
Joaquín Oscar Carrillo del Pino, becario de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UNNE analiza cómo la raza del animal y la cantidad de veces que parió modifican el volumen y la composición de la leche. El trabajo busca dar a los productores del Litoral información para tomar decisiones sobre qué animales incorporar a sus rodeos y cómo manejarlos.
La leche de búfala tiene una participación de alrededor del 15 por ciento en la producción mundial de leche, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, 2023). En todo el mundo hay más de 206 millones de búfalos, la mayoría en Asia, aunque en los últimos años el número de animales creció de forma notable en América Latina, en particular en Brasil, Venezuela, Colombia y Argentina.
En nuestro país, la cantidad de búfalos aumentó un 68,4 por ciento de 2013 a 2020, cuando alcanzó aproximadamente 147.785 cabezas.
Este crecimiento se explica, en parte, por las condiciones del territorio del Litoral argentino: los esteros y zonas inundables de Corrientes, donde la ganadería vacuna tiene dificultades para desarrollarse, son aprovechados con menos limitaciones por los búfalos, que se adaptan a esos ambientes con mayor facilidad.
La leche de búfala contiene más grasa, más proteínas y más sólidos en general que la leche de vaca. Esas características la hacen más rendidora para fabricar quesos, en especial la mozzarella y los quesos duros. Por eso, la industria láctea tiene interés en este tipo de leche como materia prima.
El médico veterinario Joaquín Oscar Carrillo del Pino, investigador de Ciencias Veterinarias de la UNNE, lleva adelante una investigación sobre cómo la raza del animal y la cantidad de veces que ha parido inciden en la cantidad y la calidad de la leche que produce una búfala en la provincia de Corrientes.
El trabajo se titula «Efecto de la raza y el número de pariciones sobre la producción y calidad de leche de búfalas (Bubalus bubalis) en sistemas de cría de Corrientes, Argentina» y cuenta con el financiamiento de una Beca de Estímulo a la Investigación de la Secretaría General de Ciencia y Técnica de la UNNE. La directora del proyecto es la doctora Gladis Rebak, docente e investigadora de la Facultad de Ciencias Veterinarias.
El trabajo del becario buscará dar respuesta a la siguiente pregunta: ¿la raza de la búfala y la cantidad de veces que parió modifican de manera significativa cuánta leche produce y cuál es su composición?.

La respuesta tendrá consecuencias prácticas para los productores del NEA: saber qué raza rinde más en volumen, cuál produce una leche con más grasa o proteínas, y en qué momento de la vida productiva del animal se obtiene el mejor resultado, permite tomar decisiones sobre qué animales incorporar al rodeo, cómo manejarlos y cómo planificar la venta de la leche o la fabricación de derivados.
Metas
Como parte del trabajo planificado, el becario buscará determinar el volumen de producción láctea en búfalas de las razas Mediterránea y Murrah. Al mismo tiempo, analizará la composición centesimal de la leche según raza y número de pariciones.
Por otra parte, comparará indicadores productivos (litros/día, persistencia de lactancia) en búfalas primíparas, secundíparas y multíparas. También evaluará calidad higiénica de la leche; generará información para programas de selección genética y manejo reproductivo.
Antecedentes
La producción de leche de búfala fue estudiada en distintos países. En India, que es el principal productor mundial, la raza Murrah —una de las dos que se estudian en este trabajo— alcanza rendimientos de entre 1.800 y 2.300 kilogramos de leche por cada período de lactancia. En Italia, la raza Mediterránea —la otra raza del estudio— es reconocida por su aporte a la fabricación de queso mozzarella, gracias a la concentración de sólidos en su leche.
En Argentina, trabajos previos analizaron la composición de la leche de búfala y su contenido de grasas, y confirmaron que su calidad es superior a la de la leche de vaca. Sin embargo, hay poca información sobre cómo las distintas razas que se crían en el país se comportan en las condiciones del Litoral, y sobre el papel que juega el historial de partos de cada animal en la cantidad y calidad de leche que produce.
Trabajo planificado
El becario realizará su trabajo de campo en el establecimiento CIAB-sas, ubicado en Paso Florentín, departamento General Paz, provincia de Corrientes. La zona tiene un clima húmedo, con lluvias que superan los 1.500 milímetros por año y temperaturas promedio de 21 grados centígrados, lo que favorece el crecimiento de pasturas y la cría de búfalos.

Se trabajará con 40 búfalas divididas en seis grupos según dos criterios: la raza (Murrah o Mediterránea) y la cantidad de partos anteriores (primer parto, segundo parto o más de dos partos). Todos los animales recibirán la misma alimentación y el mismo manejo, y serán ordeñados de forma mecánica en condiciones iguales para todos.
Cada semana se tomará una muestra de leche de cada animal. Las muestras se recolectarán en frascos de vidrio estériles y se transportarán refrigeradas hasta el Laboratorio de Tecnología de los Alimentos, donde se realizarán los análisis.
Los análisis incluyen dos tipos de determinaciones: Composición y propiedades físicas y químicas; e Higiene.
Además de la leche, el estudio registrará el peso de las madres al momento del parto y el peso de las crías al nacer. En los terneros —llamados bucerros— se tomarán mediciones corporales al nacer, a los 60 días y al final del período de lactancia, para hacer un seguimiento de su desarrollo.
También se analizarán los alimentos que consumen los animales —pasturas, maíz, harina de soja y girasol, rollos de arroz, entre otros— para conocer su valor como fuente de nutrición, ya que la alimentación incide directamente en la composición de la leche.
Importancia del conocimiento que se busca
La investigación forma parte del contexto más amplio de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas, que impulsa sistemas de producción de alimentos que sean sostenibles, que reduzcan el impacto sobre el ambiente y que contribuyan a garantizar alimentos nutritivos para la población. La diversificación de las especies animales de las que se obtiene leche es señalada por organismos internacionales como una estrategia para hacer frente al cambio climático y al aumento de la demanda de alimentos en el mundo.
La bubalinocultura —la cría de búfalos— aparece como una alternativa que puede crecer en las provincias del Litoral argentino, donde las condiciones del terreno y el clima se adaptan a las características del animal. La información que pueda obtenerse será de suma relevancia para hacer más certeras las decisiones a tomar por parte de los productores del NEA.
















