Viernes, 17 Noviembre 2017 07:28

El desafío de educar en Derechos Humanos en estos tiempos

Norberto Liwski coordina desde su creación en el 2011 la Cátedra Libre de Derechos Humanos y Participación Ciudadana en la Universidad Nacional del Nordeste. Una dilatada trayectoria, que se inicia a fines de los años 60 siendo un maestro de escuela, lo lleva a desandar el camino de “educar en Derechos Humanos”.

Días atrás presentó el libro “Apuntes para la educación en clave de Derechos Humanos”, un trabajo que refleja la experiencia y los resultados de intervenciones concretas, en instituciones educativas de los tres niveles, como así también en ámbitos comunitarios.

Para Liwski “educar en Derechos Humanos” es trabajar para consolidar la vida democrática. “Es difícil imaginar el estado de derecho, con desconocimiento de los derechos individuales y colectivos”. De acuerdo a su visión, afortunadamente en la Argentina hay signos que reflejan estar en el camino correcto. “Hay límites que la sociedad supo poner al propio Estado cuando éste avanzó sobre algunos principios legales o sobre conquistas sociales alcanzadas”.

Para tales casos trae como ejemplo la reacción social unánime contra la iniciativa de la Corte de plantear el fallo del 2 x 1 respecto de las condenas de los Tribunales Federales en los delitos de lesa humanidad realizadas en la última dictadura militar. “La sociedad entendió que no se debía volver para atrás. Pueden haber distintas interpretaciones de la historia, pero en ésta un país entero se movilizó a raíz de las heridas profundas que esa etapa dejó en la sociedad”.

Norberto Liwski es médico pediatra. Integró entre 2003 y 2007 el Comité de Derechos del Niño de Naciones Unidas. Es presidente de la entidad sin fines de lucro “Comité para la Defensa de la Salud, la Ética Profesional y los Derechos Humanos”. CODESEDH; director Curso de Posgrado “Adolescencia y Ciudadanía: Mediación Juvenil una herramienta para el ejercicio de derechos” de la Universidad Nacional de San Martín; director del Programa de Actualización de Adolescencia y Ciudadanía, Facultad de Derecho de la Universidad Buenos Aires; director de la Especialización en Educación de Políticas Públicas y Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes de la UNIPE.

En su larga tarea de educar en Derechos Humanos surgen una serie de interrogantes que pueden resultar simplistas pero que ayudan a entender la evolución en la material

 

-¿El reto de educar en DDHH,  es el mismo en la década del 60 que en estos tiempos?.

Teníamos una visión en menor grado de desarrollo de los DDHH. Pero no contábamos instrumentalmente la posibilidad de garantizar y exigir la garantía de derechos. Podíamos intuir que había un campo de derechos humanos que estaba siendo objeto en el mundo entero de un gran debate. No nos olvidemos que en la década del 60 Naciones Unidas aprueba las Convenciones Internacionales de DDHH, que llegan tardíamente a la Argentina por la interrupción del proceso democrático. En consecuencia, no teníamos los instrumentos normativos que le dieran fortalezas a esos principios. No había formación académica en el campo. Ninguna universidad estaba pensando en constituir espacios de formación en DDHH. Los Derechos Civiles y los Derechos Políticos, estaban incorporados en gran medida, a la constitución nacional. Los derechos Económicos, Sociales y Culturales, podían recuperarse del artículo 14 bis de la Constitución. Pero con un plano muy débil de incidencia sobre la estructura institucional de la democracia. Por lo tanto, no se puede decir que no existía un germen generacional que estaba interpretando que había un nuevo universo que atender, que era el reconocimiento de los derechos humanos en su integralidad.

-Usted señala que es difícil imaginar la vida democrática, desconociendo los derechos individuales y colectivos. ¿Esta afirmación ya no es materia de debate en los países europeos con dilatada cultura democrática?.

La mayoría de los países del mundo occidental y también el oriental han incorporado los tratados de Derechos Humanos. No lo han hecho como un decorativo jurídico, sino porque sus sociedades fueron madurando en la necesidad de contar con estos instrumentos normativos. Sin embargo, en sociedades altamente desarrolladas, industrializadas, con niveles educativos muy altos, emergen periódicamente situaciones que  no se compadecen con el desarrollo cultural de DDHH. Tal vez el ejemplo más sencillo de explicar esto, es el comportamiento que han tenido varios países europeos respecto de las corrientes migratorias que tuvieron al Mediterráneo casi como un cementerio y que a miles de personas le fue negado lo básico de lo humanitario, que es la protección de la vida. De todas maneras, surgieron dentro de esas sociedades sectores que confrontaron con esa conducta, porque persiste una condición cultural que no se la puede borrar fácilmente.

-Habla de una memoria social, producto de un trabajo cultural en la formación de DDHH. ¿Qué rol le cabe a la Universidad en esa tarea?.

Es sumamente relevante. La universidad ha sido necesariamente victima cuando se conculcaron derechos, y es pionera cuando se recuperan derechos. En particular cuando la UNNE aprueba la Creación de la Cátedra Libre de Derechos Humanos y Participación Ciudadana, es porque está dando una señala académica, no solamente un espacio técnico. Compromete la formación de los distintos estamentos de una sociedad en  una cultura universal que son precisamente los DDHH. La reafirmación de esta política bajo la actual Rectora María Delfina Veiravé, abre la posibilidad de ir consolidando espacios. 

-¿Qué tanto confrontan los modelos políticos económicos con los DDHH y la democracia?.

Es cierto que para algunos modelos económicos sociales, el enfoque de derecho no le resulta amigable, por prejucio, por desconocimiento, porque temen que la construcción de los derechos impida la realización de los proyectos económicos, se equivocan. No solo se equivocan, van a contramano de la historia. En este sentido el norte de una sociedad no es una educación mercantilista, sino una basada en derechos.