Los efectos del Fenómeno del Niño, como inundaciones por crecidas de ríos y precipitaciones, tiene también consecuencias para la fauna silvestre. Especialistas de la UNNE explican los principales riesgos para distintos grupos de animales de la región, desde estrés fisiológico, agotamiento físico, lesiones, enfermedades parasitarias y hasta la posibilidad de muerte por ahogamiento, inanición y atropellamientos.
Las inundaciones en la región nordeste están visibilizando casos recurrentes de aparición de animales silvestres en zonas urbanas o habitadas, y los riesgos que implican para las personas.
Este desplazamiento forzado de animales, en busca de refugio y alimentos, constituye una expresión de la problemática a la que se enfrenta la fauna silvestre por el intenso, y en algunos casos repentino, cambio de los escenarios naturales en los que habitan.
UNNE Medios consultó a especialistas de distintas áreas de la Universidad, quienes coincidieron que el Fenómeno del Niño tiene algunos efectos positivos para la fauna y los ecosistemas, pero los impactos negativos son más relevantes.
Cambio de Hábitats
“El problema principal de las crecidas y el exceso hídrico en zonas rurales y naturales es que reducen en forma drástica las áreas de refugio, alimentación y desplazamiento de los animales”, explicó el Dr. Martin M. Kowalewski, director de la Estación Biológica Corrientes (EBCo), del Centro de Ecología Aplicada del Litoral (CONICET-UNNE) y docente de “Ecología de Comportamiento Animal” en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales y Agrimensura de la UNNE (FaCENA).
Señaló que este cambio en las condiciones ambientales genera un aumento en el estrés fisiológico, agotamiento físico, riesgo de ahogamiento, inanición y atropellamientos en caminos altos para diversas especies.
Los grupos más expuestos son los mamíferos medianos y pequeños de hábitos terrestres, como ciervo de los pantanos, guazuncho, carpincho, zorro gris, zorro de monte, el mono carayá, y el aguará guazú entre otros monumentos provinciales, así como los reptiles y anfibios cuyos lugares de descanso, toma de sol o sitios de nidificación quedan totalmente anegados.
“Aunque no es posible modificar la dinámica del río o de inundaciones, se pueden implementar medidas preventivas de bajo impacto como la protección y resguardo de cordones forestales altos de monte nativo, avisos para el tráfico vehicular en caminos más altos (cartelerías, avisos, campañas de difusión) para evitar atropellamientos de animales desplazados, y la habilitación de vías de escape o estructuras de cruce en puntos críticos” resaltó.
Señaló que el riesgo sanitario aumenta considerablemente, ya que, al concentrarse los animales en superficies muy reducidas, como albardones o lomadas, se incrementa la densidad poblacional temporal y el contacto estrecho, lo que facilita la propagación de ectoparásitos, patógenos gastrointestinales y enfermedades zoonóticas, sumado al debilitamiento de su sistema inmunológico.
La duración del fenómeno es un factor crítico, debido a que una crecida prolongada agota por completo las reservas energéticas de los animales, impide los ciclos normales de reproducción y la recuperación de la vegetación, y eleva exponencialmente las tasas de mortalidad por inanición, estrés ambiental o depredación.
“La sociedad puede actuar adoptando una actitud de precaución y empatía, priorizando evitar la caza furtiva, el hostigamiento o la captura de animales acorralados o desplazados hacia áreas periurbanas y rutas, y dando aviso inmediato”, manifestó.
Mirar el lado positivo
Según el Dr. Kowalewski, a pesar de los impactos negativos inmediatos, los pulsos de inundación como el que se está registrando actualmente cumplen funciones ecológicas a largo plazo, permitiendo la renovación de nutrientes, limpiando y reconectando cuerpos de agua estancados, favoreciendo la dispersión de semillas mediante y reestructurando los hábitats naturales para dinamizar el equilibrio general de los ecosistemas.
Agregó que la visibilización de fauna se puede utilizar para el desarrollo de campañas de conservación.
Consideró que la duración, la frecuencia y la intensidad de estos fenómenos se potencian con la acción humana sobre los ecosistemas, pues “los cambios que causamos en el medio ambiente actúan como un amplificador que transforma un evento natural en una verdadera crisis regional”.
“El problema principal de las crecidas y el exceso hídrico en zonas rurales y naturales es que reducen en forma drástica las áreas de refugio, alimentación y desplazamiento de los animales”
Impactos diversos en la fauna
“Los efectos del fenómeno del niño sobre la fauna son contrapuestos, pudiendo beneficiar a algunas especies, pero produciendo impactos negativos en mayor medida”, opinó por su parte el Dr. Rodrigo Cajade, Investigador Adjunto de CONICET en el Laboratorio de Investigaciones en Diversidad, Ecología y Conservación de Vertebrados de FaCENA-UNNE, y docente del Departamento de Biología.
En cuanto a los impactos para las distintas especies o grupos de animales, mencionó que en el caso de las aves las inundaciones por crecidas de los ríos o saturación hídrica de los suelos pueden beneficiar temporalmente a las aves acuáticas (cigüeñas, garzas, cuervillos, patos) en su movilidad y ampliación de recursos.
Pero aquellas aves asociadas a cuerpos de agua que habitan en la vegetación baja presente en valles de inundación y humedales como pajonales y cañadas pueden verse perjudicadas por la pérdida de posaderos, sitios de descanso y sitios de nidificación, así como incluso la pérdida de nidadas al quedar bajo las aguas por el anegamiento repentino.
Para los anfibios al comienzo pueden experimentar un crecimiento poblacional repentino beneficiado por la abundancia y diversidad de sitios para reproducirse. Pero de extenderse en el tiempo las condiciones de exceso hídrico en el ambiente también pueden tener consecuencias negativas por la lixiviación de agroquímicos y sedimentos desde zonas rurales que alteran los parámetros fisicoquímicos del agua, favoreciendo la proliferación de patógenos y la pérdida masiva de larvas (renacuajos).
Por su parte, para los reptiles (serpientes, lagartos, tortugas y yacarés) sucede algo parecido, inicialmente las inundaciones representan nuevas vías de comunicación y traslado para la dispersión y colonización de nuevas áreas, pero también se ven afectados por la pérdida se sitios de termorregulación (sitios para asolearse) y refugios bajo tierra o troncos.
Ahí es que las serpientes y lagartos se ven obligados a desplazarse, lo que incrementa el potencial contacto con la población humana y el conflicto por el temor que estos animales generan.
Prevenir es clave
La mejor prevención para estos casos es estar preparados para la asistencia de los animales que se verán afectados y para los conflictos causados por el contacto entre las personas y la fauna, porque se sucederán y en gran medida.
Detalló que “esto significa preparar los recursos necesarios tanto de los centros de asistencia para fauna como los centros sanitarios para los ciudadanos”.
También será importante trabajar en red con los grupos de especialistas de fauna en las universidades porque estas ocasiones representan siempre oportunidades para el registro de especies raras y poco conocidas que aparecen accidentalmente.
“Los efectos del fenómeno del niño sobre la fauna son contrapuestos, pudiendo beneficiar a algunas especies, pero produciendo impactos negativos en mayor medida”
Serpientes, un grupo vulnerable
Las serpientes constituyen uno de los grupos de la fauna silvestre de mayor, y se genera un desplazamiento forzado de las distintas especies, hacia lugares habitados o edificados, en busca de lugares elevados, secos y oscuros.
La Mgter. María Lucía Bustos, del Centro Interactivo de Serpientes Venenosas de Argentina (CISVA), de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UNNE, explicó que la crecida de ríos o anegamientos de zonas naturales afectan a las distintas especies de serpientes, pero de forma diferente.
Las serpientes arborícolas pueden alimentarse de aves, pero en algún momento deberán bajar a alimentarse, pues necesitan también otros tipos de presas, o necesitarán a otro ejemplar de su misma especie.
La «lampalagua», que vive en el agua y en los árboles, ante una inundación puede sobrevivir con más probabilidad, pero se quedará sin presas, y además no es lo mismo para una especie arborícola sumergirse en un río que en una zona inundada que es un ambiente alterado.
Las serpientes en situación más complicada son las especies puramente terrestres, grupo donde están las más venenosas de Argentina, «es decir que las serpientes más venenosas serán las que más se van a trasladar ante las inundaciones”.
Las yararás pueden trepar a árboles o lugares no muy elevados, pero no es lo más frecuente, y cuando hay una inundación se quedan sin hábitat, sin presa, sin refugio, sin lugar para parir, y también sin ejemplares de su misma especie para reproducirse.
Más crítico aún es el caso de las corales, las más venenosas, que son fosoriales, pues se refugian bajo la tierra, por lo que se quedan sin su hábitat. Además, son ofiófagas u ofidiófagas, se alimentan de serpientes, y como la mayoría de las serpientes estarán buscando refugio, a las corales se les complicará conseguir alimentos.
Además del riesgo de mortandad por falta de presas y refugios, las serpientes también pueden morir ahogadas.
Las cascabeles, las boas curiyú o boas lampalagua, son muy buenas nadadoras, pero sólo un tiempo podrían sobrevivir nadando hasta algún lugar seco o alto antes de agotarse, mientras que las culebras, yararás y corales, no son buenas nadadoras, por lo que pueden subsistir muy poco tiempo en el agua.
La Mgter. Bustos explicó que esta primera etapa del Fenómeno del Niño coincide con una época crítica para las serpientes en la región noreste, pues es un periodo del año en la se alimentan más, se reproducen más y paren sus crías.
“A diferencia de otros animales, las serpientes no tienen la capacidad de percibir el retroceso de las aguas, por lo que, cuando las aguas bajen, es posible que los ejemplares permanezcan más tiempo en los nuevos espacios que busquen como refugio, y de allí la importancia de extremar los cuidados para evitar su presencia y posibles accidentes”.
CUIDADOS DE LA SOCIEDAD
Para el grupo de especialistas de la UNNE consultados, ante la presencia de fauna silvestre se aconseja mantener la calma y distancia, y llamar a las instituciones y personas preparadas para actuar, como ser el Centro de Conservación de Fauna Silvestre “Aguará”.
Catalina Mancedo, coordinadora del área de difusión y educación del Centro de Conservación Aguará, coincidió con el aporte de especialistas de la Universidad en visibilizar los riesgos del Fenómeno del Niño para la fauna silvestre.
Comentó que en las últimas semanas se registró un notorio incrementó de los avisos, principalmente en zonas costeras urbanas y suburbanas, y señaló que “sea el animal que sea, siempre la primera medida debe ser avisar al equipo de rescate”.
Explicó que en algunos casos se procederá al rescate y reubicación, pero también se puede decidir mantener a los ejemplares en los lugares en que se encuentran si no representan un peligro inmediato para la comunidad.
“La preocupación de la sociedad por ayudar a los animales no debe terminar siendo una forma de molestarlos o perjudicarlos”, señaló y agregó que “una captura errónea puede salir mal y dañar al animal”.
Detalló que muchas especies del río pueden acercarse a la costa a descansar antes de seguir su trayecto. Pero si se ven obligados, por miedo, a reingresar antes al agua, se los puede exponer a morir ahogados por agotamiento.
Comentó que se registraron casos de personas alimentando a lobitos de río con alimentos no acordes a la especie, de espantando yacarés, e incluso para algunas especies, como los cérvidos, que las personas se acerquen a sacarles fotos pueden constituir acciones estresantes que terminen por espantarlos, afectando su bienestar.
“Estas situaciones traen muchas consecuencias y deja visible qué aspectos debemos seguir ajustando la tarea de educación ambiental”.
También hizo un llamado a evitar el acercamiento entre mascotas y la fauna silvestre, y comentó que en la actividad cotidiana del Centro Aguará el mayor ingreso de animales silvestre lesionados es por ataque de perros.
Para concluir, comparó la situación actual, de presencia de animales en lugares poco comunes, con los incendios de los años 2021-2022, eventos en los cuales queda expuesta la necesidad de seguir trabajando en educación ambiental, “porque conociendo a nuestras especies y sus conductas, sabremos cómo reaccionar para cuidarnos nosotros y también a los animales”.
- Ante la presencia de fauna silvestre llamar al 3794-048487 (Centro de Conservación Aguará) o al 911 (Emergencias).






















