Investigadoras del Departamento de Fisicoquímica de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y del Conicet dialogaron en Radio UNNE y dieron a conocer el desarrollo de un nuevo sensor electroquímico que permite detectar el arsénico en el agua potable. En este marco, también mencionaron las dificultades para sostener el proyecto ante el desfinanciamiento que atraviesan las universidades y la ciencia argentina.
Marcela Rodríguez, Dayana Reartes y María Dolores Rubianes son las creadoras científicas del detector de arsénico en agua que, hasta el momento, no existe en el mercado local. Si bien el desarrollo de este nuevo dispositivo se enmarca en la tesis doctoral de Dayana, el interés nació de la necesidad de proveer una solución a zonas rurales donde la mayoría de la población extrae agua de pozo y el nivel de arsénico es alto porque no se dispone de la tecnología adecuada para detectarlo.
“El sensor es un tipo de tira reactiva que detecta selectivamente y sensiblemente el arsénico en el agua. La idea surgió porque queríamos buscar algo que pueda servir a la sociedad. Entonces, en función de lo que teníamos en el laboratorio porque como saben estamos desfinanciados, nos pusimos a estudiar el arsénico hasta que logramos desarrollar un dispositivo portátil que permite detectar en concentraciones muy bajas”, comentó una de las investigadoras del proyecto.
“La tesis se enmarca dentro de One Health, que significa Una Salud, y tiene el objetivo de monitorear tanto la salud humana como animal. Así es que desde su tesina, desarolló el sensor valiéndose de una modificación en tira reactiva”, agregó.
Según explicaron, el nuevo aparato permite una cuantificación en valores máximos, permitidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS), por debajo del límite (10 partes por billón) y su efectividad se pudo validar gracias a las pruebas realizadas con muestras tomadas en General Levalle (Córdoba) y Recreo (Catamarca), dos localidades afectadas por altos niveles de As (III), la forma más tóxica del arsénico, denominada, arsenito (los niveles de arsénico alcanzan casi a mil partes por billón en Recreo).

Los resultados obtenidos fueron comparables con los de análisis realizados en los laboratorios del Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos Córdoba (Icytac) de la UNC, que emplean equipos de mayor envergadura y costo, así como técnicas tradicionales para la cuantificación de metales en concentraciones traza, como la espectrometría de masas con plasma acoplado inductivamente (ICP-MS). “Este sensor fue comparado con técnicas de referencia, que son costosas y tediosas porque llevan mucho procesamiento de muestra. Digamos que este sensor podría reemplazar esas técnicas que se usan en la actualidad para detectar arsénico en las muestras”, argumentó.
Si bien para desarrollar el sensor estuvieron todo el 2024 trabajando en optimizaciones, a fines de 2025 se logró el inicio del proceso de patentamiento ante el Instituto Nacional de Propiedad Intelectual (INTI). “Fue un proceso bastante extenso. Incluso todavía no lo terminamos, pero ya estamos en la etapa final de la patente”, mencionó la directora del proyecto.
Las gestiones estuvieron a cargo de la Oficina de Propiedad Intelectual, dependiente de la Secretaría de Innovación y Vinculación Tecnológica de la UNC. Asimismo, el proyecto forma parte del catálogo UNC Innova.
Cómo funciona el sensor
La medición se realiza de manera rápida, con apenas una gota de agua y sin necesidad de pre tratamiento de la muestra. “Las matrices de agua son complejas, con muchos interferentes, y el desafío fue lograr un medio que permita detectar selectivamente solo el arsénico. Esa fue la modificación que planteó la tesis doctoral de Dayana”, explican.
Esa simplificación técnica también impacta en el uso porque “no requiere un conocimiento previo específico”, agregan, y es comparable su funcionamiento a los dispositivos que utilizan las personas con diabetes. “Si vamos al ejemplo concreto, los sensores que utilizan los diabéticos son con otros principios, pero con las mismas metodologías electroquímicas, donde una gotita de muestra sirve para la detección del análisis completo”, explicó.
El sensor funciona como una especie de “tira reactiva” que al conectarse a un aparato (de dimensiones similares a un disco duro portátil) amplifica la señal para determinar con exactitud y precisión la concentración del arsénico en la muestra. Su dimensión no supera al de un pendrive y resulta clave para el uso en territorio e integración a sistemas portables sin necesidad de equipos complejos o costosos.
Peligros para la salud
A nivel mundial, la presencia de arsénico en el agua destinada al consumo humano constituye uno de los problemas más serios para la salud pública. Además porque este elemento es invisible al ojo humano. “Mucha gente consume arsénico sin saberlo”, asegura la directora del proyecto y explica que el mismo está distribuido en las aguas subterráneas y “precisamente, en muchas zonas rurales se alimentan de agua de napa subterránea, donde están mayormente expuestos al riesgo del arsénico”, agrega.
Tal como lo mencionó existen distintos niveles de riesgo de arsénico, el más conocido es el hidroarsenicismo, que se manifiesta en los adultos por el consumo crónico a lo largo de los años. Además, comentó que se ha observado el arsénico acumulado en plantas y animales, y es porque “el agua usada para la cría del ganado o para el riego de cultivos, también está expuesto a este problema”.
“Mucha gente consume arsénico sin saberlo. En muchas zonas rurales se alimentan de agua de napa subterránea, donde están mayormente expuestos al riesgo del arsénico”.
El hidroarsenicismo crónico regional endémico (HACRE) es una enfermedad que se manifiesta con lesiones cutáneas, trastornos cardiovasculares, diabetes y diversos tipos de cáncer como el de vejiga y boca. En niños, además, se asocia de manera significativa con alteraciones en el desarrollo neurocognitivo. Además, comentaron las investigadoras que “se ha detectado este elemento en madres que durante el embarazo consumen agua con arsénico, en donde se observa que luego los bebés tienen problemas de neurodesarrollo”.
Entre la implementación masiva y la necesidad de financiamiento público
El desarrollo del sensor para detectar arsénico en el agua abre la posibilidad de materializarse en un futuro para su utilidad práctica para la población. No obstante, su implementación para el uso masivo depende de una cadena de decisiones científicas, institucionales y políticas.
“Una vez que salga el patentamiento, se necesita el interés de organismos gubernamentales, municipalidades e instituciones educativas para terminar de cerrar el mapa de arsénico que hay en la zona chaco pampeana, que es la más afectada en nuestro país”, explicó la investigadora.
Además, la utilización de este sensor es esencial porque a partir de la detección y el análisis en el ámbito territorial del arsénico, se podrá dar una solución. Es decir, “debe haber un problema, niveles de arsénico en un espacio específico, para aportar soluciones. Y es en la zona rural donde más se necesita erradicar el problema”, expresó.
“Una vez que salga el patentamiento, se necesita el interés de organismos gubernamentales, municipalidades e instituciones educativas para terminar de cerrar el mapa de arsénico que hay en la zona chaco pampeana, que es la más afectada en nuestro país”.
Al finalizar la entrevista, pero a modo de recordatorio y reclamo, las investigadoras subrayaron un aspecto estructural que condiciona el avance del proyecto: la falta de financiamiento. “En este momento trabajamos sin fondos, muchas veces poniendo dinero de nuestro bolsillo. Incluso para desarrollar este dispositivo empezamos a utilizar todo lo que teníamos en el laboratorio porque es complicado comprar activos, justamente por el financiamiento. Además, el equipo había sido seleccionado en una convocatoria nacional (PICT 2022), en el que salimos adjudicados entre 1574 proyectos. Y durante todo el 2024 estuvo sin financiamiento porque nunca se firmó el contrato y finalmente se dio de baja en diciembre de 2025 en el contexto actual de políticas en contra la ciencia”, sostuvieron.
“Esto es un producto de la universidad pública. Sacamos plata de nuestros bolsillos, pero también, al ser docentes no tenemos demasiados fondos para disponer de un extra porque apenas nos alcanza para vivir”, remarcan, al tiempo que vinculan su trabajo con la necesidad de sostener al sistema científico.
Con convicción y amor a la innovación y la tecnología, así como de proveer una solución a las poblaciones más vulnerables, siguen investigando: “Es puro compromiso pero es complicado sostenerlo en el tiempo en un escenario sumamente adverso”, concluyeron.
“En este momento trabajamos sin fondos, muchas veces poniendo dinero de nuestro bolsillo. Incluso para desarrollar este dispositivo empezamos a utilizar todo lo que teníamos en el laboratorio porque es complicado comprar activos, justamente por el financiamiento».

















