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EDUCACIÓN Y APRENDIZAJE
Rendimiento educativo: “Los chicos tienen que usar el cerebro en vez de delegar todo a la inteligencia artificial o a los dispositivos”

 

Un estudio de la Universidad Austral detectó una caída de 8,4 puntos en el desempeño verbal de estudiantes de entre 8 y 15 años evaluados entre 2013 y 2023. A este retroceso se suma la creciente presencia de dispositivos digitales en las aulas y su asociación con mayores niveles de dispersión. Sobre estos resultados y los desafíos que plantea para el aprendizaje, Radio UNNE dialogó con la Dra. Rocío González, especialista en Neurociencias. 

El rendimiento cognitivo en los estudiantes mostró un importante retroceso en los últimos diez años. El escenario compromete múltiples aspectos, entre los que se destaca la incidencia de dispositivos electrónicos en las clases, así como el contexto social, familiar y económico del que provienen los chicos.  

La preocupación surge a partir de un reciente informe de la Universidad Austral, que analizó a 849 estudiantes de entre 8 y 15 años y encontró que quienes fueron evaluados en 2023 obtuvieron, en promedio, 3,6 puntos menos de coeficiente intelectual total que los estudiantes evaluados en 2013. Este informe se enfocó principalmente en las habilidades verbales, cuyo promedio pasó de 99,4 puntos en 2013 a 91,03 en 2023, una caída de 8,4 puntos.

Ante este contexto, en la Radio de la Universidad se consultó  a Rocío González, doctora en Neurociencias e investigadora de la Universidad Austral, quien, destacó -en primer lugar- que este resultado constituye una señal que obliga a volver a poner el foco en la educación. “Estos son datos que alarman y nos ponen en agenda una temática importante, que es la educación”, dijo y destacó que “nuestro estudio complementa el refuerzo de los resultados que ya se realizaron con las pruebas PISA y son un sondeo de qué es lo que está pasando a nivel mundial”.

Dra. Rocío González, especialista en Neurociencias.
Dra. Rocío González, especialista en Neurociencias.

Centrándose en el informe, la investigadora explicó que el trabajo buscó observar qué había ocurrido con las capacidades intelectuales de distintas generaciones de estudiantes durante un período de diez años. El estudio tomó mediciones de 2013, 2019 y 2023 y puso especial atención en generaciones consideradas nativas digitales, que son las generaciones “alfa” y “zeta”. El punto de referencia utilizado fue el denominado efecto Flynn, una tendencia observada históricamente según la cual las puntuaciones de inteligencia aumentaban aproximadamente entre dos y tres puntos por década. Sin embargo, esa tendencia comenzó a mostrar signos de desaceleración o estancamiento en distintos países. En Argentina, el estudio encontró algo diferente: la capacidad verbal no solamente dejó de aumentar, sino que retrocedió.

Retroceso verbal y desigualdad educativa: las claves del informe 

Uno de los puntos centrales del informe fue la caída de 8,4 en habilidades verbales. Este aspecto demuestra precisamente “una debilidad con el vocabulario, con la capacidad de comprender textos y el mundo”, remarcó González. Desde este lugar, la especialista destacó que “las habilidades verbales están vinculadas al caudal de información que hay en la actualidad, a la capacidad de poca retención por la era virtual en la que estamos, y la habilidad de incorporar conocimientos, interpretando textos, ideas y construir razonamiento durante este proceso”.

Asimismo, el estudio destacó la diferencia del rendimiento de alumnos que iban a escuelas públicas y privadas durante el 2023. En este caso se analizaron 89 alumnos de escuelas públicas y 184 de escuelas privadas, de entre 10 y 12 años, pertenecientes a la provincia de Buenos Aires, y ante los resultados de esta diferencia, la especialista destacó que “la brecha que encontramos es muy significativa, pero sería un error interpretarla como un efecto directo de la escuela pública o privada”.

La explicación, según el estudio, debe buscarse en un entramado más amplio que incluye condiciones socioeconómicas, familiares, educativas y contextuales. En este marco, los resultados de PISA (Programme for International Student Assessment) muestran también diferencias vinculadas con el nivel socioeconómico: los estudiantes argentinos de mayor nivel socioeconómico obtienen entre 76 y 82 puntos más que los de clases más bajas.

“A mí me resultó muy alarmante el dato de que los estudiantes del nivel socioeconómico más alto de Argentina, puntúan en ciencia igual que los del nivel socioeconómico más bajo de Reino Unido. Entonces tenemos una diferencia muy grande y la brecha entre escuela pública y privada ahí son de 90 puntos”, sostuvo González.

Matemática, Lectura y Ciencias en baja: el impacto de la distracción digital en las aulas 

Otro de los aspectos preocupantes tiene que ver con el rendimiento en materias como Matemática, Lectura y Ciencias. Respecto al área de las Matemáticas, casi 8 de cada 10 estudiantes argentinos no alcanzan los niveles mínimos de desempeño y apenas 0,4% llega a los niveles 5 y 6, correspondientes a los desempeños más elevados. Además, el puntaje argentino cayó 11 puntos respecto de 2022.

En Lectura, el descenso fue de 12 puntos y 6 de cada 10 estudiantes no alcanzan las competencias mínimas.

En Ciencias, la caída fue de 13 puntos, con una proporción similar de estudiantes que tampoco llega al nivel mínimo.

Para González, la coincidencia entre los distintos indicadores permite dimensionar un problema que no puede reducirse a una sola materia o habilidad. En esta misma línea destacó que, “tanto nuestro estudio como el de PISA reflejan una foto de lo que está sucediendo actualmente. Pero el factor más preocupante tiene que ver con la incidencia de la tecnología no solamente en el ámbito académico sino doméstico, al momento de hacer las tareas”. Bajo este concepto, la especialista añadió que, “el principal problema es que las tics se están usando como herramientas centrales y no periféricas y esto disminuye drásticamente el rendimiento académico”.

«El factor más preocupante tiene que ver con la incidencia de la tecnología no solamente en el ámbito académico sino doméstico, al momento de hacer las tareas».

De acuerdo con los datos PISA 2025, el 55,4% de los estudiantes argentinos afirma que sus compañeros se distraen con dispositivos digitales durante la mayoría o todas las clases de Ciencias. El porcentaje prácticamente duplica el promedio y ubica a Argentina en el segundo lugar entre 83 países y economías evaluados en este indicador.

Además, los estudiantes argentinos utilizan dispositivos con fines recreativos durante 1,6 horas diarias de la jornada escolar, frente a 1,1 horas en el promedio de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos).

A nivel internacional, los estudiantes que reportan este tipo de distracción obtienen, en promedio, 11 puntos menos en Ciencias, aun considerando su perfil socioeconómico.

“el principal problema es que las tics se están usando como herramientas centrales y no periféricas y esto disminuye drásticamente el rendimiento académico”.

González aclaró que ni el estudio de la Universidad Austral ni el PISA permiten afirmar que la tecnología sea, por sí misma, la causa del deterioro observado. Pero sí existe, explicó, una asociación que merece ser estudiada. “No solamente porque los estudiantes usan mucho la inteligencia artificial o las tecnologías durante las clases sino porque somos el segundo país en el mundo con mayor distractividad por el uso de dispositivos móviles en la clase misma”, señaló.

La discusión, por lo tanto, no debería plantearse simplemente entre tecnología sí o tecnología no. El propio informe sostiene que el problema está en cómo se utiliza la tecnología y qué procesos cognitivos promueve o desplaza.

«somos el segundo país en el mundo con mayor distractividad por el uso de dispositivos móviles en la clase misma”.

¿Tecnología para pensar o tecnología para delegar?

Uno de los puntos centrales planteados por González es el riesgo de que la tecnología deje de ser una herramienta y pase a reemplazar procesos que los estudiantes necesitan desarrollar. “La idea sería usar el cerebro en vez de delegar todo a la inteligencia artificial o a los dispositivos”, planteó.

Además, la Dra. Gonzaléz agregó que hay que tener en cuenta que “los chicos pasan muchas horas conectados al teléfono y se utiliza mucho la IA para tareas escolares. Y las pruebas PISA, justamente presentan un mejor rendimiento en todas las áreas para aquellas personas que no usan la IA”.

«La idea sería usar el cerebro en vez de delegar todo a la inteligencia artificial o a los dispositivos”

La investigadora propone, en ese sentido, avanzar hacia una alfabetización digital que no consista únicamente en saber utilizar herramientas tecnológicas, sino en aprender a analizar la información que circula a través de ellas. “Esto implica enseñar e incentivar a los chicos que puedan distinguir fuentes confiables, detectar manipulación, formular preguntas, contrastar información y construir argumentos, razonar. Tenemos que invitarlos a pensar”.

“los chicos pasan muchas horas conectados al teléfono y se utiliza mucho la IA para tareas escolares».

Si bien las nuevas tics inciden en el rendimiento escolar, produciéndose una caída voluptuosa, la investigadora insiste que para analizar las dificultades de aprendizaje se debe ampliar las miradas hacia las desigualdades educativas que también son factores significativos.

Alfabetización digital y lectura como herramientas de recuperación

Frente a este escenario, González identifica también algunos puntos sobre los cuales la familia puede intervenir ante esta realidad. Entre ellos destaca los programas de alfabetización y la lectura como herramienta central.

“En este escenario, la lectura es un recurso súper importante para el desarrollo cerebral”, afirmó González.

“En este escenario, la lectura es un recurso súper importante para el desarrollo cerebral”.

Una de las claves es pasar de un uso pasivo de las pantallas a un uso activo. “Hay que regular un poco el uso de la tecnología. Una cosa es que los chicos usen la tecnología como consumidores pasivos, estén horas y horas mirando videos de TikTok, Instagram, lo que sea, y su cerebro en ese estado esté en sedentarismo cognitivo. Y otra muy diferente es que usan la tecnología como usuarios activos, para crear cosas”, explicó.

Según la doctora, la propuesta concreta que debe iniciar en el entorno familiar incluye investigar temas de lo digital, explicar lo aprendido, escribir, contar historias, formular argumentos y preguntarse por la evidencia que sostiene una determinada afirmación.

Además, destacó recuperar conversaciones cotidianas que obliguen a los chicos a desarrollar ideas y expresarlas con sus propias palabras. Y junto con eso, recuperar el hábito de leer.

“De vez en cuando, hay que volver al hábito de la lectura. Pero para eso, es importante que los padres también lo hagan”, puntualizó. La razón, agregó, es que los chicos aprenden en gran medida observando los comportamientos de los adultos, y de alguna manera, le sacamos la responsabilidad exclusiva a las escuelas.

“La idea sería que pongan un tema en palabras o por escrito. A los chicos les está costando mucho contar una historia, desarrollar una idea. Entonces, todas esas cosas se pueden hacer durante la cena, en un ratito. También podemos usar la tecnología para ayudarlos a que argumenten una postura, entonces, preguntarles qué piensan y por qué piensan lo que piensan, hay que invitarlos a cuestionarse y cuáles son las evidencias acerca de eso”, concluyó.

El informe de la Universidad Austral plantea que la discusión no debería limitarse a cuánto saben los estudiantes en una determinada evaluación. También es necesario observar en qué condiciones aprenden y qué capacidades necesitan para sostener ese aprendizaje. Entre esas capacidades aparecen el razonamiento abstracto, la comprensión lectora, la autorregulación y la perseverancia.

La combinación de descenso en habilidades cognitivas, desigualdades educativas, dificultades de aprendizaje y distracción digital configura un escenario complejo, pero también permite identificar áreas concretas de intervención. El objetivo, en definitiva, no es retirar a los estudiantes de la tecnología, sino evitar que la tecnología reemplace justamente aquello que la educación debería fortalecer: la capacidad de comprender, razonar, preguntar, argumentar y pensar por cuenta propia. El informe y la entrevista dada en la radio, plantea un escenario de pausa para pensar que se pretende para el futuro de la educación argentina.