La investigadora y comunicadora política, Valeria Di Croce en Radio UNNE el avance de las grandes corporaciones tecnológicas y su creciente articulación con el poder político. Inteligencia artificial, control de datos, economía digital y nuevos modelos de gobernanza fueron algunos de los ejes de una entrevista que propuso debatir el impacto de estas transformaciones en la vida democrática actual.
En el especial de Radio UNNE sobre Inteligencia Artificial, la investigadora y comunicadora política, Valeria Di Croce problematizó las nuevas formas de hacer política ante el avance de esta nueva herramienta. Como disparador temático que atravesó la entrevista, invitó a reflexionar porqué en la actualidad se observan tantas imágenes donde los grandes magnates de la tecnología como Jeff Bezos (Amazon), Mark Zuckerberg (Meta) y Elon Musk (Tesla, Space X,) son invitados a las asunciones de los presidentes o forman parte de las mesas de debate de escala internacional y foros globales cuando se negocian, por ejemplo, temas estratégicos vinculados a la guerra y seguridad.

Ante este nuevo paradigma tecnológico y consultada sobre el vínculo entre tecnología y política, Di Croce sostuvo que “estamos claramente ante lo que yo denomino tecnoimperialismo”. En ese contexto, mencionó como ejemplo la creciente influencia de los grandes magnates tecnológicos en el entorno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump y de la Argentina, Javier Milei.
Para citar algunos datos que fueron difundidos por Boomerang y retomados por Di Croce, las fortunas combinadas de Jeff Bezos, Mark Zuckerberg y Elon Musk equivalen a 1,4 veces el producto bruto interno (PBI) argentino de 2024. “No se trata entonces únicamente de los tres hombres más ricos de la tierra, sino de la encarnación misma de un rotundo cambio de paradigma en la economía global”, remarcó.
Otras de las figuras centrales que fueron analizadas durante la entrevista, fue la presencia de Peter Thiel en Argentina, uno de los empresarios más influyentes de Silicon Valley, fundador de PayPal, (una plataforma global de pagos digitales que permite a los usuarios enviar y recibir dinero por internet de forma segura) y Palantir (empresa de software especializada en la integración y análisis de macrodatos e inteligencia artificial, principalmente para gobiernos, inteligencia militar y grandes corporaciones).

“Peter Thiel es un empresario e inversor vinculado a Silicon Valley, de origen alemán nacionalizado estadounidense, que no es ingeniero sino abogado formado en la Universidad de Stanford y dedicado a las inversiones de riesgo. Es una figura central dentro del desarrollo del llamado capitalismo de plataformas y ha visitado la Argentina en varias oportunidades, incluyendo al menos dos ocasiones durante 2024. Desde sus inicios en el ecosistema tecnológico estadounidense, integró junto a otros socios lo que se conoció como la ‘mafia de PayPal’, desde donde impulsó la creación de PayPal, una de las primeras billeteras digitales que permitió realizar operaciones de comercio electrónico por fuera del sistema financiero tradicional, contribuyendo a la expansión de la economía virtual global. Posteriormente, esa plataforma fue vendida a comienzos de los años 2000 a eBay, consolidando un nuevo modelo de comercialización digital a escala internacional”, explicó.
Además, la especialista se detuvo especialmente en las visitas recientes de Thiel y en sus encuentros con el gobierno nacional. Según explicó, su figura resulta clave para comprender la lógica del llamado capitalismo de plataformas. “Lo que buscaba Peter Thiel desde hace casi treinta años era quitarle a los Estados la posibilidad de manejar su economía. Si se generaba una economía paralela que no fuera regulada por los estados-nación, le iba a quitar uno de los atributos principales a los gobiernos, que era poder regular la economía”, señaló.
En este sentido, la reflexión que plantea la investigadora sobre la influencia de los grandes magnates tecnológicos y el creciente dominio que ejercen estas plataformas sobre nuestra vida cotidiana no es ingenua. “Si bien la tecnología se presenta ante la ciudadanía como una pantalla en la que su uso va a mejorar la vida cotidiana, el objetivo de estas compañías es desterrar las formas de hacer política basada en la organización social y reafirmar el control social a través de las plataformas”, destacó.
“Si bien la tecnología se presenta ante la ciudadanía como una pantalla en la que su uso va a mejorar la vida cotidiana, el objetivo de estas compañías es desterrar las formas de hacer política basada en la organización social y reafirmar el control social a través de las plataformas”.
Según explicó Di Croce, lo que ocurre actualmente es un proceso de deslocalización económica que comenzó a gestarse a principios de los años 2000 y que avanzó en distintas etapas: primero con el capital financiero, luego con la producción industrial y finalmente con la comercialización digital. En ese marco, sostuvo que la expansión de las plataformas digitales transformó también la capacidad de regulación de los Estados sobre la economía. “Hoy podemos comprar productos desde nuestras casas sin tener contacto con quien produjo el bien o el servicio. Eso genera, de alguna manera, una deslocalización de la capacidad estatal de regular el comercio”, señaló.
Como ejemplo, mencionó el crecimiento de empresas como Amazon, Mercado Libre y Temu, plataformas que operan a escala global y modificaron las dinámicas tradicionales de producción, circulación y consumo. Según advirtió, este modelo impactó directamente sobre las economías locales: “Si un país no produce los bienes ni controla su comercialización, tampoco logra retener el capital que generan esas operaciones”, manifestó.
“Si un país no produce los bienes ni controla su comercialización, tampoco logra retener el capital que generan esas operaciones”.
Tecnofeudalismo y concentración del poder
En el transcurso de la entrevista, Di Croce hizo mención al concepto de tecnofeudalismo utilizado por economistas contemporáneos para explicar cómo se produce la concentración del poder económico y tecnológico en tan sólo pocas corporaciones tecnológicas que todos conocemos y que son controladas a nivel global por estos pocos millonarios.
Según la investigadora, el concepto fue desarrollado por Yanis Varoufakis y hace una analogía con un sistema que lo precede, el feudalismo tradicional. “En el sistema clásico, los reyes otorgaban tierras a los señores feudales, quienes obtenían riqueza mediante la renta que pagaban los campesinos por trabajar esas tierras. Los señores capitalistas necesitaban poseer la tierra y cobrar tributos. La economía estaba basada principalmente en la renta, en donde, los trabajadores vendían su fuerza laboral a cambio de salarios, mientras los empresarios acumulaban ganancias y expandían la producción”, explicó Di Croce.
Sin embargo, en la actualidad el tecnofeudalismo predomina en las grandes empresas tecnológicas, como Jeff Bezos o Mark Zuckerberg, quienes funcionan como “señores feudales digitales”. La diferencia, según explicó Di Croce, está en que la brecha física y económica se achica aún más, dado que nos otorgan aplicaciones específicas y globales donde las mismas “actúan como feudos donde millones de usuarios, emprendedores y empresas trabajan, venden y generan contenido pagando una especie de renta digital. En lugar de enriquecerse principalmente por producir bienes innovadores, estas compañías obtienen riqueza gracias al control de plataformas y datos a nivel global”.

En este sentido, remarca que “así como en el feudalismo tradicional la fuente de poder era la propiedad de la tierra, en el tecno feudalismo la fuente de poder es la propiedad de las plataformas digitales y de los datos de los usuarios”. Aquí se encuentra el eje del problema dado que, “el sistema se sostiene gracias al uso masivo de nuestros datos personales, y el Estado pasó a regular sus normativas, flexibilizando su expansión y bajando sus impuestos”.
Para Di Croce, el fenómeno de la inteligencia artificial y el crecimiento de las plataformas digitales no puede analizarse únicamente desde la innovación tecnológica, sino también a partir de sus implicancias políticas, económicas y territoriales. En ese sentido, advirtió sobre la enorme infraestructura material que sostiene el desarrollo de estas tecnologías: consumo energético, centros de datos, minerales estratégicos y recursos naturales.
Según detalló, detrás del auge de la inteligencia artificial existe además un modelo basado en el “extractivismo de datos”, alimentado por la información que los propios usuarios generan diariamente a través de redes sociales, consumos digitales, transferencias bancarias o plataformas virtuales.
La investigadora sostuvo que, lejos de tratarse de un mercado desregulado, existen marcos normativos que favorecen la expansión de estas corporaciones tecnológicas. Como ejemplo, mencionó políticas impulsadas por el gobierno de Javier Milei, como el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), que —según planteó— facilitan la instalación de empresas vinculadas a la infraestructura necesaria para el capitalismo de plataformas. “Las regulaciones como el RIGI, permiten que empresas mineras o empresas asociadas a este capitalismo de plataformas extraigan de una manera muy barata y obtengan extraordinarias ganancias, que generan mucho menos empleo”, indicó.
“Cuando hablamos de inteligencia artificial- estos gigantes del tecnofederalismo, como lo llama Varoufakis -el exministro de economía griego-, hablamos también de una estructura de compañías que dependen de cadenas complejas de producción que incluyen chips para procesar información, centros de datos funcionando las 24 horas, procesamiento de grandes imágenes en galpones con servidores analizando continuamente y una demanda constante de energía y agua para sostener el procesamiento masivo de datos”, afirmó.
En esa línea, Di Croce remarcó que la concentración económica de estas empresas se sostiene sobre dos dimensiones complementarias: por un lado, la extracción y procesamiento de datos personales; por otro, el aprovechamiento intensivo de recursos naturales estratégicos como litio, cobre y tierras.
“Los usuarios aportamos permanentemente información sobre nuestras conductas digitales: desde una compra online hasta nuestras interacciones en redes sociales. Esos datos luego son utilizados para predecir comportamientos, desarrollar modelos de inteligencia artificial o incluso vender servicios de análisis a gobiernos y corporaciones”, afirmó.
Finalmente, la investigadora advirtió sobre los riesgos de que países periféricos queden relegados a un rol subordinado dentro de esta nueva economía digital. “Bajo la promesa de convertirnos en un hub de inteligencia artificial, lo que puede terminar consolidándose es un modelo de colonia digital como destino para la República Argentina”.
“Bajo la promesa de convertirnos en un hub de inteligencia artificial, lo que puede terminar consolidándose es un modelo de colonia digital como destino para la República Argentina”.
Política, ideología y autonomía de decisión en la era digital
Otro de los ejes abordados fue la relación entre las corporaciones tecnológicas y las nuevas derechas globales. Di Croce señaló que, tras la pandemia, las empresas vinculadas al capitalismo de plataformas concentraron niveles inéditos de riqueza y poder. “A partir de 2020, lo que se dio en términos del poder económico occidental, fue un crecimiento abrumado de las ganancias y capitalización de empresas. Nueve de los diez hombres más ricos del mundo se enriquecieron aún más por estar vinculados al capitalismo de plataformas y, además, todos son norteamericanos”, sostuvo.
“Esos empresarios que vimos acompañando a Donald Trump ocupan hoy los niveles más altos de concentración de riqueza en un mundo donde menos del 1% de la población posee una riqueza equivalente a la del 99% restante. Lo que observamos es que muchas de las ideas que hace cuatro décadas parecían marginales o extravagantes —como la eliminación de los bancos centrales, la desaparición de las monedas nacionales o la reducción del rol regulador de los Estados, que no existan la soberanía ni las fronteras— fueron sostenidas históricamente por estos sectores tecnológicos y económicos, que hoy tienen una influencia cada vez mayor sobre la política global”, apuntó.

















