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NUEVOS CONOCIMIENTOS
Miden el efecto de noches cálidas en el rendimiento de la soja

De izquierda a derecha, el doctor Nicolas Neiff, el Ing. Agr. Federico Nalli y la Dra. Constanza Carrera. Días previos al inicio de los tratamientos de incremento de temperatura.

Un trabajo publicado en el Journal of Agronomy and Crop Science, con participación de investigadores de la UNNE, el CONICET, la UNC y el INTA, midió a campo el efecto de las noches cálidas y las olas de calor sobre el rendimiento de soja durante la fructificación del cultivo. Los resultados muestran que el calor nocturno reduce el rendimiento en una proporción similar a la que provoca la combinación de calor diurno y nocturno.

 

Un estudio realizado a campo por investigadores de la UNNE, el CONICET, la UNC y el INTA determinó que las noches cálidas durante la fructificación de soja bajan el rendimiento del cultivo en una proporción similar a la provocada por la combinación de calor diurno y nocturno. El trabajo fue publicado recientemente en el Journal of Agronomy and Crop Science.

El cambio climático consolidó sobre todo en el NEA un aumento de la temperatura durante el día y también durante la noche. Este segundo fenómeno recibe menos atención en la investigación agrícola, aunque ocurre con frecuencia creciente en las zonas productoras de soja.

La etapa de fructificación, en la que la soja genera el número de granos es una de las más críticas para la determinación del rendimiento del cultivo. Un exceso de calor diurno y/o nocturno en dicho momento del ciclo, puede afectar el número de granos que se cosechan por hectárea.

Hasta el momento, la mayor parte de los estudios sobre el tema se hicieron en cámaras de crecimiento es decir, en condiciones ambientales controladas. El grupo de investigación, integrado por el ingeniero agrónomo Federico David Nalli Sonzogni y los Dres. Belén Araceli Kettler (Profesora UNNE y postdoc CONICET), Nicolás Neiff (Director del Centro de Ecofisiología Vegetal, FCA-UNNE) y Constanza Carrera (CONICET- INTA y Coordinadora del Área de Ecofisiología de Cultivos FCA-UNC), llevó los experimentos a campo, exponiendo al cultivo a variaciones reales del ambiente.

Condiciones de Campo. Los investigadores realizaron dos experimentos a campo. En cada uno, usaron invernáculos cubiertos con polietileno transparente (igual al empleado en producción hortícola) para generar tres condiciones térmicas distintas durante siete a diez días, a partir del momento en que el cultivo completó la formación de sus vainas:

Noches cálidas: aumento de la temperatura entre las 19 y las 7 horas.

Días y noches cálidas: aumento de la temperatura entre las 10 y las 16 horas, sumado al aumento nocturno.

Testigo: parcelas expuestas a la temperatura ambiente.

Los invernáculos elevaron la temperatura mínima (durante la noche) alrededor de 3ºC y la máxima (durante el día) alrededor de 7ºC en relación al testigo (en promedio entre los dos experimentos).

Vista interior de un invernáculo sembrado con soja, donde el cultivo se encuentra en etapas tempranas de su ciclo.

Rendimiento. Las noches cálidas, independientes o combinadas con olas de calor, redujeron el rendimiento entre un 30 % y un 36 % respecto al testigo (545,5 g m-2). Esta caída estuvo relacionada principalmente a una disminución del número de granos por m2 producidas, sin cambios consistentes en el peso individual de los granos a través de ambos experimentos.

A su vez, el número de vainas por unidad de superficie, la biomasa acumulada y la tasa de crecimiento del cultivo explicaron las variaciones en el número de granos bajo noches cálidas independientes o combinadas con olas de calor.

Carga Térmica. Los autores construyeron un valor al que llamaron carga térmica, que resume cuánto calor superó, y durante cuánto tiempo, un umbral de 26 grados de temperatura media, considerado óptimo para el cultivo. Este valor permitió anticipar el rendimiento y sus componentes con un grado de precisión alto: explicó entre el 54 % y el 79 % de las variaciones registradas en el rendimiento, el número de granos, la tasa de crecimiento del cultivo y el aprovechamiento de la luz solar.

Efecto del calor nocturno. Una de las conclusiones centrales del trabajo es que combinar días y noches cálidos no produjo una pérdida mayor a la que produjo el calor nocturno por sí solo. Es decir, agregar calor durante el día a un escenario de noches cálidas no empeoró el resultado. Este efecto fue atribuido a que el calor nocturno se extendió durante más horas que el diurno (12 horas frente a 6 horas por día) y representó la mayor parte de la carga térmica total aplicada. Por ese motivo, concluyen que el efecto del calor nocturno predominó sobre el del calor diurno cuando ambos se combinaron.

Vista frontal de las unidades experimentales (invernáculos cubiertos de polietileno transparente).

Conclusiones del estudio: Las noches cálidas, solas o combinadas con olas de calor, bajan el rendimiento de soja en una magnitud similar entre sí durante la fructificación del cultivo. Esa baja se explica principalmente por un menor número de granos, y no por cambios en el peso individual de cada grano.

El menor número de granos se relaciona con una menor acumulación de materia vegetal, originada en una menor tasa de crecimiento del cultivo, a su vez asociada a un menor aprovechamiento de la luz solar.

El artículo destaca además de que no se registran efectos aditivos entre el calor diurno y el nocturno: el calor nocturno domina el resultado.

La carga térmica —el valor que combina intensidad y duración del calor por encima de los 26 grados— funciona como un indicador que anticipa con precisión las pérdidas de rendimiento.

Este, según el conocimiento de los autores, es el primer estudio a campo que documenta el efecto de breves episodios de incrementos térmicos nocturnos individuales o combinados con olas de calor sobre la acumulación de biomasa durante la etapa de fructificación del cultivo de soja.

Estos resultados aportan información para diseñar estrategias de manejo de dicho cultivo frente a escenarios que combinan incrementos térmicos nocturnos con olas de calor, y para alimentar modelos que estiman pérdidas de cosecha en regiones expuestas a este tipo de estreses térmicos.

El equipo de investigadores plantea, además, la necesidad de seguir indagando acerca de los mecanismos ecofisiológicos explican las respuestas del cultivo, en particular los vinculados a la producción (fotosíntesis) y el consumo (respiración) de fotoasimilados durante la etapa más crítica para la determinación del principal componente que explica las variaciones del rendimiento del cultivo, es decir el número de granos.