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SALUD Y NUTRICIÓN
“La obesidad es la madre de la diabetes y es un impacto muy silencioso”

 

La médica especializada en diabetes y obesidad, Dra. Florencia Arangura advirtió que la obesidad debe entenderse como una enfermedad crónica y no como una consecuencia de decisiones individuales. En diálogo con Radio UNNE, destacó el avance de los tratamientos, la importancia del abordaje multidisciplinario y el rol de la actividad física para preservar la masa muscular. También explicó por qué la menopausia puede favorecer la acumulación de grasa abdominal y aumentar la resistencia a la insulina.

En Argentina, 6 de cada 10 adultos presenta sobrepeso y obesidad durante muchos años. Dentro de este rango, solo una minoría busca ayuda profesional para controlar el peso corporal o comenzar un tratamiento farmacológico. Ante estos números, Radio Unne consultó a la Dra. Florencia Arangura, médica especializada en diabetes y obesidad, coordinadora del Comité de Nefropatía Diabética de la Sociedad Argentina de Diabetes (SAD), quien mencionó que, la obesidad dejó de ser entendida como una cuestión individual, biología de la persona y comenzó a ser reconocida médicamente como una enfermedad crónica, atravesada por factores biológicos, metabólicos y ambientales.

“Hace pocos años consideramos médicamente a la obesidad como una enfermedad. Entonces, ya eso no solamente es un déficit en educación de los pacientes. Este cambio de mirada resulta central para comprender por qué, aun cuando una persona logra bajar de peso mediante una dieta, puede recuperar los kilos perdidos con el paso del tiempo. En este aspecto, entendimos que hay un montón de mecanismos fisiopatológicos que están ocurriendo, que tienen que ver con la biología del individuo”, remarcó.

“Venimos de años de confrontar al paciente y decirle que no vuelva hasta que no baje de peso; por ejemplo, atribuir ese dolor de rodilla a que tiene 10 kilos de más, como si fuera responsabilidad exclusiva del paciente no poder adelgazar. Y muchas veces no es que no pueda: lo logra, pero después recupera el peso. De hecho, alrededor del 80% de los pacientes tienen una reganancia a los cinco años. Esto ocurre porque el cuerpo tiende a volver al peso máximo y responde a una cuestión biológica; no es falta de voluntad”, explicó.

Cabe mencionar que para la especialista, uno de los principales desafíos actuales es dejar atrás la idea de que el peso depende únicamente de la voluntad.

El peso como un problema de salud y no solamente estético

Arangura señaló que durante años existió una mirada simplificada sobre el exceso de peso. Una persona aumentaba de peso, comenzaba una dieta y se esperaba que pudiera sostener indefinidamente el descenso a partir de cambios de conducta.

No obstante, la especialista remarcó que la obesidad tiene mecanismos biológicos que dificultan mantener el peso perdido. Según explicó, incluso cuando una persona consigue adelgazar sin utilizar medicamentos, existe una elevada posibilidad de recuperar parte del peso con los años. En este sentido, remarcó que hay que bajar la crítica social, dado que “lo primero que llegamos a decir es que no se esforzó lo suficiente y no es falta de voluntad. El cuerpo tiende a volver al peso máximo”.

Para la médica, esta comprensión también debe alcanzar a los propios profesionales de la salud. “La obesidad fue reconocida como enfermedad relativamente recientemente y todavía persisten prácticas médicas que terminan responsabilizando al paciente”, explicó.

“La obesidad fue reconocida como enfermedad relativamente recientemente y todavía persisten prácticas médicas que terminan responsabilizando al paciente”.

La obesidad puede afectar a otros órganos

Uno de los temas principales que se tocó durante la entrevista, tiene que ver con el impacto del peso en la balanza y que no se traduce exclusivamente al exceso de grasa de una persona, tal como se lo piensa. Hay que tener en cuenta, que “la acumulación de grasa visceral, puede afectar el funcionamiento de otros órganos como el corazón, páncreas o hígado”.

Desde este lugar, insistió que los tratamientos actuales, no deberían fijarse como objetivos a cumplir, el “bajar únicamente los kilos, sino reducir la grasa visceral y aquella que está acumulada en el hígado y en el páncreas”.

“En primer lugar, tenemos que tener una conducta médica de guía, donde el paciente logre descenso de la grasa a nivel visceral, de sacar la grasa que está ectópica en órganos que no debería haber grasa y allí ese órgano se va despejando, porque está inflamado. Esto es lo más urgente”, agregó.

Además, la especialista advirtió que la obesidad puede favorecer el desarrollo de diabetes y otras enfermedades metabólicas. En ese sentido, sostuvo que “la obesidad es la madre de la diabetes y es un impacto muy silencioso”, y remarcó que durante años no fue reconocida como una patología crónica. “De ella nacen otras patologías cardiorrenometabólicas que, en definitiva, generan complicaciones a lo largo de la vida”, explicó. En esa línea, señaló que gran parte de las enfermedades cardiovasculares pueden prevenirse si se interviene de manera temprana, antes de que la inflamación asociada al exceso de tejido adiposo provoque mayores daños en el organismo.

El ruido mental obsesivo de querer comer más

Otro concepto central que apareció durante la mesa de diálogo fue el denominado food noise, que aparece recurrentemente cuando hay pensamiento persistente alrededor de la comida, y que muchas personas con obesidad padecen. Arangura explicó que determinados tratamientos pueden disminuir el impulso hacia la comida y generar una sensación de mayor tranquilidad frente a la alimentación.

“Muchos pacientes refieren: ‘¡Tengo nuevamente calma!’, finalmente, cuando baja el ruido alimentario. Es ese pensamiento intrusivo que muchas personas con obesidad refieren: ‘No quiero comer tal cosa, pero mi cuerpo me lo pide’; siento como una vocecita que me llama de la heladera. Y al tener menos impulso por la comida, la persona logra elegir mejor”, describió.

De todos modos, la especialista remarcó que la respuesta al tratamiento es particular en cada persona y que el abordaje debe realizarse con acompañamiento profesional, tanto médico como nutricional, para favorecer cambios sostenibles en los hábitos alimentarios.

Alimentarse mejor también implica pensar en el contexto económico

En este contexto de crisis socio-económica, la discusión sobre la obesidad y la alimentación pone en jaque a las personas más vulnerables. Además de las jornadas laborales extensas con poco tiempo disponible, y la facilidad de acceder a productos ultraprocesados. También planteó que comer saludable no necesariamente significa gastar más dinero. Desde este lugar, aconsejó a la audiencia que en “en vez de elegir un alfajor, elija un huevo duro para llevarse porque además te va a dar más saciedad y más nutrición al cuerpo”. Según explicó, además de aportar mayor saciedad, esa elección puede resultar económicamente conveniente.

 “ (…)Y es verdad que la carga laboral y un horario extendido de trabajo y la vida moderna, muchas veces nos lleva a la facilidad que nos generan los ultraprocesados, como un alimento más rápido.  Entonces, es difícil cuando uno sale de su casa a las ocho de la mañana y vuelve a las seis de la tarde de estar siete horas u ocho horas sentado trabajando. Pero hay pequeñas cosas que nos pueden ayudar en el día a día, como por ejemplo, bajar el contenido de paquetes del día a día”, enfatizó.

A su vez, recomendó volver más natural el consumo de vegetales de estación, frutas, y “legumbres, que son una opción de alimento económica muy positiva para nuestra salud y que es muy rica en fibra, proteínas. Además, tomar mucha agua, bajar los edulcorantes y sodio”.

Asimismo, la actividad física aparece como otro componente fundamental del tratamiento. “Hoy hay mucha evidencia científica a favor de la musculación, de la actividad física de fuerza, pero también no podemos dejar de lado la actividad física aeróbica, que es muy buena para la respiración. Tratar de marcar pasos en el día a día y hacer ejercicios gradualmente”.

La recomendación, según explicó, es comenzar de manera progresiva, adaptando la actividad a las posibilidades de cada persona. “El músculo, además, adquiere especial importancia a medida que pasan los años, ya que su pérdida puede afectar negativamente al metabolismo”, aseguró.

Menopausia: por qué puede cambiar la distribución de la grasa

La relación entre género, hormonas y aumento de peso también fue abordada durante la entrevista. Arangura explicó que durante la menopausia la disminución de los estrógenos puede modificar la distribución del tejido adiposo y favorecer una mayor acumulación de grasa en la zona abdominal. “La caída de los estrógenos en la mujer tiende a que la acumulación del tejido adiposo sea más hacia la cavidad abdominal. Este cambio tiene importancia metabólica porque la grasa abdominal está asociada con una mayor resistencia a la insulina y puede dificultar el descenso de peso”.

Al mismo tiempo, la disminución de los estrógenos también puede acompañarse de una menor masa muscular. Por eso, la especialista señaló que el entrenamiento de fuerza adquiere particular relevancia durante esta etapa. “Es fundamental que cuando entramos a los 50 años empecemos a hacer un poquito más de músculo porque fisiológicamente vamos a perderlo, impactando negativamente en nuestra salud. El músculo es un órgano muy importante en el metabolismo y que necesita muchos nutrientes y si nosotros tenemos un entrenamiento de fuerza, ya sean tres veces por semana, vamos a lograr también el descenso de peso y el mantenimiento porque cambia nuestro metabolismo básicamente”, sostuvo.

“Es fundamental que cuando entramos a los 50 años empecemos a hacer un poquito más de músculo porque fisiológicamente vamos a perderlo, impactando negativamente en nuestra salud».

Ante todas estas recomendaciones, la doctora concluyó que abordar la obesidad requiere mucho más que una consulta aislada. El tratamiento generalmente involucra médicos especializados, profesionales de nutrición, psicoterapia, actividad física y, cuando corresponde, otras especialidades médicas destinadas a detectar y tratar complicaciones. “Tenemos que abordar esto en forma transdisciplinaria”, destacó.

También destacó la importancia de que las personas encuentren espacios donde puedan realizar actividad física de manera gradual y sentirse acompañadas. “Podemos tener otra calidad de vida, podemos llegar a vivir más años, podemos llegar a vivir esos años mejor, con menos complicaciones”, agregó.

No se trata solamente de adelgazar para alcanzar determinado número en la balanza, sino de prevenir complicaciones que pueden afectar otros órganos del cuerpo, además de mejorar el funcionamiento del organismo y sostener una mejor calidad de vida. La obesidad, según sostuvo durante toda la nota, no debería abordarse desde la culpa ni desde soluciones rápidas, sino como una enfermedad crónica que requiere herramientas, seguimiento y un tratamiento adaptado a cada persona.

“Podemos tener otra calidad de vida, podemos llegar a vivir más años, podemos llegar a vivir esos años mejor, con menos complicaciones”.