Viernes, 24 Marzo 2017 09:49

Una vigilia de ojos bien abiertos

Foto:ddhhgrupojauretche.blogspot.com.ar Foto:ddhhgrupojauretche.blogspot.com.ar

En este día tan especial donde rememoramos aquella fecha que dejó marcada nuestras vidas para siempre compartimos esta reflexión escrita por la Prof. de Lengua y Cultura Griegas Alejandra Liñán del Dpto de Letras-Facultad de Humanidades

¿Qué significa ejercer la facultad de la memoria? En el plano personal y familiar, el relato de lo que rescatamos de la experiencia vivida va configurando quiénes somos. Así acontece también con la narración social de lo memorable, aunque convendría decir las narraciones. La memoria colectiva, que permite situarse e identificarse en este, nuestro, lugar en el mundo, está atravesada por los avatares de la historia y tironeada por las diferentes perspectivas de sectores y clases.

La rememoración del 24 de marzo reclama una vigilia de ojos bien abiertos y no olvidar todo lo que la comunidad pierde cuando se vulneran las libertades ciudadanas y domina la monocorde voz de los tiranos.

Las dictaduras militares en la Argentina –particularmente la iniciada en 1976- silenciaron las voces populares, censuraron la libertad de opinión, de pensamiento y de acción, llevaron a prisión, asesinaron y desaparecieron a luchadores políticos, sociales, sindicales, estudiantiles, para lograr el acatamiento social de un proyecto económico y cultural injusto y dependiente.

Cuando quienes se apropian del estado por la fuerza se arrogan la facultad de disponer de la libertad y de la vida de las personas, se instala la desintegración social, y el silencio o el susurro a escondidas reemplazan en gran medida el saludable bullicio de las voces de todos, de los que quieren expresar sus ideas, ya sean afines o antagónicas.

¿Qué clima más ajeno a lo que defendemos como universidad humanística que el silencio impuesto o el murmullo temeroso de mostrar lo que se piensa y crea? No es ese el ambiente que queremos ni para las universidades ni para la sociedad toda.

Por esto no hay que olvidar en el presente ni dejar olvidar a las generaciones futuras que uno de los golpes duros de la dictadura fue el asestado a la educación pública y a las universidades. Censura, profesores cesanteados, docentes y estudiantes presos, perseguidos o desaparecidos, libros y saberes prohibidos.

Es necesaria la memoria de que esta universidad pública, gratuita y laica es el fruto de la construcción de generaciones de mujeres y hombres, a lo largo de una historia plena de luchas, de lucidez y de coraje.

La narración de esas memorias no puede faltar hoy en nuestro ámbito porque conviene estar alertas para adelantarse a conjurar las amenazas siempre latentes y, a veces, declaradamente presentes, a la libertad de estudiar, construir conocimiento, crear, trabajar, tener un pensamiento crítico o contestatario respecto de las variantes de dominación económica, social y cultural del sistema.

Es demasiado importante lo que se juega si se ocultan las herencias nefastas y dolorosas del pasado. Es demasiado buena la educación pública, a pesar de las deudas y los conflictos, para que no tomemos su defensa en nuestras manos.

Y es muy valiosa la historia de las luchas y el esfuerzo del pueblo argentino como para dejar de recordar cada 24 de marzo las asechanzas de quienes puedan pretender cerrar nuestras bocas, tapar nuestros oídos y no permitir que tengamos los ojos bien abiertos.

Alejandra Liñán

Profesora de Lengua y Cultura Griegas

Dpto de Letras-Facultad de Humanidades