
Los tumores construyen su propia red de irrigación para nutrirse y expandirse. Detener ese proceso es uno de los objetivos de la investigación oncológica. Un estudiante de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UNNE trabaja para establecer un protocolo que permita usar la membrana del embrión de pollo como sistema de prueba para medir la acción de fármacos sobre ese mecanismo, con resultados reproducibles y a un costo accesible.
Eduen Ariel Gross, estudiante de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), lleva adelante una investigación financiada por un proyecto de la Secretaría General de Ciencia y Técnica de la Universidad Nacional del Nordeste (PI22B005).
La investigación de Gross indagará si el embrión de pollo puede funcionar como un sistema de prueba confiable para evaluar medicamentos que impidan el crecimiento de vasos sanguíneos.
El trabajo de título “La membrana corioalantoidea (MCA) del embrión de pollo como una plataforma de prueba para la evaluación de fármacos con efecto antiangiogénico”, es dirigido por la doctora Gabriela Olea, docente e investigadora de la Cátedra de Histología y Embriología de la Facultad de Ciencias Veterinarias, y co-dirigido por el doctor Juan Pablo Melana Colavita, docente e investigador del LIBIM-Facultad de Medicina UNNE, propone utilizar el embrión de pollo como herramienta para medir si ciertos medicamentos tienen la capacidad de detener o reducir la formación de nuevos vasos sanguíneos.
Ese proceso —el crecimiento de nuevos vasos a partir de vasos ya existentes— es central en muchas enfermedades, en particular en el cáncer. Los tumores necesitan construir su propia red de irrigación para nutrirse y expandirse. Los medicamentos que bloquean ese proceso (antiangiogénicos) son objeto de interés en la investigación oncológica desde hace décadas, pero probarlos de manera segura, rápida y a bajo costo sigue siendo un desafío.
En virtud del creciente interés por el embrión de pollo como modelo en la investigación biológica y farmacéutica, por su simplicidad y bajo costo en comparación con los modelos de mamíferos, se propuso como plan de trabajo, poner a punto una plataforma para la evaluación de fármacos antiangiogénicos a partir del modelo de la membrana corioalantoidea (MCA), esto puede representar un enfoque renovado para nuevas perspectivas en la investigación farmacológica.

La membrana corioalantoidea —ubicada debajo de la cáscara del huevo y repleta de vasos sanguíneos— actúa en el embrión como un pulmón primitivo: permite el intercambio de gases y el almacenamiento de desechos.
La hipótesis que deberá ser confirmada con la investigación sostiene, que esta membrana puede convertirse en una herramienta de uso regular para medir si un fármaco tiene o no la capacidad de detener la formación de vasos sanguíneos, con resultados reproducibles, a un costo accesible y sin los obstáculos que impone la experimentación con mamíferos.
Objetivos
Gross aspira, en primer lugar, describir con detalle cómo se comporta la red de vasos sanguíneos de la membrana del embrión de pollo en condiciones normales. Eso implica registrar fotográficamente los vasos, analizar su forma, ramificación y comportamiento, y estudiar el tejido al microscopio.
A partir de esa referencia, el trabajo avanza hacia la comparación: se evaluará qué ocurre cuando se introducen sustancias que estimulan el crecimiento de vasos y sustancias que lo inhiben. El medicamento elegido para cumplir esta segunda función es el paclitaxel, un fármaco utilizado en el tratamiento de tumores que, además de su efecto sobre la división celular, ha demostrado la capacidad de reducir la expresión de una proteína clave en la formación de nuevos vasos sanguíneos.
Gross también está probando con distintos extractos, uno de ellos es elaborado con la planta Croton urucurana, conocido como «sangre de drago».
El objetivo final es que la plataforma quede en condiciones de ser usada para evaluar otros compuestos: medicamentos, sustancias de origen vegetal o toxinas cuyo efecto sobre los vasos sanguíneos todavía no se conoce con precisión.
Metodología
Para la investigación se utilizarán huevos de gallina de la raza Leghorn, incubados a 37 grados de temperatura y con 60 por ciento de humedad. Al tercer día de incubación, se abre una ventana en la cáscara de cada huevo —de un centímetro por uno y medio— para poder acceder a la membrana sin interrumpir el desarrollo del embrión. Esa abertura se cubre luego con un material que impide la pérdida de humedad.
Al décimo día de incubación, se aplican las sustancias a estudiar sobre la membrana. Transcurridas veinticuatro horas, se evalúan los resultados. Las mediciones incluyen el registro fotográfico de los vasos y el análisis de cortes del tejido al microscopio, que permiten observar cambios en la estructura interna de la membrana.
En todo el proceso del trabajo en Laboratorio, es importante el aporte de la doctora María Victoria Aguirre, docente investigadora en el LIBIM Facultad de Medicina-UNNE.
Antecedentes
Desde hace más de un siglo, los científicos saben que el embrión de pollo tiene propiedades útiles para este tipo de estudios. En 1911, dos investigadores llamados Rous y Murphy trasplantaron tumores sobre una membrana del embrión de pollo y observaron cómo esos tumores crecían. Desde entonces, esa membrana corioalantoidea se convirtió en un modelo de estudio presente en laboratorios de todo el mundo.
Su rasgo central, desde el punto de vista de la investigación, es que está atravesada por una red de vasos sanguíneos que se desarrolla en etapas bien conocidas y medibles entre los días cuatro y doce de incubación.
Hoy, ese modelo se emplea para estudiar el desarrollo de los vasos, el comportamiento de tumores, la seguridad de nuevos materiales y el efecto de distintas sustancias sobre el organismo. Su uso ha crecido en los últimos años porque resulta menos costoso que trabajar con animales de mayor complejidad biológica, y porque las restricciones éticas y legales para experimentar con mamíferos son cada vez más estrictas.
Sin embargo, para que ese modelo pueda utilizarse de manera sistemática en la evaluación de fármacos, es necesario establecer primero un protocolo preciso: saber en qué condiciones se producen los cambios, con qué dosis y en qué momentos del desarrollo del embrión deben realizarse las mediciones. Esa estandarización es, en buena medida, lo que todavía falta.
















