, debido al volumen de agua involucrado.

“En las crecientes es muy difícil porque la cantidad de agua que viene es enorme”, explicó. A partir de esta consideración, sostuvo que incluso la incorporación de un mayor número de represas sobre el río Paraná no permitiría, por sí sola, controlar una inundación de las dimensiones registradas durante episodios históricos como el de 1982-1983.

Un fenómeno global con efectos regionales

Durante la entrevista, Neiff también explicó por qué las condiciones del océano Pacífico pueden tener consecuencias sobre territorios ubicados a miles de kilómetros de distancia. El investigador destacó la enorme superficie del Pacífico y su influencia sobre los sistemas atmosféricos.

Según señaló, “el Pacífico representa una superficie mayor que la superficie de todos los continentes juntos. O sea, el Pacífico tiene además el 46% de la superficie de todos los océanos, el Atlántico tiene el 29%. Entonces, lo que ocurre en el Pacífico, que es un océano que tiene de Este a Oeste 19.000 mil kilómetros de extensión tiene un efecto muy grande sobre los continentes. Entonces, se viene observando el comportamiento del Niño de manera sistemática desde 1984”, aclaró.

Como dato de color, el investigador explicó cómo surgió el fenómeno en cuestión: “quien le dio el nombre de El Niño al fenómeno fue el médico peruano Luis Carranza Ayarza (quien estudió su comportamiento en 1891 y observó cómo una corriente de agua cálida se aproximaba a las costas de Perú, provocando importantes inundaciones. Si bien el fenómeno es conocido desde hace mucho tiempo, su estudio sistemático comenzó a desarrollarse a partir de 1984, mediante el monitoreo de las temperaturas del mar a distintas profundidades, que pueden alcanzar los 300 o 400 metros”

El seguimiento sistemático de estas variables, explicó, permite observar la evolución del fenómeno y elaborar proyecciones sobre su posible comportamiento.

En consecuencia, consideró que los pronósticos elaborados por organismos internacionales deben ser interpretados dentro de los márgenes de incertidumbre propios de este tipo de fenómenos. Esta perspectiva introduce un elemento central: la existencia de un pronóstico no implica que todos los impactos puedan determinarse con precisión ni que el comportamiento vaya a ser idéntico al de episodios anteriores. Por eso, hizo hincapié en que “estar informados es fundamental para tomar decisiones”, enfatizó.

Preparación, información y planificación

Frente a la posibilidad de períodos de precipitaciones intensas, Neiff puso el foco en la preparación de la población y en la capacidad de las instituciones para anticipar escenarios de riesgo. Para los vecinos, recomendó recuperar la memoria de episodios anteriores, es decir, en aquellos fenómenos del 97, 98, 88 y 83: “imagínese lo que pasó entonces, haga memoria hacia atrás, de cuáles fueron los problemas que tuvo. Si tuvo maneras de ir al trabajo, a acceder a alimentos, medicamentos, si es una persona mayor en la familia, piense en los centros que pueda tener más cerca”. De esta manera la recapitulación de algunas experiencias, permiten tomar mejores decisiones.

Respecto al trabajo que vienen realizando con el gobierno de la provincia de Corrientes, mencionó “que lo ve muy bien en el sentido en que se está trabajando mucho en los mecanismos de información de la gente. Además desde la dirección de Ciencia Civil van a implementar un software que va a estar disponible para toda la gente, donde cada zona va a estar catalogada de acuerdo al grado de vulnerabilidad del fenómeno. Se va a poder hacer el seguimiento. Con el trabajo del plan hídrico que viene realizando, estamos prevenidos y lo importante siempre es estar informados”, concluyó.

El análisis de Neiff plantea que comprender los posibles impactos de El Niño requiere ir más allá de la medición de las temperaturas del océano. La intensidad y duración del fenómeno constituyen variables relevantes, pero sus consecuencias dependen también de las características de las cuencas, los niveles de los grandes ríos, la infraestructura disponible y el grado de preparación de las comunidades.

Desde esta perspectiva, la información científica, la planificación territorial y los sistemas de alerta aparecen como herramientas centrales para reducir la vulnerabilidad frente a eventos extremos como estos.

“estar informados es fundamental para tomar decisiones”.