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Miércoles, 22 Abril 2020 10:53

Día internacional de la tierra 2020: 50 aniversario con un planeta degradado, un ecúmene enfermo y un futuro incierto

 “El hombre es dueño de su destino y su destino es la tierra y él mismo la está destruyendo hasta quedarse sin destino.” Frida Kahlo

Este 22 de abril, como todos los años desde 2009, se celebra en dicha jornada el Día Internacional de la Tierra. Su creador fue el senador y activista ambiental estadounidense Gaylord Nelson, que instauró este día buscando animar una conciencia común para salvaguardar la Tierra frente a los problemas de la superpoblación, la contaminación, la pérdida de la biodiversidad y otras preocupaciones ambientales que perturban al planeta y se han incrementado en los últimos tiempos. Al respecto, impulsada por este parlamentario ambientalista estadunidense, la primera manifestación tuvo lugar el 22 de abril de 1970, reclamando la creación de una agencia ambiental. Si bien Gaylord Nelson originalmente denominó al evento National Environment Teach-In (Encuentro Nacional del Medio Ambiente), el coordinador nacional, Denis Hayes, empleó el término Día de la Tierra (Earth Day) en sus comunicados y la cobertura de prensa del mismo por lo que fue prácticamente unánime su uso y así quedó el nombre.

Años después, en 1972 se concretó la primera conferencia internacional sobre el medio ambiente. La Cumbre de la Tierra de Estocolmo cuyo propósito fue sensibilizar a los líderes mundiales sobre la magnitud de los problemas ambientales.

Por su parte, la Asamblea General de las Naciones Unidas reconociendo la importancia de la Tierra y sus ecosistemas como espacio vital para todos los seres vivos, decidió designar el 22 de abril como Día Internacional de la Madre Tierra, en virtud de la resolución A/RES/63/278.

Para celebrar esta fecha, las Naciones Unidas todos los años concibe un lema oficial o expresión que identifica al acontecimiento, para el año 2020 el lema es”50 aniversario del Día de la Tierra” (50th Anniversary of Earth Day), recordando el origen de este hito ambiental.

Coincidente con este magno evento debemos remarcar que, entre muchos recursos y acciones, la educación en general- y la educación ambiental en particular, son la base para el desarrollo sostenible y la equidad social. De igual forma y con la misma trascendencia –antes los últimos angustiosos sucesos del COVID-19 - es invaluable contar con los recursos tecnológicos, profesionales y académicos para trazar respuestas a problemas ambientales y epidemias de alcances cosmopolitas.

Actualmente, según la UNESCO, la educación de más de 75 millones de niñas, niños y jóvenes en todo el mundo ha quedado interrumpida o anulada por situaciones de emergencia y crisis socio ambientales prolongadas, muchas de ellas agravadas específicamente por problemas climáticos que además, descubren y muestran una realidad de injusticia social motivada por la pobreza y la vulnerabilidad ante estas situaciones. Así, la educación se erige como primordial para lograr un planeta saludable, condición esencial para que se cumpla el derecho a la educación. La educación es un instrumento para la prevención, la adaptación y la mitigación en casos de desastres ya que forma a las personas para tramitar mejor los recursos de la Tierra, pues incrementa conocimientos y promueve cambios de actitudes que permiten a la población alcanzar estilos de vida respetuosos con su hábitat.

Una Gran Pandemia Postmoderna y la Humanidad en Jaque

Este Día de la Tierra, y el año 2020, pasaran a la historia pues el mundo se detuvo bruscamente, no como planeta sino como aldea global, como la humanidad acuciada por una pandemia postmoderna, el brote y expansión mundial del COVID-19 desde Wuhan (China)… que, como cachetada certera de realidad, nos mostró sin reparo un planeta degradado, un ecumene enfermo y un futuro incierto. A pocos meses del comienzo del brote de la pandemia, el mundo ha cambiado drásticamente y demanda nuevas percepciones. Según embajadaabierta.org (1) no obstante las pandemias han acompañado el proceso de internacionalización de la economía desde hace siglos, el COVID-19 irrumpe en condiciones inéditas de población, urbanización y riesgo ambiental global que, combinadas con una crisis económico política global, pueden conllevar consecuencias sin precedentes. Así, según esta fuente, el coronavirus catapulta al siglo XXI como el de los conflictos “glocales” (aquellos que combinan lo global y lo local a la vez). Los flujos transfronterizos y la comercialización de la producción mundial fortalecen el impacto y la duración de fenómenos que desconocen fronteras. Frente a esto, el futuro es incierto y los factores en juego se pueden combinar de distinta manera, pero la restauración se basará en la facultad de liderazgo que tengan los organismos de la gobernanza global para mitigar la pandemia, reactivar la economía y aprovechar la oportunidad para conferir una orientación más sustentable y equitativa al desarrollo en el siglo XXI.

Al respecto, los coronavirus (CoV) son una amplia familia de virus que pueden producir diversas dolencias, desde el resfriado común hasta enfermedades más graves, como ocurre con el coronavirus causante del síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV) y el que ocasiona el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS-CoV). Mientras a finales de 2019, una nueva cepa -un nuevo tipo de coronavirus que no se había encontrado antes en el ser humano, comenzó a enfermar a personas con síntomas similares a la gripe (2). El virus se propaga fácilmente y ahora ha afectado a personas de gran parte del mundo, llevando a la OMS a declararla una pandemia. El coronavirus (COVID-19) con síntomas bastante similares a los del resfriado o gripe, causa fiebre, tos y dificultades para respirar; infección que puede ser más grave en grupos de riesgo (ancianos, personas con problemas cardíacos, renales, de diabetes y respiratorios, con bajas defensas).

El COVID 19, como cualquier organismo para eclosionar y expandirse necesita de ciertas condiciones ambientales que estimulen y sostengan el proceso. El virus encontró en el ecúmene (parte poblada del mundo) un ambiente ideal donde brotar y expandirse con inusitada rapidez y fuerte malignidad, provocando en su avance miles de muertes. Entre los factores promotores están un mundo poblado y urbanizado, con un crecimiento demográfico bastante acentuado, en especial en algunas regiones del planeta; población que en su mayor parte vive en centros urbanos, sobre todo de grandes dimensiones. El 55 % de la población mundial vive en zonas urbanas, una proporción que llegará a 68 % para el año 2050, según estima la ONU. Cabe recordar que muchas de estas megalópolis tienen serios problemas ambientales y sociales como la contaminación, estrés, desempleo, criminalidad, etcétera. Las sociedades que las habitan están marcadas por una cultura consumista cosmopolita, por tanto necesitan unos sistemas de protección para enfrentar una hiperglobalización, condición que las hace vulnerables para soportar los embates de catástrofes ambientales y pandemias, como también para responder con eficacia y rapidez a ellas.

Otra cualidad de nuestra cultura postmoderna es la facilidad de movilidad con alta circulación, tanto en frecuencia como en rapidez. Así esa población mundial, numerosa y altamente urbanizada, en 2020 es capaz de desplazarse en grandes contingentes y rápidamente a través de dilatadas extensiones, atributos que son apreciados por los microbios, pues se esparcen mejor a grandes distancias en poco tiempo. Vale recordar -como prueba- que los cinco países con más arribos de turistas internacionales son Francia, España, Estados Unidos, China e Italia, precisamente los mismos países que lideran en número de contagios del Corona virus.

A estos desplazamientos por cuestiones laborales, de ocio u otras índoles, debemos sumar las migraciones, propiedad particular de nuestro mundo cada vez más globalizado, muchas de ellas forzosas, con trasfondos de criminalidad y riesgos en muchos casos. Hasta fines de 2019, según la ONU, el número de migrantes alcanzó la cifra de 272 millones.

Otro factor es el envejecimiento de la población, en especial en países desarrollados donde la esperanza de vida se ha incrementado mucho en el siglo XX. Esta pandemia afecta especialmente a los adultos mayores, más vulnerables a este virus. Según la ONU 1 de cada 11 personas en el mundo era mayor de 65 años en 2019. De hecho, por primera vez en la historia el año pasado ya hubo más gente en el mundo mayor de 65 años que menor de 5. Justamente es en países con una población envejecida donde se han registrado mayor tasa de mortandad, como Italia, España, Gran Bretaña.

A estos determinantes se agrega un panorama socio político global desventajoso aseverado por las deudas y guerra comercial entre potencias globales (EEUU y China), escenario mundial al que la pandemia del COVID le impone una recesión de niveles sin precedentes y en tiempos récord, apenas en unas pocas semanas cuando la actividad y el comercio se frenaron de golpe, crisis no registrada ni en la Gran Depresión de 1930 ni en la II Guerra Mundial.

La pandemia del COVID ha puesto en jaque a toda la humanidad y en general- como nunca antes- nos llevo a tomar conciencia de nuestra vulnerabilidad, irracionalidad y poca precaución. Esperemos sirva para recordar, asumir y comenzar a obrar en consecuencia sobre los grandes problemas socioambientales que aquejan a la Tierra, como la pérdida de biodiversidad, la desforestación y desertización, la contaminación del aire, agua y suelo, el calentamiento global, el hambre y la pobreza, la esclavitud, el desempleo entre tantos otros. Pero a no desesperar, en este nuevo Día Mundial de la Tierra y su cincuenta aniversario, pensemos que como en la leyenda de Pandora en el fondo de la caja prohibida, en el ambiente, en la Tierra aún queda la esperanza.

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(1) Fundación Embajada Abierta. Por qué este Mundo favorece al COVID 19. Consultado 28/03/2020. En: http://www.embajadaabierta.org/post/porqu%C3%A9-este-mundo-favorece-al-covid-19

(2) https://www.who.int/es/emergencies/diseases/novel-coronavirus-2019

 

Prof. Juan Antonio ALBERTO

Profesor Adjunto. Cátedra Biogeografía y Geografía Ambiental. Departamento e Instituto de Geografía. Facultad de Humanidades. UNNE.

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