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Domingo, 28 Junio 2020 12:09

Nueva calidad educativa, rol docente, acto pedagógico y aporte social, ejes de análisis sobre La Universidad Pública en pandemia y después

El encuentro de reflexión online fue organizado por el Centro de Estudios Sociales (CES) de la UNNE y con la premisa de pensar entre los distintos actores de la Universidad en su utilidad y su función social en este tiempo excepcional de emergencia sanitaria por Covid-19 y en la pospandemia. Las reflexiones abordaron también temáticas muy actuales como la virtualización de la enseñanza y sobre la concepción de ideario igualitarista que subyace a la universidad pública argentina.

Esta propuesta de reflexión abierta con mirada introspectiva sobre la universidad y su rol social en este tiempo de aislamiento social obligatorio, el paso obligado de lo presencial hacia la virtualidad académica, la utilidad social de la institución superior pública, entre otros, reunió a referentes de peso de distintos ámbitos de la UNNE para exponer y proyectar ideas pensando en el presente inmediato, con la mira puesta en la universidad pública pospandemia.

Con la coordinación de los docentes- investigadores de la Facultad de Humanidades de la UNNE y del CES-UNNE Guillermo Vega y Aldo Avellaneda, y el intercambio virtual activo de reflexiones y miradas propias de los ámbitos de desarrollo de cada uno de los participantes, se encaró este conversatorio que mantuvo el hilo conductor basado en la exposición de los decanos de las Facultades de Medicina y Humanidades Omar Larroza y Aldo Lineras y Marisa Censabella y Mercedes Oraisón, directoras del CONICET Nordeste y del Centro de Estudios Sociales de la UNNE.
En la introducción, Vega expuso que con este conversatorio se aspira a conocer cómo la Universidad -reconocida como una institución tradicional- trata de resolver los problemas con los que hoy se enfrenta y los desafíos que se abren en el vínculo que se mantiene con el espacio público. “Acercar a la comunidad universitaria, la voz de quienes tienen a cargo la gestión de las instituciones públicas de formación y producción del conocimiento”, explicó el moderador.

Por su parte, Avellaneda manifestó que “nos interesa tomar esta coyuntura como un punto para problematizar el rol social en términos generales de la universidad para ver cómo manejarnos a futuro a través de las voces de las personas al frente de la gestión”.

Nueva calidad educativa y “utilidad” social de las universidades

El decano de Medicina reflexionó sobre las medidas de comportamiento personal como base fundamental, determinante y estratégica ante la pandemia. “Ésta es nuestra “vacuna” y la tenemos todos y es además nuestro punto de partida para ver el futuro”. Dijo además que “todos sabemos que nada va a ser igual a lo que vivíamos antes, ni la presencialidad, ni el sistema de salud, ni el educativo. Es la dinámica Covid la que nos obliga a cambiar para no convertirnos en una Universidad inútil más allá de los nuevos conocimientos, las prestaciones de salud o las nuevas tecnologías”, reflexionó, haciendo hincapié en que tiene mucho que ver la nueva calidad educativa que se ofrecerá para contribuir con la nueva redimensión de mundo donde las desigualdades son enormes.

Por su parte, el decano de Humanidades, se refirió a la pertinencia social y regional que tiene cada universidad dentro de su territorialidad. “Las funciones de docencia, investigación y extensión van definiendo la utilidad de cada una, y hablo de “utilidad de la universidad” dentro de un proyecto de Nación –no partidario- que sea pertinente en términos sociales”, señaló. “Con esto me refiero a que una universidad funciona institucionalmente entre aquello que sabe y conoce de su realidad y que tienen que ver con cuestiones de impacto social”, aclaró y resumió con la idea de que “sin Educación Superior no hay esquema de país posible”.

La crisis de identidad del rol docente ante la virtualidad

El decano Larroza habló de la humanidad subyacente detrás de la tecnología: “hoy la virtualidad ha borrado los límites de distancias y de oportunidades de acceso a la información y esto tiene que ver con un proceso de conducta y predisposición al cambio”, manifestó y destacó que algunos docentes han sorteado en este corto tiempo la resistencia a esta barrera de no ser nativos digitales porque resultó ser un estímulo el aprender sobre estas nuevas herramientas.
La directora del CES-UNNE por su parte se explayó sobre la gran tensión entre la democratización y la profundización de las igualdades que se genera tras la virtualización de las enseñanzas. “Son muchas personas que se han beneficiado con este sistema de virtualización forzosa, pero también ha perjudicado a otras que no tienen las condiciones técnicas para trabajar o estudiar desde el hogar”, remarcó Oraisón.

En otro párrafo de su intervención se refirió al rol que ocupan los docentes en el proceso de enseñanza-aprendizaje. “Creo que en este contexto de pandemia atravesamos una crisis de identidad con nuestro rol, nuestra práctica y poniendo en cuestión ciertos supuestos que hacen pensar que los estudiantes no pueden aprender sin mediar nuestra explicación”, reflexionó. “Un desafío frente a éstos supuestos es ir pensando otras formas de aprendizaje autónomos donde la explicación presencial del docente pierda la centralidad y los procesos de apropiación de los estudiantes la recuperen”, planteó entonces.

“Quizás este nuevo contexto que se nos abre con la virtualización de la formación como protagonista, nos puede hacer pensar en los nuevos roles de los docentes”, agregó a la vez que se refirió al contexto adverso que viene de la mano de la nueva virtualidad y que encuentra a los docentes inmersos en una situación laboral permanente de 24 hs.

La virtualidad y la falta de interacción personal y del acto pedagógico

La directora del CONICET Nordeste por su parte abordó la realidad académica que se vive en tiempos de virtualidad: “esta nueva forma de aprendizaje-enseñanza rompe con el sentido de un lugar definido en el que todos confluimos y donde vamos construyendo nuestra subjetividad y nuevos conocimientos”, dijo.

En esa línea, el Decano de Medicina resaltó que “lo que todavía no podemos reemplazar es la adquisición de competencias reemplazando los escenarios de prácticas de intervención social”. Y “ese es el desafío”, planteó reconociendo no obstante que éste proceso de virtualización se ha convertido en un factor fundamental a la hora de poder integrar los conocimientos teórico-prácticos.

Censabella aclaró no tener una visión negativa sobre la virtualidad sino que la siente como una fase nueva, que “a muchos de nosotros nos cuesta esto porque sentimos la diferencia de éstos soportes”. Planteó sí sus preocupaciones sobre ello: “Me preocupa sí y mucho, la ausencia de los cuerpos y de la performance del acto pedagógico. Me preocupa también la socialización de los que recién llegan a la universidad, cómo socializan para el estudio académico, cómo generan identidad dentro del nuevo lugar, o cómo formamos un investigador en ciencias sociales que se espera reflexione con un grupo de colegas, si realiza toda su tarea desde la virtualidad en su casa”, expuso.

Habló nuevamente sobre las ventajas muy importantes de la virtualidad pero alertó sobre “un tremendísimo riesgo y necesidad de actuar rápidamente -los que estamos en Universidades que no son centrales- en el sentido de que si la ventaja virtual ya venía siendo importante en algunas Universidades, ahora va a ser mayor, entonces los estudiantes van a optar por esas ofertas estables que funcionan mejor”. “Si nosotros no resolvemos esto de forma creativa, se va a reproducir todavía más esto del “centro y periferia” y la antifederalización de lo que son las ofertas docentes de posgrado, por ejemplo”.

La Universidad como plataforma para construir un proyecto igualitario

En las reflexiones de cierre, el decano Aldo Lineras destacó que “todo momento de crisis siempre genera una revisión del statu quo en función de lo que es, fue y será a futuro”. Planteó entonces la importancia de“pensarse en términos de coordinación sumando esfuerzos para poder avanzar” y recordar que la Universidad es también parte activa de la intervención y el desarrollo de los procesos públicos”.

En su síntesis final, el decano de Medicina, Omar Larroza remarcó la necesidad de un pensamiento crítico para atender y resolver cuestiones internas, y así, aportar también a los problemas sociales. “L tecnología por sí misma no genera garantías en términos de pandemias”, señaló.
“Debemos ir viendo como desde adentro de la universidad podemos ir buscando equidad para una vida mucho más plena”, aportó la doctora Censabella.

Oraison por su parte, concluyó que la universidad sigue siendo una plataforma para construir un proyecto igualitario. “A pesar de que este tiempo se vieron exacerbadas las desigualdades e inequidades y que la universidad -sin querer- pudo haber profundizado algunas de ellas, creo que, en términos de utilidad, la universidad es un actor protagónico en la lucha por los derechos, porque desde allí se sostiene un proyecto igualitario”, aseguró.