El especialista en medios de comunicación e industrias culturales participó este jueves en el streaming AsAECA en vivo, en el marco del X Congreso Internacional de Cine y Audiovisual, y analizó cómo la plataformización redefine la producción, la circulación y el control de los contenidos. La programación llega a su final este viernes 24 de abril por el canal de YouTube @HumanidadesUNNE, de 15 a 17 hs.
En el marco del X Congreso Internacional de AsAECA, durante la transmisión especial organizada por el Área de Prensa y Comunicación de la Facultad de Humanidades junto a las cátedras de Teoría y Técnica del Periodismo Audiovisual I y II de la Licenciatura en Comunicación Social, el investigador del CONICET y especialista en comunicación Martín Becerra adelantó los ejes de la conferencia “Plataformización de las industrias culturales:¿quién tiene el control?”, que brindará este viernes a las 12.30 horas, en la Facultad de Artes de la UNNE (Av. Castelli 1300, Resistencia). Con una trayectoria atravesada por el estudio de la concentración mediática, las telecomunicaciones y las transformaciones del sistema informativo, propone pensar la “plataformización” como una etapa que reconfigura las relaciones de poder en el campo de la comunicación a escala global.
AV—La conferencia va a abordar la plataformización de las industrias culturales y quién tiene el control. ¿Podrías adelantarnos de qué se va a tratar?
—Voy a tratar de describir el panorama de cambios tecnológicos que atraviesan las industrias culturales, que en las últimas décadas han sido muy acelerados y están profundamente ligados a la digitalización de todos los procesos de producción, circulación y consumo. Ahora bien, la intención no es quedarme solamente en esa descripción, sino problematizar esos cambios. Es decir, entender que no son neutros: no se trata únicamente de tecnología, sino también de transformaciones políticas, sociales y económicas que reorganizan el funcionamiento del sector.
AV—¿En qué sentido pensás esa problematización?
—En que cada innovación tecnológica reconfigura relaciones de poder. No sólo modifica herramientas, sino también quién decide, quién produce, quién distribuye y quién se apropia de los ingresos. En ese proceso cambia el rol de todos los trabajadores creativos, desde periodistas hasta realizadores audiovisuales o músicos. Y muchas veces estos cambios se presentan como inevitables o naturales, cuando en realidad responden a intereses concretos.
AV—Hoy suele hablarse de mayor autonomía en la producción de contenidos.
—Sí, hay un imaginario muy fuerte de autonomía: la idea de que cualquiera puede producir contenidos, ser su propio jefe, manejar sus tiempos. Y es cierto que el acceso a la tecnología se ha abaratado muchísimo. Hoy podés grabar y editar con un teléfono algo que antes requería un estudio completo. Pero esa autonomía es relativa, porque convive con nuevas formas de dependencia.

AV—¿Dónde aparece esa dependencia?
—Por un lado, en la carga laboral: producir contenidos hoy implica hacer muchas tareas que antes estaban distribuidas. Pero sobre todo aparece en la relación con las plataformas, que son las que concentran la circulación masiva. Ahí hay una relación muy desigual, porque quienes producen contenidos dependen de sistemas que no controlan y que, sin embargo, determinan su visibilidad y sus ingresos.
AV—Desde la práctica cotidiana también aparece esa tensión.
—Claro. Hoy quienes trabajan en comunicación tienen que adaptarse a un ecosistema donde no alcanza con una sola habilidad. Tenés que producir, editar, difundir, gestionar redes, construir una marca personal. Incluso cuando no querés hacerlo, el sistema te empuja a eso. Y eso no es menor, porque transforma las condiciones de trabajo y también la identidad profesional.
AV—¿Qué rol juegan las plataformas en ese esquema?
—Un rol estructural. Las plataformas no son simplemente intermediarias: organizan la circulación de los contenidos. A través de algoritmos definen qué se ve, qué se jerarquiza y qué queda invisibilizado. Y lo hacen con criterios que no son transparentes y que responden a sus propios intereses económicos.
AV—¿Podés dar un ejemplo concreto de esa lógica?
—Sí. Un medio, un periodista o una productora puede organizar toda su estrategia en función de ciertos criterios que funcionan en un momento. Pero después, plataformas como Google o Meta, cambian las reglas del juego y ese contenido pierde visibilidad. Esto no es una hipótesis; ha ocurrido muchas veces en los últimos años, con medios que perdieron gran parte de su tráfico de un día para otro.
AV—Entonces la plataforma define en gran medida la circulación.
—Exactamente. Y eso condiciona todo el proceso productivo. Porque no sólo define qué se ve, sino también cómo se produce. Muchos contenidos se piensan directamente en función de esas lógicas: cómo titular, cómo estructurar una nota, cómo adaptarla a formatos audiovisuales o breves para tener más alcance.
AV—¿Qué implica ceder ese control?
—Implica asumir una relación muy asimétrica. Si le cedés tu archivo a plataformas como YouTube o Spotify, tenés que saber que las reglas de juego están fuera de tu control. No es una relación entre iguales.
AV—¿Cómo impacta esto en los medios tradicionales?
—Los medios están muy tensionados porque han perdido el control de la circulación social amplia de los contenidos. Históricamente controlaban la producción, pero también la distribución, la exhibición y la comercialización. Hoy ese esquema está fragmentado y las plataformas ocupan un lugar central en esa cadena.

AV—También aparece el problema del control de datos.
—Claro. Las plataformas tienen una capacidad muy precisa de registrar comportamientos, consumos y hábitos. Esa información es la base de su poder económico y también de su capacidad de intervención en la circulación de contenidos. Y muchas veces eso no se problematiza.
AV—¿Y en términos regulatorios?
—Ahí hay una brecha importante. Existen marcos generales, como la Constitución Nacional Argentina o la Convención Americana sobre Derechos Humanos, que establecen límites a la libertad de expresión. Pero no hay una regulación específica que esté a la altura del poder de estas plataformas. Por eso aparecen debates y experiencias como en Brasil, donde el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva avanzó en normativas que responsabilizan a estas empresas.
AV—¿Cómo se vincula esto con la dimensión política más amplia?
—Las plataformas tienen hoy una escala global y una capacidad de incidencia muy fuerte en la circulación de la información. Eso tiene consecuencias políticas concretas, por ejemplo en campañas basadas en datos o en formas de segmentación que tensionan los marcos tradicionales de la democracia.
AV—Planteabas también un paralelismo histórico.
—Sí. Así como hoy muchas veces no se reflexiona críticamente sobre el rol de las plataformas, en otros momentos tampoco se problematizó el papel de los medios de comunicación. Y sin embargo, los medios han tenido un rol político muy fuerte en distintos contextos históricos, incluso en momentos críticos.
AV—¿Qué cambia en el escenario actual?
—La escala y la complejidad. Hoy estamos frente a conglomerados globales que no sólo median la comunicación, sino que también intervienen en la economía de datos, en la vigilancia y en múltiples dimensiones de la vida social.
AV—Entonces, ¿cuál es la reflexión final?
—Que estamos frente a una nueva etapa de un proceso más largo. Hay continuidades con el pasado, pero también elementos novedosos cuyo impacto todavía no conocemos del todo. El desafío es no naturalizar estas transformaciones, analizarlas críticamente y entender que están atravesadas por relaciones de poder. Ese es el punto de partida para poder discutirlas.
















