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EN CAÁ CATÍ - CORRIENTES
Mirar más allá de la retina: la UNNE llevó el “Proyecto Iris” para detectar alteraciones en pacientes con diabetes

Un equipo de estudiantes y docentes de la Facultad de Medicina de la UNNE realizó un abordaje integral en el Hospital San Vicente de Paúl de Caá Catí, Corrientes para evaluar a personas mediante exámenes clínicos, bioquímicos, imágenes de retina y estudios de detección precoz de Enfermedad de Alzheimer. La iniciativa combina prevención, investigación y formación de estudiantes en contacto directo con la comunidad.

Se trata de una nueva instancia del Proyecto Iris, una propuesta nacida en el seno de la Facultad de Medicina de la UNNE que busca detectar de manera temprana, alteraciones vinculadas con la diabetes y a la vez, generar información que contribuya a conocer mejor otros posibles trastornos como visuales y Psico-neurológicos.

El trabajo en terreno se realizó en el Hospital San Vicente de Paúl de Caá Catí.  Como instancia inicial del trabajo con los pacientes, se realizaron controles glucémicos y estudios bioquímicos generales, complementados con una evaluación clínica individual. Esta etapa permitió obtener una caracterización integral de cada paciente y establecer una base clínica y objetiva para las posteriores investigaciones y análisis.

A partir de esta evaluación inicial, se desarrollan distintas líneas de investigación que comparten como eje transversal la aplicación de la inteligencia artificial (IA) al análisis de imágenes y datos clínicos. En las jornadas posteriores, los pacientes con diagnóstico de diabetes, fueron evaluados mediante una cámara de fondo de ojo, dispositivo que permite obtener imágenes de manera incruenta. La herramienta posibilita observar la retina y detectar lesiones iniciales compatibles con retinopatía diabética, una de las principales complicaciones oculares asociadas a esta enfermedad.

Pero la mirada del equipo fue más amplia. El abordaje no se limitó a estudiar el fondo de ojo de los pacientes diabéticos: también se estudió el movimiento ocular, el campo visual y la rapidez de las respuestas visuales y motoras de las personas participantes.

“Lo que tratamos de hacer es un tratamiento integral del paciente diabético”, explicó la médica oculista Rosana Gerometta, integrante del equipo de trabajo.

Se trata de una propuesta que reúne a profesionales de distintas áreas y busca que -con la evaluación- no solamente se detecten posibles lesiones, sino también acompañar posteriormente a quienes necesiten seguimiento.


Detectar antes para actuar a tiempo

La diabetes puede avanzar silenciosamente y las lesiones oculares no necesariamente aparecen de manera inmediata. Por eso, uno de los objetivos centrales del Proyecto Iris es lograr encontrar alteraciones en etapas tempranas, cuando todavía es posible intervenir y realizar un seguimiento adecuado.

La retinografía es un procedimiento que permite obtener un registro de la retina de cada paciente. En caso de identificarse signos de retinopatía diabética, el equipo procura entregar los resultados y orientar a la persona para que pueda continuar su atención con profesionales especializados.

Además, las imágenes obtenidas son analizadas mediante inteligencia artificial, una herramienta que permite identificar detalles mínimos muchas veces no perceptibles al ojo humano, que pueden resultar relevantes para la detección precoz de lesiones retinales.

La experiencia también tiene una dimensión humana que atraviesa toda la actividad. Escuchar, conversar, explicar y acompañar forman parte del trabajo tanto como los dispositivos tecnológicos. Para el equipo, acercar la universidad al territorio significa también encontrarse con las personas y comprender sus realidades.


Los ojos también hablan a través del movimiento

La segunda línea de trabajo se concentra en una dimensión menos visible pero de gran importancia,  y esto está vinculado a cómo se mueven los ojos.

La doctora Lila Almirón explicó a Punto UNNE que “actualmente no existe en Argentina un registro nacional de referencia sobre los movimientos oculares de la población normal. Por eso, los datos obtenidos en Caá Catí se incorporan a un relevamiento más amplio que busca construir un baremo (tabla con resultados) nacional, sumando información proveniente de distintas regiones del país”, informó.

Dijo además que la acción de leer, mirar a una persona o seguir un objeto “implica una serie de movimientos oculares que muchas veces resultan imperceptibles. Analizarlos permite establecer parámetros de normalidad y, posteriormente, distinguir posibles alteraciones de aquellas características que simplemente responden a la variabilidad individual”.

En esta misma perspectiva de búsqueda de indicadores precoces, se incorpora así el seguimiento de la mirada (eye tracking) como herramienta para analizar los patrones de exploración visual y su posible relación con alteraciones neurocognitivas. Esta línea resulta particularmente relevante en el estudio de signos tempranos asociados a enfermedades como el Alzheimer, donde la identificación oportuna de cambios sutiles en el comportamiento visual podría aportar información complementaria para la evaluación clínica de estos pacientes con diabetes.

En Caá Catí, los estudiantes participaron y colaboraron en la realización de ejercicios visuales en estos pacientes, que incluían figuras geométricas, estímulos visuales y colores en movimiento. Las respuestas permitieron evaluar aspectos vinculados con el campo visual y la velocidad de respuesta motora.


Aprender Medicina también es aprender a escuchar

Para los estudiantes que participaron de la jornada, salir del aula significó mucho más que poner en práctica conocimientos adquiridos durante la carrera.

Gonzalo Fogar, estudiante avanzado de Medicina, destacó la oportunidad de aprender sobre la anatomía normal y patológica de la retina, los vasos y el nervio óptico, pero también sobre algo que no aparece en los libros: la relación médico-paciente y el abordaje comunitario.

Para Sofía Zaracho Jensen, estudiante y oriunda de Caá Catí, la experiencia tuvo además un significado especial. El contacto directo con los pacientes permitió conocer sus realidades y aplicar en un contexto concreto conocimientos que habitualmente se trabajan dentro del aula.

La misma enseñanza apareció entre quienes participaron del estudio de movimientos oculares. Yanela, estudiante de cuarto año, señaló que la experiencia le permitió descubrir que no existe una única manera de comunicarse con los pacientes: es necesario adaptar la explicación a cada persona.

María Sol Paredes, también estudiante de cuarto año, coincidió en que una de las enseñanzas más valiosas fue aprender a abandonar los tecnicismos y encontrar formas más sencillas de explicar los procedimientos y las situaciones médicas.

 

Ese aprendizaje es parte esencial de una formación universitaria que entiende la medicina no solamente como conocimiento científico, sino también como vínculo, escucha y servicio.

Una universidad que llega a la comunidad

La jornada en Caá Catí reunió tecnología, investigación, prevención y formación académica en un mismo espacio. El equipamiento aportado por la UNNE permitió realizar estudios que, para muchos pacientes, representan una posibilidad concreta de conocer el estado de su salud visual y mental  y acceder a una orientación temprana.

A la dimensión científica se suma un aspecto especialmente significativo de la experiencia: la cálida recepción y la generosidad con que el equipo del Hospital San Vicente de Paul acompañó cada jornada de trabajo. La directora de la institución, junto con los médicos, profesionales y personal del hospital, brindaron una permanente disposición para facilitar las actividades, acompañar a los investigadores y generar un ámbito de confianza y colaboración. Del mismo modo, la comunidad de Caá Catí recibió la propuesta con gran apertura y compromiso, participando activamente de las evaluaciones y haciendo posible el desarrollo de las distintas instancias de investigación. Esta actitud de hospitalidad y colaboración constituye un valor fundamental de la experiencia y reafirma que la investigación en territorio se construye no solo con conocimiento y tecnología, sino también con vínculos, confianza y compromiso compartido.

Con el Proyecto Iris, la universidad pone en evidencia una de las dimensiones más significativas de la educación superior pública: que el conocimiento no termina en las aulas ni en los laboratorios. Se completa cuando llega al territorio, cuando se transforma en prevención y cuando puede mejorar -aunque sea a través de una mirada- la vida de una persona.