Un estudio del Centro Interactivo de Serpientes Venenosas de Argentina (CISVA), de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UNNE, identificó una disminución en las tasas de infección parasitaria de serpientes en cautiverio tras la implementación de un protocolo de cuidado de los ejemplares, e incluso en lo que va de 2026 todas las pruebas realizadas dieron negativo. «Es el reflejo del protocolo que venimos aplicando para que las serpientes estén mejor».
El Centro Interactivo de Serpientes Venenosas de Argentina (CISVA, VET-UNNE) es un espacio dedicado al estudio de las serpientes, donde se articulan actividades de investigación, formación y extensión, en busca de que los conocimientos generados trasciendan el ámbito académico y aporten a una mejor comprensión de estos animales.
Funciona desde el año 2004, y desde sus inicios representó una prioridad en el trabajo del CISVA la implementación de buenas prácticas de manejo orientadas al cuidado de la sanidad y bienestar animal de las serpientes que integran el plantel ofídico estable en cautiverio.
Como parte de ese objetivo de extremar cuidados de las serpientes en custodia, a finales del año 2023 se diseñó un protocolo que estandarizó distintas estrategias de cuidado que habitualmente implementan quienes trabajan con serpientes, sumado a mejoras en las condiciones del lugar de cautiverio, y otras orientaciones para optimizar el mantenimiento de estos animales fuera del hábitat natural.
Dicho protocolo logró sistematizar acciones y estrategias comunes transmitidas entre profesionales, pero que no se aplicaban de manera metódica.
En esa línea, de manera reciente se presentaron los resultados de un estudio que comparó la prevalencia de endoparásitos en serpientes en cautiverio en el periodo 2022-2023, previo al protocolo, y el periodo posterior a la aplicación del plan de manejo del CISVA.
«Los resultados sugieren una asociación entre la optimización del protocolo de mantenimiento en cautiverio de los vipéridos y la disminución en las tasas de infestación parasitaria», se destaca en las conclusiones.
El trabajo está a cargo de la becaria de investigación Martina Anette Grünewald, la Dra. Pamela Teibler y la Mgter. María Lucía Bustos, integrantes de la Cátedra de Farmacología y Toxicología, y del CISVA, de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UNNE.
Un protocolo eficiente
En el marco del estudio se identificó que en el período precedente (2022-2023) se registró una prevalencia de protozoarios del 49%, mientras que en el periodo 2025, posterior al protocolo, descendió al 14% la presencia de amebas, ciliados y flagelados.
Respecto a los cestodes, la prevalencia inicial fue del 35%, por el contrario, en el 2025 se encontró en 7,1%, mientras que el análisis de nematodes reveló que el porcentaje de positivos pasó de 13% (2022-2023) a 3,5% en el segundo periodo (2025).
Al comparar los datos de ambos periodos, se observa una reducción del 71,43% en los positivos a protozoarios, del 79,71% en el caso de cestodes y una disminución del 73,08% en los positivos a nematodes.
Como continuidad del trabajo, de las muestras analizadas en el año 2026, todas arrojaron resultados negativos, es decir sin registro de infecciones parasitarias.
Compromiso con las serpientes
«Es el reflejo del protocolo que venimos aplicando para que las serpientes estén mejor», resaltó la Mgter. María Lucía Bustos sobre los resultados observados.
Comentó que CISVA cuenta con un plantel ofídico destinado a la docencia, investigación, extensión y educación ambiental, que actualmente está conformado por 37 ejemplares de yarará y 13 culebras, algunas de ellas exóticas provenientes de un decomiso de tráfico de fauna silvestre, ofidios que iban a ser comercializados ilegalmente para ser mantenidos como mascotas.
De manera periódica, a todos los animales se les realiza una evaluación general, clínica, para diagnosticar enfermedades bacterianas, fúngicas y parasitarias, y por medio de análisis coproparasitológico, de materia fecal, se pone especial énfasis en la identificación de infecciones parasitarias.
En ese sentido, resaltó que el estudio permitió identificar una notoria reducción de las infecciones parasitarias y correlacionar ese logro con la aplicación del protocolo de manejo.
Y agregó que «lo llamativo es que este año aún no hay registros de parásitos en las pruebas que se hacen todos los meses».
Explicó que los parásitos pueden estar presente en las serpientes, conviviendo en equilibrio con el animal sin causar enfermedad, pero cuando sí causan enfermedad, los parásitos aparecen en la materia fecal.
Por ello, el protocolo prevé una serie de cuidados integrales que se implementan todos los días, todo el tiempo, que como resultado final que buscan no sólo que ellas estén mejor en su estado sanitario, sino también un mejor bienestar animal.
Desde CISVA se está logrando demostrar la importancia del protocolo, y promover su implementación en otros espacios dedicados al cuidado en cautiverio de las serpientes
El cuidado en el CISVA
La Mgter. Bustos detalló que, al ser el único centro que hace «clínica de serpientes», al CISVA traen ejemplares de distintos puntos de la región que están lesionadas, golpeadas e incluso que las quisieron matar. A cada serpiente se las evalúa, revisa, se hacen radiografías, análisis de sangre, de materia fecal y una revisión general para determinar si pueden regresar a la naturaleza o no.
Así fue como se fue formando el plantel de CISVA, con animales que por algún problema ya no tenían la posibilidad de volver a la naturaleza, como animales totalmente quemados o lesionados, como la última incorporación que fue una yarará a la que un gato le fracturó el cráneo y dos vértebras y actualmente está bien de salud, pero no puede regresar a la naturaleza porque requiere asistencia para su alimentación adecuada.
«Al estar en cautiverio se requieren extremar los cuidados pues es más probable que ocurra alguna enfermedad al no ser su hábitat natural», señaló.
Al respecto, destacó que el actual plantel del CISVA está integrado por animales recibidos hace más de tres años y más de diez años el ejemplar con mayor tiempo en cautiverio, y se logró alcanzar una tasa de mortalidad casi nula a lo que ahora se suma el logro de una menor tasa de infecciones parasitarias.
Indicó que desde CISVA se está logrando demostrar la importancia del protocolo, y promover su implementación en otros espacios dedicados al cuidado en cautiverio de las serpientes.
Detalles del Protocolo
El protocolo elaborado e implementado en el CISVA estandarizó la aplicación de diferentes técnicas para la mejora del bienestar de los ofidios mantenidos en cautiverio.

Entre las pautas propuestas, se propicia un control más exacto de la temperatura mediante la incorporación de aire acondicionado frío-calor y monitor de temperatura y humedad, la ampliación del tamaño de los recintos individuales, y mejora en la privacidad agregando refugios acordes al tamaño de cada ofidio.
Se promueve la mejora en la luminosidad, por medio del uso de tubos fluorescentes UVA y UVB y el sustrato de cada recinto pasó de ser de aserrín de madera a cartón corrugado, pues favorece la muda y mejora la higiene.
Asimismo, se plantea la reducción de los ruidos, en este caso en el ámbito de trabajo y de actividades académicas de CISVA, para reducir riesgos de estrés en los animales.
Entre las medidas de manejo, en el CISVA se modificó el equipamiento de sujeción de animales, cambiando el uso de ganchos de metal por discos de acrílico, evitando así presiones extremas que pudieran lastimar al animal, pues los discos aplican la fuerza en forma pareja.
En cuanto al protocolo de recepción de animales, se implementó una etapa de cuarentena, con observación diaria por 30 días.
Con respecto a la higiene y el estado sanitario, el asoleamiento de las serpientes pasó de ser eventual a ser fijo semanal.
Se implementa además el uso de piletas para el asoleamiento de las serpientes, evitando así el contacto con el pasto que representa una exposición al riesgo de contagio de enfermedades parasitarias y otros microorganismos.
También se optimizan los procedimientos de desinfección de superficies y demás espacios del cautiverio, en busca de evitar contagios entre los animales en cautividad, así como el ingreso de enfermedades desde el exterior.





















