El Dr. Jorge Mariño Fages es Profesor Titular de Derecho Internacional de la UNNE y, desde su perspectiva, el actual enfrentamiento armado entre Estados Unidos e Israel contra Irán expone las dificultades de las normativas internacionales, y en particular del poder de actuación de la Organización de las Naciones Unidas, para evitar o detener una guerra. “Estamos frente a un conflicto con situaciones o componentes poco frecuentes, que pone al derecho internacional y las relaciones internacionales ante otro nivel de análisis», señaló.
Hace cuatro años, tras el inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania, el Dr. Jorge Mariño Fages, Profesor Titular de la Cátedra “A” de Derecho Internacional, de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas y Sociales de la UNNE, señalaba que ese conflicto bélico representaba un grave retroceso en los avances que la comunidad internacional venía logrando para evitar las guerras y en su caso humanizarlas.
Se trataba de la primera guerra internacional entre Estados en muchos años, pues los conflictos armados más recientes habían sido del orden civil o interno de naciones, o contra el terrorismo.
Consideraba que el actuar de Rusia violaba todo tipo de normativas sobre la guerra previstas en el derecho internacional y especialmente ponía en cuestionamiento el rol de la Organización de Naciones Unidas, que quedaba limitada en su actuación al ser Rusia uno de sus cinco miembros estables del Consejo de Seguridad, con derecho a veto de cualquier tipo de resolución.
Ahora, consultado por UNNE Medios sobre el surgimiento del conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán, el Dr. Mariño Fages opinó que se trata de un hecho que «debilita aún más el alcance del derecho internacional para evitar el uso de la fuerza y las guerras» y acotó que «es una guerra con muchas particularidades que tornan más complejo un posicionamiento desde el marco normativo internacional vigente».
«Hay dos países que atacan a un tercero, y este tercero (Irán) para defenderse ataca además a países vecinos, un escenario pocas veces visto» sostuvo al detallar algunos de los rasgos llamativos de la guerra en curso, que involucra a la mayor potencia mundial (Estados Unidos) y a un país con un gobierno teocrático fundamentalista y que además niega la existencia del tercer Estado involucrado que es Israel.
En esa línea, estimó que «las posibilidades de negociación, a la que convoca el derecho internacional, parecen muy lejanas porque Irán además de no reconocer la existencia de Israel llama a su destrucción, por lo que podríamos preguntarnos qué canales de diálogo para una solución pacífica definitiva podría haber».
Liberalismo y Realismo
«Pareciera que estamos frente a un escenario de realismo puro en el ámbito internacional, que se agrava por la participación de un país que se rige con dogmas teológicos extremos», sostuvo.
En ese contexto, consideró necesario recordar que el Derecho Internacional surgió en el año 1648 con los tratados de «la Paz de Westfalia» que puso fin a la “Guerra de los 30 Años” en Europa Central, y que consagró el respeto a la inviolabilidad territorial y de soberanía de los Estados.
Esa etapa del Derecho Internacional Clásico se extendió hasta el año 1945, cuando se crea la Organización de Naciones Unidas y empieza la era del Derecho Internacional Contemporáneo que se extiende hasta nuestros días, con base en el respeto de la soberanía, la igualdad entre los estados, la solución pacífica de las controversias y la prohibición del uso de la fuerza, entre otros principios detallados en el Art.2 de la Carta de la ONU.
Pero en el esquema internacional siempre persistieron dos vertientes que son el liberalismo o idealismo que postula que en las relaciones entre Estados se deben regir por el respeto al derecho, la cooperación y las organizaciones internacionales.
En tanto, el realismo considera que lo que predomina a nivel mundial son relaciones de poder, en el que los países actúan por interés propio preservando su seguridad, minimizando por ejemplo el rol de la ONU y del derecho.
Bajo este contexto, el Dr. Mariño Fages manifestó que «para algunos esta guerra se posiciona en un escenario de realismo absoluto en las relaciones internacionales», con dos países que inician un ataque armado sin recurrir previamente a la ONU, y un país atacado que responde atacando a casi una decena de países vecinos.
Justamente, para el especialista de la UNNE, la actual guerra dejó muy expuesta a la ONU, y su Consejo de Seguridad, «demostrando su dificultad de evitar enfrentamientos, así como de abrir ámbitos de negociación para frenar las disputas».
«Para algunos esta guerra se posiciona en un escenario de realismo absoluto en las relaciones internacionales»
Resolución de la ONU
Días atrás, el Consejo de Seguridad, compuesto por 15 miembros, con 13 votos a favor, ninguno en contra y 2 abstenciones (China y la Federación de Rusia), adoptó una resolución condenando “en los términos más enérgicos” los ataques de Irán contra Bahréin, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y Jordania y reiteró su firme apoyo a la soberanía, la integridad territorial y la independencia política de esos países.
China, que se abstuvo de votar, advirtió que, si bien debe respetarse la soberanía, la seguridad y la integridad territorial de los Estados Árabes del Golfo, «la resolución recién aprobada no refleja plenamente la causa raíz ni el panorama general del conflicto de manera equilibrada» y acusó que Estados Unidos e Israel lanzaron ataques militares sin la autorización del Consejo y deben cesar sus acciones de inmediato.
En tanto, en una segunda votación, Rusia presentó un proyecto de resolución que describió como un «documento imparcial destinado a reducir urgentemente la tensión», que el Consejo rechazó por 4 votos a favor (China, Pakistán, Federación de Rusia, Somalia), 2 en contra (Letonia, Estados Unidos) y 9 abstenciones (Bahréin, Colombia, República Democrática del Congo, Dinamarca, Francia, Grecia, Liberia, Panamá, Reino Unido).
«Queda en claro que la ONU está trabada, encerrada, sin muchas perspectivas de aportar una solución», insistió Mariño Fages.
Recordó que el Consejo de Seguridad de la ONU tiene 5 miembros permanentes que son Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia, y 10 miembros no-permanentes y rotativos cuyos mandatos duran 2 años. Las decisiones del órgano de seguridad requieren de 9 votos positivos para su sanción, pero en cuestiones estratégicas, como el “uso de la fuerza armada”, si alguno de los cinco miembros permanentes vota en contra la medida, se “neutraliza”, es decir se bloquea la resolución independientemente del resto de los votos.
Particularidades del conflicto
El Dr. Mariño Fages reiteró que se está frente a un enfrentamiento bélico con numerosos componentes poco frecuentes o llamativos respecto a otros conflictos bélicos, y que pone al derecho internacional y las relaciones internacionales «ante otro nivel de análisis».
Comentó que la Carta de Naciones Unidas establece dos excepciones a la prohibición del uso de la fuerza entre naciones, la primera de las cuales que es la “legítima defensa individual o colectiva”, (art.51 de la Carta de la ONU), que se considera como un derecho natural “inmanente” de repeler una agresión no provocada y que sea proporcional a la agresión, hasta tanto el Consejo de Seguridad adopte las medidas necesarias para restablecer la paz y la seguridad internacionales.
La otra excepción a la prohibición al uso de la fuerza es mediante una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (art.42 de la Carta).
Tomando en cuenta dichas excepciones, expresó que Estados Unidos e Israel aducen que actuaron en “legítima defensa”, alegando actos preparatorios de Irán para tener armas nucleares de forma inminente.
«EE.UU. e Israel deberán demostrar y probar que Irán representaba una amenaza inminente de ataque y no una amenaza a futuro por la posibilidad de desarrollar tales armas. De lo contrario deberían haber recurrido previamente a la ONU», opinó.
En tanto, señaló que también Irán podría alegar legítima defensa debido a que fue atacada, pero respondió a su vez atacando países vecinos ajenos a la disputa, argumentando que bombardeó bases militares y embajadas de Estados Unidos en esos países, espacios que, según las normativas internacionales, forman parte del territorio en el que se encuentran. Pero también atacó otros sitios como aeropuertos, almacenamientos de petróleo, etc.
Otra condición que debe respetarse en un ataque es la proporcionalidad en la respuesta, algo que Irán podría haber excedido al atacar a otros países.
«Los diversos análisis que podemos hacer, llevan cada vez más a poner el foco en la debilidad de las normativas internacionales para limitar los enfrentamientos armados», insistió.
Pocas expectativas de negociación
El docente de la Facultad de Derecho consultado por UNNE Medios, explicó que en las relaciones entre países hay tres niveles de vinculación para que pueda considerarse la existencia de «comunidad internacional».
Por un lado, la «coexistencia» (reconocimiento de existencia de otros países), la «cooperación» (la existencia de objetivos compartidos) y por último «integración», cuando esos objetivos compartidos convergen en acuerdos conjuntos entre países como la Unión Europea o el Mercosur.
«El problema es que en el actual conflicto se está fuera de esos niveles, porque Irán no acepta a Israel y alienta su desaparición. Y si no hay idea de comunidad no hay forma de negociar», indicó y recordó que, de manera previa, Irán alentó actos de terrorismo contra Israel apoyando a grupos extremistas, teniendo Irán, reiteró, un régimen teocrático de carácter fundamentalista.
En este escenario de pocas perspectivas de negociación, se suma que Irán habría incumplido el tratado de no proliferación de armas nucleares al obstruir las inspecciones de la Organización Internacional de la Energía Atómica.
Sobre este último aspecto, agregó que, a diferencia de otras disputas entre países que escalaron a la agresión armada, este conflicto no se sustenta en una cuestión territorial como la guerra de Rusia-Ucrania o la de Malvinas, ni de índole política o económica, sino de una cuestión de fundamentalismo, en la que existe un Estado que actúa según conductas fundamentalistas, dogmáticas.
Mencionó que existieron en los últimos tiempos otros enfrentamientos bélicos con participación de grupos terroristas, el más reciente entre Israel y Hamas en Gaza, y Hezbolá en el Líbano, apoyados y financiados por Irán.
Al respecto, señaló que es sabido que Irán no se comporta muy pacíficamente, toda vez que alienta y participa de atentados terroristas en distintas partes del mundo.
«Resulta difícil planear cómo hacer para eliminar esos actos de terrorismo, como objetivo, sin eliminar al régimen que gobierna el Estado iraní».
Acotó que “el solo hecho de recibir atentados terroristas ya es motivo de legítima defensa, e Irán viene apoyando e incluso promoviendo este tipo de agresiones, y aludió al caso de Argentina, donde la Justicia Nacional responsabilizó a Irán y al grupo Hezbolá por los atentados a la AMIA y la Embajada de Israel.
«Esos atentados en sí mismo podrían haber sido considerados actos de guerra de Irán contra nuestro país”, añadió.
En resumen, consideró que Estados Unidos e Israel, para justificar su accionar cómo “legítima defensa” deben demostrar que el régimen teocrático de Irán era una amenaza “inminente” a su seguridad nacional y que los ataques tuvieron un carácter anticipatorio a una ofensiva mayor con armas nucleares por parte de Irán, en especial para Israel “donde está en juego su propia existencia” porque viene enfrentando la amenaza permanente de su extinción desde hace muchos años.
Para concluir, el Dr. Mariño Fages manifestó que la sucesión de conflictos bélicos de grandes dimensiones en los últimos años, Rusia-Ucrania, Israel-Gaza y la actual guerra, “evidencia una dificultad concreta y creciente de la comunidad internacional de hacer valer los mandatos del derecho internacional de prohibición del uso de la fuerza entre Estados”.
“El avance del conflicto permitirá conocer cómo queda parado el Derecho Internacional en su misión de evitar, limitar o frenar las guerras” finalizó.
«Los diversos análisis que podemos hacer, llevan cada vez más a poner el foco en la debilidad de las normativas internacionales para limitar los enfrentamientos armados»
























